El YouTube de Jordi El Niño Polla es lo que el porno necesitaba

Con solo 7 vídeos Jordi ENP tiene 1.457.000 subscriptores, convirtiéndose en una estrella ascendente dentro de YouTube.

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nov. 27 2017, 8:02am

Cuando hace unas semanas vimos por primera vez el canal de YouTube de Jordi El Niño Polla no nos lo podíamos creer. Jordi El Niño Polla es el actor porno español con más proyección internacional de los últimos años y, de hecho, ahora mismo está entre los primeros en el mundo tras haber firmado con Brazzers. Sobre él y el fenómeno que abandera dentro del porno mundial (el de los actores con cara y cuerpo de niño) hemos escrito varias veces. De hecho Jordi —su nombre real es Ángel— es uno de los personajes más apreciados por algunos de la redacción.

Yo no veo porno, nunca he visto un vídeo suyo, tampoco soy de seguir a youtubers y sin embargo, estoy enganchado a Jordi ENP, que así es como se llama el canal de Jordi, como me enganché a First Dates y a tantas otras obras en las que se manifiesta la extraña maravilla de lo humano.


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Si le apreciamos es por las mismas cosas que hacen que su canal de YouTube enganche a millones de personas cada semana: porque es real y directo. No le da vueltas a las cosas, no intenta hacer metafísica del porno ni enrevesar innecesariamente las cosas.

En un mundo en el que parece que todo el mundo quiere ser algo que no es, Jordi solo quiere ser lo que es: un chaval de 23 años al que pagan por follar con mujeres a las que antes solo veía desde el otro lado de la pantalla de un ordenador. Es algo así como American Pie convertida en un reality que se emite en YouTube y protagonizado por un actor porno que además es de Ciudad Real.

En sus primeros dos vídeos, las cosas parecen un poco forzadas, uno incluso piensa en más de una ocasión que todo está preparado para darle al personaje ese aire de chaval castellano sencillo que vive, literalmente, para follar

Pero claro, tampoco queríamos lanzarnos de cabeza antes de tiempo. En sus primeros dos vídeos, las cosas parecen un poco forzadas, uno incluso piensa en más de una ocasión que todo está preparado para darle al personaje ese aire de chaval castellano sencillo que vive, literalmente, para follar, mientras sigue metido en casa de sus padres y su madre le prepara Colacaos sorprendentemente cargados de azúcar antes de irse a grabar unas escenas a Barcelona —algo que parece darle la razón a esas teorías de que el porno y el azúcar van de la mano y afectan de forma parecida al cerebro humano.

El grito en primer plano pidiéndole a su madre el Colacao, la conversación sobre el ya mencionado azúcar, el cameo de la madre limpiando mientras él habla a sus “niños pollers”, etc., o los montajes que parecen imitar el estilo que las próximas generaciones de historiadores del arte estudiarán bajo el nombre de “costumbrismo pop hipérbolico youtuber”, con esos efectos visuales y sonoros tan manidos no hacen sino que exacerbar esa sensación de impostura. De que Jordi el niño polla, nuestro Jordi, no está intentando vender un producto más. Un producto que ya no es su descomunal pene y su edad eternamente falseada, sino que ahora es su vida.

Pero, conforme avanza el vídeo, hay momentos que nos hacen dudar, momentos de evidente incomodidad, como cuando una de las actrices con las que ha compartido escena responde de forma claramente antipática a sus preguntas, dando lugar a uno de los momentos más incómodos (y por lo tanto, graciosos) del vídeo.

Se podría decir que todo lo que aparece en Jordi ENP es un regalo para sus fans. Esas hordas de millones y millones de pajilleros a las que les debe su éxito

El montaje, como si se tratase de los magníficos montajes que nos engancharon a ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Un príncipe para Corina, etcétera, solo hace que reforzar ese momento incómodo, de forma además autoparódica, como si Jordi estuviese asumiendo y multiplicando el fracaso de la entrevista porque, al fin y al cabo, se lo está regalando a sus “niños pollers”. Se podría decir que todo lo que aparece en Jordi ENP es un regalo para sus fans. Esas hordas de millones y millones de pajilleros a las que les debe su éxito.

Es ese intento de forzar las cosas, de forzarse a encajar en lo que YouTube espera de él lo que da a pie a esos momentos: intentar que salga bien sale tan mal que sale bien, sobre todo por la forma en la que lo sabe encajar todo.

Hay momentos extraños como el primer minuto y medio de su vídeo en directo en el que lo único que aparece en pantalla es un jevi tocando la guitarra mientras él y Jimena Lago le miran sin decir nada, medio riéndose medio flipándolo, que es de la misma forma en la que nosotros miramos su canal de YouTube, algo casi como metayoutube.

De hecho, el directo, en general, no es bueno para los estándares youtubers. Hay lag, se oye mal, y lo mejor de todo es que no tiene ningún tipo de ritmo. Es como una de esas películas artísticas, o esas películas malas que se convierten en arte, como The Room, en la que el atractivo es lo tremendamente incómodo e inconexo que es todo. De hecho parece como si cada cierto tiempo alguien les dijese lo que tienen que hacer porque no tienen ni las más remota idea. Solo hay soltura cuando hablan de azúcar y Colacao.

Es fascinante y maravilloso que dos personas que se pasan el día follando delante de la cámara —algo que en teoría es íntimo, da corte, etc.— tengan tan poca soltura para hacer cualquier otra cosa delante de ella. Supongo que así somos los humanos: frágiles y sexuales.

Hay otros que son auténticamente genuinos, pura mierda sin cortar posadolescente, como cuando Jordi con sus amigos —todos y cada uno de los cuales viste chandal y se le conoce únicamente por su mote— pillándose un pedo como si tuviesen 15 años, comiendo pizza cuatro quesos del Mercadona, jugando al FIFA y bailando maquinote de mañaneo. Hay también momentos sexuales, claro, al fin y al cabo es actor porno, pero siempre se mueven dentro de ese entrañable humor de pajillero prepúber, como cuando Jordi, sin camiseta, se folla al sofá de sus padres para enseñarnos sus movimientos en el mismo vídeo.

Jordi ENP es una ventana a su vida. Lo que vemos en ella nos gustará más o menos, pero es lo que hay: vive como si fuese un crío, en su ciudad de toda la vida, con sus amigos de toda la vida mientras folla por dinero alrededor de todo el globo terráqueo, no hay más, ¿pero quién le pide más? El canal de Jordi consigue que el porno sea profano en una época en la que parece algo sagrado, le quita todo el glamour y toda la profundidad, es al porno lo que el chiste del perro Mistetas es al humor inteligente.

¿Es esto malo? El filósofo Ernesto Castro escribió —irónicamente o no— que el hecho de que Jordi ENP tuviese ese éxito inmediato y rotundo pasando por encima de Amarna Miller —quien también viene del mundo porno, está en YouTube y, en opinión de Castro, crea mejor contenido que Jordi— era una representación, o un efecto, o un ejemplo —tampoco lo tengo muy claro— del patriarcado.

Quizás es que Jordi y Amarna son personas diferentes con vidas diferentes que apelan a un tipo de persona diferente. Quizás es que por muchas vueltas que se le quiera dar al asunto, el porno al final es una industria que vive de Jordis, de “niños pollers”, de pajilleros estándar cuyas vidas se van a parecer más a las de este chaval de La Mancha —echando unas partidas al FIFA con los colegas de toda la vida, viviendo en casa de sus padres, etc.— que a las de una mujer que viaja por el mundo y habla de viajes lisérgicos y poliamor.

Quizás Jordi es una persona con la que capas más amplias de la población se pueden sentir identificadas a pesar de que no compartan su "dura vida" se ha convertido en un modelo de éxito: joven en paro, barrial, que acaba triunfando. Quizás, a fin de cuentas, es que a Jordi El Niño Polla pasa de todo y no pretende ser más que Ángel, de la Mancha.

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