Género

Cómo participan las iglesias evangélicas en la política argentina

Hablamos con representantes que nos cuentan cómo la iglesia evangélica está teniendo cada vez más poder dentro de América Latina, Argentina y el congreso de la nación
23.8.18
Fotos por Nolan Rada

Artículo publicado por VICE Argentina

“Hay gente que se va al infierno ahora. Y muchos de los que se van al infierno llevan pañuelo verde”, dice el pastor Jorge desde arriba del escenario de lo que alguna vez fue el cine Cuyo en el barrio porteño de Boedo. “Hablando con una de las personas más poderosas de la Argentina, cuando empezó todo esto, le dije que se había despertado un monstruo diabólico que estaba dormido. Los fundamentalistas del aborto estaban esperando a que se abra ese debate. Pero lo que nadie calculó es que junto con eso se despertó un gigante mucho mayor que es la Iglesia de Jesucristo”. El pastor es interrumpido por los aplausos de los fieles que no llenan ni la mitad del auditorio. Dos varones se abrazan. Una mujer mira al techo y levanta los brazos con las palmas pegadas apuntando al cielo. Desde la primera fila, otra mujer mucho más joven grita, alza su puño derecho enfundado en un pañuelo celeste, le da gracias a Dios por el resultado de la votación en el Congreso.

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A dos semanas del rechazo al proyecto de legalización del aborto en Argentina, la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas —una organización que nuclea a más de 15.000 congregaciones de este tipo en el país— convocó a pastores y líderes religiosos a un encuentro “para dar gracias al Señor por su favor ante la no aprobación de la ley de aborto en el Senado”.

También a una semana del rechazo al proyecto murió la primera mujer a causa de un aborto clandestino. Elizabeth tenía 34 años, era madre de un nene y llegó a la guardia de un hospital público después de dos días internación por intentar interrumpir un embarazo con un tallo de perejil que le terminó comiendo el útero.

Si durante el debate por la legalización del aborto la Iglesia católica mostró su capacidad de influencia dentro del recinto y con los poderes políticos provinciales, las Iglesias evangélicas lo hicieron afuera, en las calles. El día de la votación, una columna de fieles bordeó uno de los laterales del Congreso con banderas argentinas, pañuelos celestes y el famoso bebito gigante. Cuatro días antes, más de medio millón de fieles se concentraron en el Obelisco bajo lema “Salvemos las dos vidas”.

Walter Ghione, pastor del Movimiento Pentecostal y candidato a diputado por Santa Fe en las últimas legislativas, dijo a VICE “los evangélicos tenemos una participación constante en la calle pero siempre fuimos muy moderados en las acciones. Nos gusta decir que somos activistas silenciosos. Pero con el tema del aborto, la Iglesia reaccionó y salió a la calle a decir no.

El despliegue evangélico en el espacio público encuentra su antecede en el debate por la reforma constitucional de 1994 y toma fuerza hacia fines de la década del 90. Las Iglesias evangélicas comenzaron a hacerse visibles en plena crisis del 2001. “En diciembre 1999 llenaron el Obelisco. Dos años después lo volvieron a hacer en medio de un reclamo por un proyecto de ley de Cultos. Durante la presidencia de Eduardo Duhalde, en plena crisis política y social, llegaron a participar en las mesas de diálogo con el gobierno que les terminó por dar mucha legitimidad como institución religiosa”, explica el investigador en temas de política y religión del CONICET, Marcos Carbonelli.


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Desde el atril, el pastor Jorge alienta a los fieles. “La Iglesia hace mucho ruido hacia adentro pero poco hacia afuera. Y eso está cambiando. Fuimos influencia específica para que una ley de muerte no se apruebe. Gloria a Dios por eso.”

En Argentina, el 76 por ciento de las personas se definen como católicos, mientras que el 9 por ciento son evangélicos. Aunque los católicos siguen siendo mayoría, el número de evangélicos crece entre los adultos más jóvenes. El mayor porcentaje de fieles está entre las personas de 45 a 64 años, mientras en los católicos se concentran entre aquellos que superan los 65 años, según los datos que se desprenden de la Primera Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina.

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En América Latina buena parte del crecimiento de los fieles tiene que ver con la conversión del catolicismo a las Iglesias evangélicas. Según el informe sobre Religión en América Latina publicado por Pew Research Center, al menos un tercio de los evangélicos actuales fueron criados en la Iglesia católica y la mitad o más dicen haber sido bautizados como católicos. Los pastores son conscientes de que cada vez representan a un número mayor de fieles. “Se ha despertado una consciencia nueva, una nueva generación de fieles y es necesario que la Iglesia evangélica asuma un rol protagónico”, dice Ghione.

En Argentina, por primera vez en la historia un pastor evangélico ocupa una banca en Diputados. Se trata del oficialista David Schleret que entró a la política hace cinco años cuando todavía era presidente de la Asociación Mutualista Evangélica Neuquina y llegó al Congreso hace poco menos de un año. Desde el gobierno le ponen fichas para que dispute la gobernación. Él se muestra ambicioso pero prudente. Sabe que para concretar esa idea necesita tiempo. De llegar a esta instancia se convertiría en el primer pastor evangélico en estar al frente del control político de una provincia.

Schleret recibe a VICE en su despacho en el Congreso, “tenemos vocación y aspiración de ser gobierno en la provincia. Para eso estoy trabajando en el armado de equipos y en nuestra plataforma de gobierno para el 2019”. También reconoce que, aún sin ser pastora, la diputada Cynthia Hotton —principal opositora a la ley de matrimonio igualitario— fue la primera en representar los “valores evangélicos” en el recinto.


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En la Cámara baja son al menos tres los diputados que se identifican como evangélicos. Entre ellos existe una división tácita. De un lado, los que llegan de la Iglesia a la política. Del otro, los que desde la política se vuelcan a la religión. Entre los primeros el diputado Schleret. Entre los segundos, la diputada peronista Alicia Soraire y el ultraconservador Alfredo Olmedo, el hombre de campera amarilla que lleva clavado un pin de Donald Trump y que en su discurso sobre el aborto en el Congreso dijo que “si sale la ley, pido un cementerio para las víctimas del aborto. Tendrán que cremar a los chicos para que nadie haga negocio con un niño muerto o por nacer”. Todos ellos, sin distinciones, votaron en contra del proyecto.

Schleret es mucho más cauteloso en su discurso que Olmedo. Conoce bien el manejo de las palabras y busca interpelar a muchos más electores que a los fieles. Sobre la concentración en el Obelisco piensa que fue “una reacción natural a la decadencia que estamos viendo en nuestro país” y no se sorprendió por su dimensión. “Estamos organizados. Hemos tomado la decisión de organizarnos. No sólo somos evangélicos cristianos, somos ciudadanos. Y vamos a ejercer nuestros derechos como ciudadanos” sostiene.

El cruce entre política y fe también llegó a la Cámara alta. Se trata de la senadora evangélica por el Movimiento Popular Fueguino Miriam Boyadjian, quien a comienzos de año pasó de integrar el interbloque Unidos por Una Nueva Argentina (UNA) —alineado con el líder del Frente Renovador Sergio Massa— al bloque oficialista de Cambiemos. En su discurso sobre el aborto llamó la atención cuando dijo que el proyecto tenía “muchos vicios” y se preguntó si con su aprobación “dejaremos que sea ley la posibilidad de practicar un aborto durante los 9 meses o hasta incluso un día anterior al nacimiento”. Boyadjian y Schleret son los únicos representantes en el Legislativo que fueron mencionados en el encuentro religioso de Boedo.

No es casualidad que aquellos que llegan de la religión a la política vengan de provincias del sur del país donde el porcentaje de evangélicos duplica al resto del territorio. En la región patagónica llegan a representar el 21 por ciento de los fieles, mientras en el noroeste argentino no superan el cuatro por ciento frente a más del 90 por ciento de católicos, según los datos de la Primera Encuesta sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina.

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El caso argentino en América Latina

América Latina concentra casi a la mitad del total de la población católica del mundo. Sin embargo, la identificación con el catolicismo ha disminuido en los últimos años, en gran parte, por la conversión religiosa a las Iglesias evangélicas.

En Costa Rica un pastor disputó la segunda vuelta electoral a comienzos de año. En Venezuela, el país más polarizado de la región, fue el pastor Javier Bertucci quien consiguió el tercer lugar en las últimas presidenciales. En Colombia, la participación de sectores del movimiento evangélico a favor del ala dura de Álvaro Uribe en rechazo al acuerdo de paz también dieron muestras de este fenómeno.

Sin embargo, el caso de Brasil se destaca del resto. En este país representan al menos el 26 por ciento de los fieles, controlan un poco menos del 20 por ciento del total del Congreso con sus 89 bancas y lograron imponerse en importantes ciudades como Río de Janeiro, gobernada por el pastor de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Marcelo Crivella. En 2016, según datos de la periodista Lamia Oualalou, autora del libro Jesús te ama, la ola evangélica, creció un 25 por ciento la cantidad de pastores y líderes evangélicos que se postularon a los cargos electivos comparado con las elecciones anteriores. Para 2018, los evangélicos pretenden alcanzar los 150 diputados.

Para las elecciones de octubre en Brasil, “todos los candidatos le hicieron la Corte a los evangélicos. Pero es importante saber que si bien cuentan con un partido propio —el Partido Republicano Brasileño (PRB)— no se presentan como bloque homogéneo. No están todos juntos sino que articulan con los distintos partidos”, dice Oualalou a VICE.

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Marina Silva, candidata por tercera vez a la presidencia de Brasil, aunque elige no priorizar la religión en su armado político es miembro de la congregación pentecostal Asambleas de Dios. El militarista Jair Bolsonaro no es evangélico pero se mostró cerca de este sector durante destitución de Dilma Rousseff. En ese momento, Bolsonaro decidió viajar a Israel para ser bautizado. Fue acompañado del candidato a la presidencia de Brasil en 2014 el pastor Everaldo Pereira, que lo tomó de las manos y lo hizo zambullirse de espaldas, vestido con una túnica blanca, en las aguas del río Jordán.

¿Cuántas posibilidades existen de que en Argentina pase algo similar al fenómeno de Brasil? Según los especialistas, pocas. Para Oualalou, “las diferencias con el sistema electoral brasileño hacen que los evangélicos en Argentina no tengan tanta influencia en el Congreso como sí tienen en Brasil. Igualmente, creo que su peso social está en crecimiento”. Brasil, a diferencia de Argentina, tiene un sistema electoral proporcional de lista abierta en una sola vuelta facilita la representación de líderes regionales sin necesidad de estructuras partidarias fuertes a nivel nacional. Esto quiere decir que si el candidato que encabeza alcanza un gran número de votos habilita el ingreso de varios de su lista sin mayores dificultades.


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Por otro lado, Argentina conserva una fuerte identificación con las estructuras políticas tradicionales que siguen primando por sobre las pertenencias religiosas. A su vez, en muchos casos la elección en el cuarto oscuro termina siendo definida más por el bolsillo que por la fe. “En Argentina la decisión de los electores va cambiando. Se impone una decisión que tiene más que ver con la coyuntura, con cómo me va en el día a día, que con una cuestión más estructural vinculada a las creencias religiosas. En este país existe una distorsión todavía muy marcada entre partencia religiosa y conducta electoral. Todavía son pocos los que construyen su experiencia política en base a su creencia religiosa”, dice Marcos Carbonelli.

En términos de agenda, los líderes evangélicos han crecido a la par de la expansión de las demandas del movimiento feminista en quienes encuentran un claro oponente. Los pastores coinciden en que su acción dentro de la esfera pública tiene más que ver con una reacción ante el avance de lo que ellos llaman “ideología de género” que con una agenda positiva. Esto quiere decir que se mueven nucleados en oposición al reconocimiento de medidas como el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la posibilidad de adoptar hijos, la legalización del aborto y en contra a toda iniciativa de educación sexual que incluya la tolerancia y el reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTI.

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“Debemos ser una alternativa. No solamente un no al aborto sino un acá también hay una opción. Y no hablo sólo del aborto sino de todas esas áreas donde el diablo se está desplegando en la sociedad”, predica el pastor Jorge.

Los evangélicos en la política argentina

Si bien la influencia de las Iglesias evangélicas en la política argentina es todavía incipiente, es innegable que vienen en crecimiento. “Los evangélicos vamos madurando la necesidad de participar de ámbitos en los que por mucho tiempo, por decisión u omisión, no estuvimos presentes. Pero definitivamente tenemos ahora una gran motivación de empezar a participar frente al desastre que vemos en la política argentina”, sostiene Schleret.

Entre los líderes religiosos creen que el proceso se ha acelerado en este último tiempo y, si bien tienen aspiraciones de llegar a los 20 diputados en el Congreso en las próximas elecciones, muchos de ellos sostienen que todavía no están dadas las condiciones para avanzar con un frente electoral propio.

En 1994, en Argentina existió una experiencia de partido evangélico pero los resultados no fueron buenos. Por ahora la apuesta de los líderes religiosos es formar alianzas electorales con partidos de alcance nacional, principalmente entre las filas del oficialismo en donde encuentran mayor recepción, sin por eso dejar de construir pequeños espacios políticos propios de alcance local que les permita trabajar en la construcción del “voto evangélico” que, al menos por ahora, no existe en este país.

Al igual que en durante la reforma del 1994 y el tratamiento de la ley de Cultos de comienzos de siglo, las Iglesias evangélicas han decidido demostrar su capacidad de influencia en los asuntos públicos con su activismo religioso en contra de la legalización del aborto. El proyecto perdió en el Senado pero ganó en las calles. El movimiento de mujeres logró la despenalización social del aborto en el momento en que corrió el manto de oscurantismo que teñía el tema. Hoy en día cualquier persona que haya seguido el debate sabe que se producen en promedio unos 40 abortos clandestinos por hora y que unas 50 mil mujeres son internadas cada año por complicaciones. Los líderes evangélicos también lo saben y sin embargo no dudaron en desplegar todo su activismo silencioso en las calles para frenar la iniciativa. “Esto ha sido simplemente una batalla. Viene por delante mucho más”, dice el pastor Jorge ante los fieles que lo escuchan atentos.

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