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Guía del estudiante

Cómo es ser la primera persona de la familia en ir a la universidad

El salto a la universidad puede llegar a ser abrumador cuando en la familia no tienes a nadie que pueda aconsejarte.

por Bo Hanna
24 Septiembre 2018, 3:45am

All photos courtesy of the interviewees.

Si tienes la suerte de haber crecido en un hogar económicamente estable y de que tus padres o hermanos mayores hayan ido a la universidad, tus opciones por lo general serán muy sencillas: o empiezas directamente a estudiar una carrera o te cuelgas una mochila a la espalda y te vas a explorar algún continente lejano y luego, cuando vuelvas a casa y te recuperes de las diarreas que habráss pillado por comer alimentos en mal estado, te pones con los estudios.

La cosa no es tan fácil si nadie en tu familia ha ido a la universidad. Por muchas razones —a menudo económicas y sociales—, los estudios universitarios no resultan una opción sencilla cuando nadie de tu entorno familiar tiene experiencia en ese mundillo para echarte un cable con los numerosos obstáculos que te puedes encontrar.

Hablamos con cuatro universitarios para que nos contaran cómo es eso de ser el primero de la familia en ir a la universidad y qué consejos darían a otros estudiantes que se encuentren en la misma situación que una vez vivieron ellos.

Amber La Pol, 22, Criminología

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VICE: Hola, Amber. ¿Cómo recibieron en tu familia la noticia de que ibas a estudiar una carrera?
Amber: Al principio se sintieron orgullosos; no paraban de alardear de mí y de exhibirme como si fuera un trofeo. Por otro lado, mi padre no entendía por qué no estudié una profesión al acabar el instituto, en lugar de matricularme en Criminología.

¿Crees que los estudiantes que venían de familias en las que alguien había ido a la universidad tenían ventaja respecto a ti?
Totalmente. Tardé un año en enterarme de que había préstamos para estudiantes. Nadie me lo había dicho y yo estaba muy ocupada con mi trabajo a media jornada. A una de mis amigas la ayudaban sus padres, por ejemplo, corrigiéndole los trabajos, mientras que yo tenía que ir a tutorías extra para seguir el ritmo.

Como mujer de color en una sociedad de blancos, también me di cuenta de que, para llegar adonde quería, tenía que correr más rápido que los demás.

¿Consideras que el tener que demostrarle a tu familia lo que vales suponía una presión añadida?
Sí, sin duda. Mi madre y yo discutíamos mucho porque muchas veces me presionaba para que mejorara. Los sobresalientes y notables no eran suficientes para ella; para hacerla feliz, como mínimo tenía que sacar matrícula y luego dos másteres y un doctorado. Según ella, me tenía que desvivir por los estudios, y eso me estresaba mucho. Llegó un momento en que tuve que decírselo y, por suerte, sirvió de algo.

¿Puedes hablar con tu familia sobre tus estudios?
No, no entienden el campo en el que he decidido especializarme. Lo que sí sé es que quieren lo mejor para mí.

Nur Can, 28, Psicología

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VICE: ¿Qué le pareció a tu familia que decidieras ir a la universidad?
Nur: Vengo de una familia turca muy tradicional y conservadora, y yo fui la primera en ir a la universidad. Además, como mujer, el reto era todavía mayor. Obviamente, mis padres se sintieron muy orgullosos de mí. Para ellos, el hecho de que me matriculara en la uni fue una bendición y daba reputación a la familia.

Por otra parte, varios familiares me criticaron porque no les parecía bien que una joven soltera abandonara el hogar. Sobre todo les hacía muy poca gracia que me fuera a vivir a una residencia de estudiantes. La imagen estereotipada de la vida estudiantil —fiesta, alcohol, fraternidades, etc.— es justamente lo opuesto al sistema de valores tradicionales turcos. Mis padres me pidieron que no le contara a mi familia que me había mudado de casa para estudiar.

¿Cómo te hizo sentir aquello?
Me sentí culpable y a veces hasta avergonzada. Llegó un momento en que de verdad creí que la vida que llevaba no era apropiada. No era fácil lidiar con el choque cultural. La verdad es que me relajé durante esa etapa y acabé viviendo dos realidades muy distintas: una como estudiante y otra con mi familia, en casa.

¿Te sentías presionada a demostrar tu valía?
Sí, sin duda me sentía un poco obligada a sacar buenas notas, principalmente porque tenía miedo de que, si suspendía, ciertas personas de mi entorno empezaran a decir que ya sabían que eso pasaría. Por eso quería demostrarles que se equivocaban y que una mujer puede ir a la universidad y sacarse una carrera. También quería que mis padres se sintieran orgullosos del sacrificio que hicieron por nosotras mudándose a los Países Bajos para que tuviéramos más oportunidades.

¿Tus padres te entienden mejor ahora?
Bueno, no siempre. Una vez, cuando vivía en una pequeña habitación en Ámsterdam, mi madre vino a visitarme y me dijo que no entendía por qué había alquilado un espacio tan pequeño. En aquel entonces ya tenía un máster, pero a ella no le cabía en la cabeza que quisiera vivir ahí y que no me hubiera casado todavía.

¿Tenías la sensación de que los compañeros cuyos padres habían estudiado estaban en una posición de ventaja respecto a ti?
Absolutamente. Ya en el colegio, en las reuniones de los profesores con los padres, yo tenía que hacer siempre de intérprete de mis padres. Luego, en la universidad, tuve que hacerlo todo yo sola, como averiguar cómo funcionan los préstamos para estudiantes. Todos mis compañeros de clase parecían saber esas cosas porque sus padres les habían ayudado.

Otro ejemplo: cuando me mudé a mi propio piso, no contraté un seguro de contenido porque nadie me dijo que era lo más conveniente. Ahora que ya sé cómo van estos temas, puedo ayudar a mis hermanos pequeños a pedir sus préstamos, a matricularse en las clases, etc.

¿Tienes algún consejo para otros jóvenes que deban pasar por esto?
Si algo he aprendido es que da igual lo que hagas, al final siempre habrá gente que te juzgue si te sales de la norma. Me di cuenta de que mi familia dejó de influir tanto en mis decisiones cuando me mostré más firme y confiada con ellas. Así que lo mejor es hacer lo que creas, enorgullecerte de tus decisiones y no llevar una doble vida. La única persona a la que tienes que hacer sentir orgullosa eres tú.

Tessa Bosma, 28, Moda

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VICE: ¿Cómo se tomó tu familia tu decisión de ir a la universidad?
Tessa: Se sintieron muy orgullosos. Vengo de una pequeña ciudad en la que la gente no da por sentado que vas a ir a la universidad. Muchos de los vecinos acaban trabajando en el negocio familiar y viviendo con sus parejas. Aunque mis padres se alegraron mucho por mí, muchos en mi ciudad cuestionaron mi decisión de irme a Ámsterdam a estudiar Moda en lugar de optar por lo que ellos consideraban una profesión más segura, como la de médico o piloto.

¿Crees que los estudiantes que venían de familias en las que algún miembro había ido ya a la uni lo tenían más fácil que tú?
Desde el punto de vista práctico, sí. Veía que había alumnos que entendían mejor cómo funcionaba el sistema, sobre todo en lo relacionado con las ayudas económicas. Yo tuve que buscarme la vida sola. Mis padres intentaron ayudarme, pero para ellos también era todo nuevo. No podía acudir a ellos para consultarles cosas de determinadas clases.

Además, los padres de mis compañeros normalmente tenían sueldos más altos porque habían ido a la universidad y podían pagarles una parte de la matrícula, mientras que yo no me podía permitir ir a ningún viaje organizado ni apuntarme a según qué clubs, así que me centré en los estudios.

¿Te sentiste muy presionada para demostrar lo que valías?
Sentí esa presión después de graduarme; quería demostrar que mi carrera valía para algo. Por suerte, ahora trabajo en Viktor & Rolf, pero lo mío me ha costado.

Haseeb Azizi, 24, Gestión y Dirección de Empresas Internacionales

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VICE: ¿Qué le pareció a tu familia que fueras a la universidad?
Azizi: Mis padres estaban superorgullosos de que fuera a la universidad. Crecí en un barrio de Ámsterdam llamado Baarsjes, donde ningún chico de mi edad fue por el buen camino. Muchos se pasaban el día por la calle, fumando hierba. Mi madre es de Pakistán y mi padre, de Afganistán. De pequeños, siempre nos recordaban que se habían mudado a los Países Bajos por nosotros y que teníamos que aprovechar todas las oportunidades que se presentaran.

¿Sentías una presión añadida por eso?
No necesariamente. Era más bien la presión de la sociedad para que demostrara lo que valgo porque, como inmigrante, tuve que currármelo más para conseguir las cosas. Mis padres no se involucraron en mi vida universitaria, así que para mí la sensación era como la de estar viviendo en dos mundos distintos. Si tenía problemas relacionados con los estudios, me los guardaba para mí. Eso hacía que me sintiera un poco solo porque veía que mis padres no entendían por todo lo que estaba pasando.

¿Crees que el hecho de tener a alguien en la familia que haya ido a la uni supone una ventaja?
Sí, pero esto ya lo sentí en el instituto. Yo fui a un instituto de formación profesional y siempre saqué buenas notas, pero a diferencia de mis compañeros de clase, mis padres no sabían cómo luchar en mi nombre para que fuera a un centro mejor. No conocían muy bien el sistema educativo de este país y yo me di cuenta de que no me daban los mismos consejos que a los demás ni me ayudaban tanto a la hora de elegir una carrera y de rellenar las solicitudes.

Cuando llegó el momento de hacer las prácticas, me di cuenta de que no tenía muchas posibilidades en los Países Bajos. A veces, mis compañeros conseguían hacer prácticas a través de amigos de la familia o de parientes. Yo me sentía en desventaja por mi apellido y mi condición de inmigrante. Siempre he tenido que trabajar más por todo.

¿Consideras que tu familia entendía lo que estabas estudiando?
He estudiado Gestión y Dirección de Empresas Internacionales. Eso significa que en las reuniones familiares siempre tenía que explicar con pelos y señales en qué consistía porque no entendían qué salida profesional tiene. Siempre me preguntaban que por qué no había estudiado Medicina, Derecho o alguna ingeniería.

¿Tienes algún consejo para los primeros de sus familias en ir a la uni?
Que busquen a alguien cercano que les pueda aconsejar y que no duden en usar internet para buscar cosas. Ahora yo estoy ayudando a mi hermano pequeño para que no tenga que enfrentarse a los mismos obstáculos que yo me encontré.