Fotos de madres adolescentes de Tanzania y sus bebés
Eva Paulo, who was married at 14 and gave birth at 17. All photos by Joseph Were
Identidad

Fotos de madres adolescentes de Tanzania y sus bebés

En Tanzania es tradición que las muchachas se casen antes de los 18 años y durante el parto es habitual que carezcan de acceso a cesáreas y tratamientos médicos que podrían salvarles la vida.
15.4.16

Eva Paulo quería ser sastre cuando fuera mayor. Cuando me encuentro con ella lleva un vestido rosa largo hasta el suelo, del tipo que las adolescentes norteamericanas llevan a sus bailes de graduación, con una larga cola que arrastra tras de sí sobre el polvo. Lo ha confeccionado ella misma y hace las veces de sedoso recordatorio de lo que se ha perdido en la vida. Como muchas jóvenes de las zonas rurales de Tanzania, la mayor ambición de esta muchacha de 17 años de edad es ahora sobrevivir.

Casada a los 14 años y divorciada de facto tres años más tarde, Paulo es madre soltera de un bebé de tres meses. Su marido la repudió, de modo que ahora dependen de uno de sus tíos para poder alimentarse y tener un techo donde cobijarse. Desde entonces ha logrado mucho, entre otras cosas sobrevivir al parto, la principal causa de muerte en todo el mundo para las mujeres de entre 15 y 19 años. Tiene suerte de vivir cerca de Uteshu, donde la principal organización benéfica de atención sanitaria de África, Amref Health Africa, ha reparado las instalaciones para garantizar que las mujeres tengan acceso a cesáreas, cuidados prenatales y clínicas para el tratamiento del VIH.

Paulo es la única mujer que me encuentro durante toda una semana de viaje por la región Shinyanga de Tanzania que llora mientras me cuenta su historia. La injusticia de su abandono es demasiado para ella. "No llores, no llores", dice nuestra traductora. Yo no la consuelo, porque parece contenta de poder hablar. "No es que quiera que vuelva mi marido", explica, "no quiero, pero es difícil vivir sola. Criar a un bebé en este entorno, en estas condiciones, resulta duro para cualquiera".

Aunque las prácticas van cambiando, en Tanzania es muy común que los niños se casen antes de los dieciocho años. "Éramos demasiado jóvenes para hacer que nuestro matrimonio funcionara", me cuenta Paulo. Las mujeres tanzanas comienzan a tener hijos a los 19 años, el acceso a los anticonceptivos resulta muy difícil y supone recorrer largas distancias a pie hasta llegar a los centros de salud. Además, hay una falta total de dispensarios en la zona. Muchos maridos y suegros tienen la última palabra en lo que respecta al futuro reproductivo de las mujeres jóvenes y a menudo se niegan a que reciban un servicio de planificación familiar.

En Uteshu me encuentro con tres chicas de 15 años, todas ellas recuperándose de una cesárea de urgencia que fue preciso practicarles porque sufrían daños en la pelvis debido a la desnutrición. Sus voces suenan como las de niñas de primaria cuando reproduzco lo grabado con mi dictáfono. Una muchacha llamada George me dice que le gusta ser madre a pesar del dolor que le provoca la cicatriz que cruza su vientre, pero quiere esperar un tiempo antes de tener otro hijo, aunque sabe que lo más probable es que esté de vuelta aquí el año que viene.

Pili Paulo, de veinte años, y su bebé Maryam de cuatro semanas en el pueblo de Mbiki

En el pueblo de Mbiki, Zena Bakari me dice que tuvo su primer bebé a los 19 y afirma que, ocasionalmente, todavía sigue habiendo cierta reticencia a apartarse de las prácticas tradicionales de alumbramiento. Hace poco un hechicero le dijo a una amiga suya embarazada que ella y su bebé morirían si se sometía a una cesárea.

Cuando la mujer comenzó con el parto se vio que iba a ser muy problemático, de modo que los médicos y las enfermeras trataron de convencerla de que se sometiera a una cesárea. Ella se negó. En lugar de ello, se marchó caminando a casa y fue a la iglesia. "Todo el mundo rezó por ella", dice Bakari. "Durante la noche los dolores comenzaron de nuevo y regresó al hospital. Volvió a negarse a someterse a la cesárea y ella y su bebé fallecieron".

Joanne Charles, de 21 años, con su madre y su bebé de tres meses Separatus Julius en el exterior de su casa de barro y paja en el pueblo de Mbiki, Tanzania

Se considera que el acceso a la educación es la clave para lograr el progreso de la salud reproductiva e infantil. Actualmente los niños están obligados por ley a asistir a la escuela desde los siete a los quince años, aunque entre el 15 % y el 20 % de ellos no lo hace. Muchas familias siguen viendo una ventaja financiera en el hecho de casar a sus hijas cuando son muy jóvenes. Algunas muchachas tienen el valor de una recompensa financiera sustanciosa, por ejemplo, las chicas más jóvenes de piel más clara y pechos más firmes pueden hacer que sus familias obtengan hasta 40 vacas. Este ganado puede intercambiarse por harina de maíz si se pierde la cosecha familiar y también puede emplearse para pagar las dotes de sus hijos varones.

Eva tiene como objetivo conseguir algo más para su hija. "Intento no tener sueños para mí misma sino para mi hija. Lo que más me gustaría es que creciera y terminara sus estudios, de modo que la he llamado 'Schola'… Scholastica ("Escolástica" en inglés).

Salome George, de quince años, y su recién nacido todavía sin nombre, recuperándose de una cesárea en el Centro de Salud de Uteshu

Proyectos como Amref Health Africa, que se centran en la salud sexual, la educación reproductiva y la participación de los hombres en las iniciativas de salud para las mujeres, están comenzando a conseguir que los sueños de Eva se acerquen un poco más a la realidad. Y también es posible que la tecnología esté desempeñando un papel importante, porque permite enviar mensajes de texto con consejos de salud hasta comunidades remotas. A pesar de carecer de acceso al agua corriente o la electricidad, Mary Isaka, de 20 años de edad, es capaz de hacerme una foto con su móvil y enviársela a sus amigas. Es seropositiva y está esperando a terminar el período de lactancia para saber si su bebé también lo es. Gracias a los nuevos protocolos médicos y a su proximidad a un hospital, su bebé posee un 95 % de probabilidades de estar libre de VIH.

Cuando veo hileras de adolescentes pasar frente a mi casa cuando regresan del colegio cada día pienso ahora en Schola, en Clara y en Maryam, las niñas recién nacidas que conocí el mes pasado. Esperemos que dentro de 15 años estén en sus patios de colegio siendo dueñas de su propio futuro, con la maternidad esperándoles para cuando estén preparadas, si es que algún día lo están.

La enfermera y comadrona Paskazia Amos en el Centro de Salud de Masumbwe

Zena Bakari, de 19 años, con su primer bebé

Salome George en su hogar del pueblo de Mbiki. Los cuencos son las ollas para cocinar de toda la familia y los elevan del suelo para mantenerlos limpios mientras se secan

Leticia Fredrick, trabajadora sanitaria regional del pueblo de Lunguya

Funcionarios del pueblo se reúnen con el equipo británico de Amref Health Africa en la oficina del pueblo de Mbiki

Zahara Swalehe, funcionaria del proyecto Amref en el pueblo de Lunguya

Joanne Charles y su bebé de tres meses Separatus Julius en el exterior de su casa en el pueblo de Mbiki