Identidad

Así abandoné el mundo de las teorías conspirativas online

Stephanie Wittschier creía en los Illuminati y en los chemtrails, e incluso intentaba convertir a otras personas a través de internet, pero entonces empezó a tener dudas.
12.5.16
Illustration by Sarah Schmitt

Este artículo fue originalmente publicado en Broadly Alemania

Stephanie Wittschier creyó en un montón de cosas diferentes a lo largo de su vida: que había alienígenas encerrados en el Área 51, que el Tercer Reich estaba vivito y coleando igual que los Illuminati y —por último, pero no por ello menos importante— que las élites que gobiernan el mundo estaban empleando chemtrails para envenenar a la humanidad.

Publicidad

Ea mujer alemana de 35 años de edad estuvo metida hasta las cejas en el mundo de las teorías conspirativas durante años antes de salirse de él y volcar toda su atención en informar a los no iniciados sobre la siniestra verdad que se oculta tras quienes creen en el Tercer Reich y tras los "chemmies", es decir, la gente que cree que el gobierno lanza agentes tóxicos mediante aviones que dejan una estela de vapor. Ahora, ella y su marido Kai gestionan una página de Facebook y una cuenta de Twitter llamadas Die lockere Schraube ("La tuerca floja") y desde entonces vienen suscitando la ira de sus anteriores colegas conspiranoicos.

El viaje de Wittschier hasta el mundo de las teorías conspirativas comenzó cuando vio un documental sobre las supuestas incongruencias presentes en los ataques del 11-S. "Inmediatamente después entró en internet y buscó 'conspiración' y '11-S' en Google", explicó Kai a Broadly. Wittschier se quedó enganchada. "Empezó a hablar sobre las élites, los Illuminati… En cierto momento dejó de ser divertido, porque ya era imposible hablar con ella. Dejó de escuchar y se cerraba en banda ante cualquier discusión razonable".

Wittschier encontró en internet a otras personas que compartían sus convicciones. "Así sucedió", nos explica a través de un email. "Por aquel entonces tenía una amiga que compartía la misma ideología conspiranoica que yo y con la que me llevaba muy bien. Creíamos en las mismas cosas, hacíamos búsquedas en los mismos foros, solíamos hablar sobre todo tipo de cosas y, la mayoría de las veces, compartíamos la misma opinión". Wittschier se sentía aceptada por este grupo de personas con ideología similar que ridiculizaba todo esfuerzo de la gente ajena al grupo por reeducarles: "Aquellas personas [con opiniones diferentes] o eran representantes del sistema o les pagaban por hablar así; les llamábamos 'ovejas', gente que no piensa".

Publicidad

En el punto álgido de su obsesión —especialmente en lo relativo a los chemtrails—, Wittschier era miembro de varios grupos de Facebook, participaba en un foro llamado Allmystery y estaba muy activa en YouTube. Pero en agosto de 2012, su mejor amiga dentro del mundo de la conspiración empezó a cuestionar y a oponerse a determinadas teorías, e inició el lento proceso de desvincularse del mundo que compartía con Wittschier.

"Dio un giro completo de la noche a la mañana. Todas sus opiniones habían cambiado de repente", explicó Wittschier. Empezaron a debatir acerca de la verosimilitud de las teorías conspirativas durante semanas, incluso meses, y entonces Wittschier empezó a mostrarse también más crítica. "Era mi mejor amiga, ¿sabes? No podía dejar de lado ese hecho". Wittschier empezó a hacer preguntas y a dejar de descartar sin más las contradicciones que presentaban sus creencias. Finalmente, abandonó aquel mundo: "En el verano de 2013 renuncié finalmente a toda esa mierda".

Supuestos chemtrails en Cataluña, España. Foto por la usuaria de Flickr Anna

Wittschier pasó meses cuestionando las teorías conspirativas y comenzó a investigar por primera vez: "En determinado momento empecé a pensar: 'Madre mía, mi mejor amiga tenía toda la razón'. Estaba conmocionada. En ese momento me di cuenta de que había invertido muchísimo tiempo y dinero en hacer el más puro ridículo. Fue horrible. Me sentía avergonzada, como una estúpida total. Quería que me tragara la tierra. Pensaba en mi familia, en mi hermana y mi marido, y en todas las cosas que les había dicho".

Wittschier quiso compartir sus nuevos conocimientos en sus antiguos foros. "Sentía la necesidad de quitarles la venda de los ojos, pero no tardé en darme cuenta de que no tenían ningún interés en desengañarse. Más allá del foro Allmystery, el más grande y diversificado, los grupos más pequeños de personas que creen en los chemtrails y otras páginas de Facebook prefieren ser fieles a los suyos", afirmó. "Cuando les dije, 'Chicos, hay algo aquí que realmente no encaja', se pusieron muy agresivos de repente. Las contradicciones no son bienvenidas. Como algunos de los miembros eran viejos amigos nuestros sabían quién era yo, quién era Kai y dónde vivíamos. De repente se desvelaron abiertamente en internet nuestros nombres completos y nuestra dirección. Me llamaban puta, zorra, hija de puta… Me decían que me ocupara de mis asuntos, que me había convertido en una agente del otro bando, de la élite gobernante".

Comenzaron a vigilarme y todo lo que hacía online quedaba registrado, conservado y anotado. Puedo ver muchas similitudes con cultos como la Cienciología

Para una persona ajena a este mundo, lo que más llama la atención es el modo en que Wittschier habla sobre cómo los grupos conspiranoicos tratan de reclutar nuevos aliados. "Antes, cuando te encontrabas con un ignorante no creyente le remitías a vídeos de YouTube que mostraban condensaciones demasiado prolongadas y les decías cosas como: '¡Mira ese cielo! ¡Es de lo más obvio!'. Ni siquiera entrabas en detalles acerca de la cuestión o las incoherencias técnicas, simplemente les dabas alguna explicación que sonara razonable, coherente e informada —o sea, que sonara científica— y después les dabas tiempo para que pensaran sobre el asunto".

Los antiguos amigos de Wittschier no se mostraron exactamente felices cuando empezó a escribir un blog en el que nombraba a los peces gordos de la escena conspiranoica. También escribió un libro y empezó a conceder entrevistas a la prensa. Wittschier afirma que se tanto su marido como ella sintieron expuestos por parte de alguien que conocía bien sus nombres y sus canales online. Incluso llegó a recibir amenazas de muerte por internet y afirma que no podía tomárselas a la ligera solo porque se limitaran a ese canal.

Publicidad

"Sabemos que existe cierto potencial de amenaza", indicó Bernd Harder cuando le preguntamos si los conspiranoicos pueden ser peligrosos. Harder es escritor, periodista y portavoz de GWUP (Sociedad para la Investigación Científica de Paraciencias), una organización pública cuyo objetivo es investigar científicamente y, si es necesario, desacreditar fenómenos como los chemtrails. Existen supuestamente unos 3.000 conspiranoicos en Alemania, aunque Harder explica que "sus miembros se describen a sí mismos como un movimiento de alcance mundial".

Según Harder, la gente que pertenece a esta escena solo interactúa con personas de mentalidad similar y evitan todo contacto con la realidad, por lo que cada vez se vuelven más radicales y agresivos. "Esta radicalización también depende del grado de implicación de cada individuo, es decir, la amenaza potencial de la fuerza imaginaria y sus oponentes", añadió. "Los chemtrails parecen ser una amenaza más agresiva porque representan un peligro inmediato para la vida, de modo que los creyentes se ven frente a una conspiración de dimensiones gigantescas, mientras que quienes apoyan la teoría de la tierra plana, por ejemplo, se ven más bien frente a un escándalo científico".

Según Wittschier, este problema va más allá de los chemtrailers que amenazan a la prensa y a los antiguos creyentes. "Echando la vista atrás, era como un culto", afirmó. "Al principio resultaba muy emocionante conocer secretos que otra gente desconoce y poder informar a los demás. Eran una comunidad muy cerrada con sus reglas, su jerarquía y demás, pero solo cuando di marcha atrás me di cuenta de la presión que ejercían al mismo tiempo: en mi opinión, las personas que pensaban de forma diferente nos atacaban de forma agresiva y sistemática, así que los bloqueábamos o eliminábamos en cuestión de minutos. Cuando me desvinculé de aquello comenzaron a vigilarme y todo lo que hacía online quedaba registrado, conservado y anotado. Puedo ver muchas similitudes con cultos como la Cienciología. Para mí, ambas cosas son lo mismo".

Publicidad

Andreas Anton, sociólogo y científico cognitivo, trabaja en el Instituto para las Áreas Fronterizas de la Psicología y la Salud Mental en Friburgo, Alemania, ha colaborado en la escritura de un libro llamado Sociology of Conspiracy Thinking ("Sociología del pensamiento conspirativo") y se niega a hablar de los conspiranoicos en términos de "culto". "No deberíamos limitarnos a considerar que estas personas sufren una patología y tacharlos de lunáticos", afirmó. "Lo mismo sucedió con las teorías sobre el 11-S y, en consecuencia, el debate a menudo se orienta únicamente hacia la estigmatización".

Aunque la escena de las conspiraciones comparte determinadas jerarquías y objetivos comunes, Anton afirma que el contacto de las personas entre sí es sobre todo virtual, es decir, que carece de esa compulsión física que caracteriza a los cultos reales.

"Un aspecto muy interesante es el hecho de que ambas partes sienten la necesidad de desacreditar y rechazar los argumentos de la parte opuesta. También es destacable indicar que, cuantos menos seguidores posee una teoría —y quienes creen en los chemtrails son un grupo bastante reducido—, menos probable resulta que provoquen un debate abiertamente objetivo", explicó Anton. "Una vez más, si una teoría se posiciona como minoritaria, sus miembros tienden a mostrarse más resistentes e inflexibles. No pueden desestimarse sin más porque su miedo es real. De hecho, no hacen todo esto por diversión, sino que están genuinamente aterrorizados y se toman todo el asunto muy en serio".

Stephanie Wittschier afirma contar con información de primera mano sobre el grado de seriedad con que algunos de ellos se toman sus miedos, tantas veces ridiculizados por la opinión pública. "En cierto momento te encuentras con cosas que te hacen pensar, '¿En serio?'. Algunos ideólogos conspiranoicos dicen que desean morir porque no pueden soportarlo más y anuncian su suicidio. Uno de ellos incluso llegó a solicitar a los Illuminati en su muro que finalmente acabaran con su vida. Eso se pasa de la raya. Ni siquiera es ya una opinión, porque se ponen en peligro a sí mismos y a los demás. Hay algunas personas gravemente enfermas en ese mundo que no se limitan a expresar pacíficamente sus creencias".

Aunque en su día intentó convertir a los no creyentes en el estilo de vida de los chemtrails, ahora trata de informar a sus antiguos amigos. "Se trata básicamente de lo mismo de siempre, es como hablar con una pared. Primero fueron mis padres, que no querían oír hablar de mis teorías, y ahora son quienes creen en los chemtrails y otra gente. Por supuesto, por aquel entonces yo suponía que conocía los hechos, pero ahora lo sé: estos son los hechos auténticamente reales para todo el mundo.