Cómo un club de lucha libre se convirtió en mi nuevo hogar
Nuevos vecinos

Cómo un club de lucha libre se convirtió en mi nuevo hogar

Mustafa Alabsullah lleva cuatro meses practicando este deporte que le ha ayudado a adaptarse a su país de acogida.
29.5.17

Este artículo es parte de nuestra serie Nuevos Vecinos, en la que jóvenes refugiados de toda Europa colaboran con nosotros como editores invitados. Puedes leer la carta de la editora aquí.


Mustafa tiene 22 años y es de Damasco, Siria. Llegó a Berlín hace un año, donde vive en una residencia para refugiados.

Empecé a luchar hace cuatro meses. En Siria nunca había practicado la lucha libre, aunque por supuesto ocasionalmente jugaba a pelearme con mi hermano, mis primos y mis amigos, pero sin reglas ni tácticas. Mi amigo Abdul vive en la misma residencia que yo en Berlín y un día me trajo a su club de lucha libre. Luchamos juntos aquí tres veces por semana. Yo me llevo bien con todo el mundo, aunque no hablemos el mismo idioma. Aquí hay chicos rusos, árabes, polacos y alemanes. No hablamos mucho, pero creo que podría decirse que nos comunicamos con el movimiento y la verdad es que nos hemos hecho muy amigos así. Mi amigo Saleh, que habla alemán mejor que yo, se ofreció al principio a traducir mi historia del árabe al alemán.

Mustafa (dcha.) y Saleh en un entrenamiento. Fotografías por Nicolas Schwaiger, quien ha estado siguiendo al equipo de lucha durante tres meses.

La lucha libre me encantó desde la primera lección. A veces me siento frustrado cuando siento que soy demasiado débil o no puedo hacer algún movimiento, pero cuando eso sucede mi entrenador vuelve a hacer una demostración del movimiento y me dice que lo intente de nuevo pero más despacio. Lo cierto es que me motiva y me apoya mucho cuando me quedo atascado. La lucha requiere mucha energía. Estoy acostumbrado a los entrenamientos duros porque juego al fútbol, pero después de la primera sesión de entrenamiento de lucha libre acabé agotado. Luchar con otros es lo más difícil, aunque los ejercicios de calentamiento también consumen mucha energía. Pero me encanta este deporte, porque creo que te hace más fuerte y valiente que ningún otro. El fútbol es ahora para mí más un juego social que un deporte.

Empiezo el día a las 9 de la mañana. Voy a clase de idiomas hasta casi la 1 del mediodía y después asisto a un curso de integración hasta las 2. En ese curso aprendo muchas cosas sobre la cultura y la ética alemanas. También hemos hecho dos salidas, una al Centro de Protección Medioambiental y otra al Museo Egipcio. Finalmente, también voy a la mezquita una vez a la semana. Aparte de eso no salgo mucho, suelo volver a la residencia después de las clases para prepararme algo de comer. Los días que tengo entrenamiento de lucha libre preparo un montón de comida, sobre todo patatas y pollo. Aprendí a cocinar platos árabes en mi colegio de Siria y creo que se me da bastante bien.

El entrenamiento dura desde las 8 hasta las 9 y media de la noche. Después vuelvo a casa agotado, pero normalmente me quedo despierto hablando por teléfono hasta la 1 de la mañana. Sobre todo hablo con mis hermanos por Facebook y WhatsApp. Mis padres murieron en Siria, pero mis hermanos siguen viviendo allí.

Ahora estoy buscando trabajo, pero me gustaría que no interfiriera con el entrenamiento. Quiero seguir mejorando y participar en todos los campeonatos que pueda tan pronto como esté listo para ello. Sé que todavía me queda mucho camino por recorrer, pero mi entrenador dice que quizá esté preparado para mi primer torneo amistoso en mayo.

Hasta entonces seguiré entrenando. Siempre soy puntual, saludo a todo el mundo con un apretón de manos e intercambio algunas palabras con mis compañeros de equipo antes de empezar. Sacamos las colchonetas juntos y las volvemos a guardar después. El club significa mucho para mí y me siento muy agradecido por estar aquí. Si me disculpáis, ahora voy a cambiarme. Mi entrenamiento está a punto de empezar.

Firma aquí la petición de ACNUR urgiendo a los gobiernos a asegurarles un futuro seguro a los refugiados.

El club de lucha libre de Mustafa, el Weddinger Löwen, existe gracias a los 10 € al mes que pagan sus miembros. Eso significa que cada mes reúnen unos 200 €, pero una colchoneta para lucha cuesta mucho más. "Disponemos de mucho menos dinero que otros clubes, pero aun así nuestros chicos quedan en mejores posiciones en los torneos", explica Tolga, un monitor juvenil voluntario. "Entrenan muy duro. Nuestro objetivo es la liga nacional". Si deseas brindarles tu apoyo, puedes hacerlo donando 5 € en la cuenta de donaciones del Weddinger Löwen, en IBAN: DE23 1001 0010 0095 7241 03 / BIC: PBNKDEFF