El futbol boliviano ha vivido de recuerdos por los últimos 21 años. Aquella histórica Copa del Mundo de Estados Unidos en 1994 fue la última ocasión que la selección del altiplano puso su nombre en una esfera de Mundial.
A partir de ese instante, las eliminatorias se han vuelto un fastidio para Bolivia que ha visto su nombre muy lejos de los puestos de calificación directa y repechaje para un Mundial. Pero cada cuatro años, hay motivos de fe, y Bolivia la tiene para Rusia 2018.
En una reunión con la selección bolivana, el Presidente del país, Evo Morales, gran amante del futbol, prometió darle "lo que sea" a sus jugadores si lograban conquistar uno de los cuatro boletos directos, o bien, ganar el repechaje, rumbo a la justa que se disputará en Europa dentro de tres años más.
¿Ustedes qué le pedirían?
En la entrega de la bandera a Julio César Baldivieso, entrenador de Bolivia, el mandamás lanzó un reto al ex mundialista en Estados Unidos, que si le ganaba haciendo abdominales, le daría un centro de entrenamiento para la selección, la cual se nombraría la "Casa del Futbolista Nacional".
Ojalá que si Valdivieso le gana, lo cual es más que un supuesto, Morales no me lo vaya a manchar así:
Entre las cosas que sostuvo Evo, gran amante del futbol, fue una frase que enmarca una realidad que se vive en Bolivia: la gran pobreza existente y la desigualdad de clases que hay.
Cuando la selección gana, los pobres se olvidan de la pobreza y los ricos de su riqueza
Una frase que sin duda, es sumamente cuestionable para el mandamás boliviano, pero que realmente daría un gran motivo de festejo para un país muy golpeado social y económicamente.