A cuatro jornadas para dar arranque a La Liguilla, el nerviosismo y la frustración comienzan a apoderarse de los fanáticos cuyos equipos están a unos cuantos puntos de poder calificar a "La Fiesta Grande" del futbol mexicano. De los famosos "Cuatro Grandes" de la Liga MX, sólo Cruz Azul podría quedarse fuera de los primeros ocho para no perder la costumbre —algunos aficionados dicen preferir ser eliminados que convertirse en subcampeones—. Por su parte, América, Chivas, y Pumas podrían quedarse instalados en puestos de calificación sin problemas de mantener su nivel.
Los Universitarios son el mejor equipo jugando en casa de todo el torneo —no es ningún secreto que el Olímpico de Ciudad Universitaria pesa y mucho—, y en la Jornada 14 buscarán ampliar su racha invicta de seis partidos de liga jugando en El Pedregal. El domingo tendrán en frente a un equipo que tiene a la segunda mejor defensiva jugando de visitante, y si de talento al frente se trata, Tigres también es un serio candidato por su plantel donde abundan los cracks.
Pero más allá de las estadísticas, el Pumas-Tigres tiene un sabor especial. Primero, la afición Puma perdona —siempre y cuando no sea el acérrimo rival—, pero no olvida. La grada auriazul es una de las más fieles del futbol mexicano, pero así como suele apoyar a su equipo también le recrimina cuando los 11 en la cancha no sudan la camiseta como se debe. Esto nos lleva, inevitablemente, a hablar del retorno del que fuese el mejor refuerzo en la delantera del cuadro universitario en mucho tiempo: Ismael Sosa.
¿Cómo recibirá la grada del pebetero al argentino? Lo más seguro es que le rinda un homenaje en forma de aplausos al principio o al final del partido, pero nada más; recordemos que ahora porta la casaca del equipo que hace poco menos de un año se coronó en la histórica cancha del Estadio Olímpico de México 86.
No es mentira que en C.U. se extraña la calidad y los goles del argentino, quien durante su paso por Pumas anotó 29 goles de los cuales el 65 por ciento tuvieron lugar precisamente en la que hasta el verano seguía siendo su casa. Pero una cosa es jugar con el respaldo de la afición y otra jugar como un intruso más del equipo contrario.
Por su parte, Tigres no se encuentra en su mejor momento, ya que de sus últimos tres partidos sólo ha podido empatar uno (Cruz Azul) y acumula dos derrotas consecutivas (León y Necaxa). A André-Pierre Gignac se le mojó la pólvora y no anda bien física ni futbolísticamente hablando, pero esto no significa que sea menos peligroso. Su altercado con la afición felina el domingo pasado después de la sorpresiva derrota en El Volcán ante el Necaxa no le agradó a muchos y es una clara señal de que el francés está ansioso y molesto con su rendimiento.
Los recuerdos de aquella dolorosa final para los universitarios en 2015 despiertan cada vez que Tigres y Pumas se encuentran en el calendario; un condimento más del platillo principal que degustaremos visualmente este domingo al mediodía. ¿Podrá Pumas mantener el invicto o Tigres será capaz de recomponer el camino?