se pilla antes a un mentiroso que a un cojo

Villanos: Marta Domínguez, la tramposa que no quiere ni el PP

La atleta Marta Domínguez tocó el cielo con un oro en los Mundiales de atletismo de 2009, pero una sanción por dopaje le cambió la vida y la transformó en una tramposa incapaz de aceptar las consecuencias de sus acciones.

por Pau Riera
09 Junio 2016, 2:30am

Foto de Michael Dalder, Reuters

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Y...¡volvemos! Sabemos que ya tocaba escribir de nuevo otra dosis de nuestros queridos Villanos. Esta vez, nuestra protagonista es una atleta que lo tenía todo y acabó simbólicamente desterrada de su mundo: la española Marta Domínguez.

Infierno y cielo en versión atlética

Las historias de superación siempre gustan. No te engañes. Por esto la caída de la atleta palentina Marta Domínguez en la final olímpica de los 3 000 metros obstáculos en los Juegos de Beijing tuvo pinta de antesala a un momento histórico. "No pasa nada, hay que seguir luchando", decía ella tras su enésima decepción olímpica.

Con apenas 20 años, Domínguez ya dominaba sin rival el medio fondo y fondo español. Había ganado en todas las categorías, incluyendo notablemente un mundial júnior en 1 500 metros: cuando alcanzó el nivel profesional siguió coleccionado medallas, tanto en pista cubierta, como al aire libre... e incluso campo a través.

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El atletismo español estaba viendo nacer una estrella. En 2001 y 2003, Domínguez fue elegida la mejor atleta española del año. El catarro que la dejó sin poder competir en la prueba de los 5 000 metros en los Juegos de Sídney le impidió imponerse en la prueba olímpica, pero no truncó en absoluto su carrera; de hecho, muchos empezaron a considerar que podría ser la mejor atleta de la historia del país.

Tras la cita del 2000, Domínguez siguió corriendo y acumulando metales —incluidas dos platas mundiales en los 5 000 m—, aunque los Juegos Olímpicos se convirtieron en una especie de maldición personal. Marta no estuvo en Atenas por una lesión... aunque llegó a Beijing con 33 años, una forma envidiable y mucha experiencia.

Para Domínguez, sin embargo, las primeras Olimpiadas en China se convirtieron en un infierno... dantesco, si me permites el tópico.

Domínguez cayó al suelo a 200 metros del final y perdió toda opción de medalla. Ella no lo sabía, pero sería la última ocasión que tendría de optar al ansiado metal olímpico en buenas condiciones.

Fue un golpe duro, pero la palentina siguió adelante. Al año siguiente, en los Mundiales de 2009 celebrados en Berlín, Domínguez volvió a tomar la salida de los 3 000 obstáculos y esta vez de proclamó campeona. El sprint final es digno de megaestrella del atletismo. Marta se había recuperado y había tocado el cielo...

...o quizás no, porque luego supimos que todo —el ascenso imparable, las medallas, el Mundial— había sido una gran mentira.

Purgatorio: empieza el calvario del dopaje

Pocos meses después de sacarse la amarga espina de Pekín al ganar en Berlín, la Guardia Civil detuvo a Domínguez en su casa por presunta implicación en la Operación Galgo. Se la acusaba de tráfico de anabolizantes, de haber subministrado y administrado sin receta un fármaco a otro deportista y de delito fiscal.

La Guardia Civil había encontrado bolsas de plasma con el nombre de Urco escritas en ella. Urco era el perro de Marta; gracias a esto —y a que Eufemiano Fuentes, el líder de la trama de dopaje, tenía registrado en su móvil a Marta con este nombre—, los agentes supieron que las bolsas pertenecían a la atleta.

En ese momento, Domínguez era la vicepresidenta de la Federación Española de Atletismo. Inmediatamente fue apartada del cargo. Durante un año, su vida estuvo monopolizada por juicios, testimonios y controles antidopaje. Poco a poco la fueron absolviendo de todos los delitos hasta que su ficha quedó sin antecedente alguno. No volvió, sin embargo, a la vicepresidencia de la RFEA y su imagen quedó dañada.

Marta estaba contenta: había luchado contra las acusaciones y aparentemente estaba limpia.

La Federación Internacional de Atletismo, sin embargo, anunció en 2013 que estaba investigando a la atleta palentina por irregularidades en su pasaporte biológico.

Marta Domínguez lamentándose al quedar segunda en los Europes de Barcelona de 2010. Esta medalla también se la quitaron. Foto de Sergio Pérez, Reuters

A pesar de que la IAAF pedía cuatro años de castigo para Domínguez, la RFEA la absolvió en 2014. Algunas autoridades —incluyendo el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el de la Federación, José María Odriozola; y el del Comité Olímpico Español, Alejadnro Blanco— no solo proclamaron públicamente la inocencia de Marta sino que cuestionaron el sistema de pasaporte biológico y su fiabilidad.

No todo había acabado.

Domínguez dijo que ella no se había dopado y que lucharía hasta el final para demostrar su inocencia. El final llegó abruptamente en 2015, cuando el Tribunal de Arbitraje Deportivo la sancionó con tres años de de suspensión y anuló todos sus resultados entre 2009 y 2013. Su preciado oro de Berlín y la plata del europeo de Barcelona ya no existían.

Marta, la fallida revolucionaria

Cuando la IAAF anunció que ponía en entredicho los resultados de su pasaporte biológico, Domínguez empezó una guerra que no solo pretendía demostrar su inocencia, sino también cargarse el sistema utilizado hasta la fecha para detectar los casos de dopaje en el mundo del deporte.

La defensa de Domínguez de basó en unos informes llevados a cabo por un oncólogo, un doctor en informática y una doctora. El Comité de Disciplina Deportiva los había descrito como brillantes y daba por bueno el argumento de que Marta padecía de hipotiroidismo subclínico.

Los miembros del panel del TAS, sin embargo, argumentaron que tales alteraciones en el pasaporte biológico de Marta no se podían explicar como hipotiroidismo.

Lo divertido del caso es que las autoridades que se creyeron la defensa de Marta llegaron a dudar y cuestionar el pasaporte biológico, sistema de control antidopaje recogido en la misma ley antidopaje española. Fina ironía: los legisladores cuestionando la legislación aprobada por ellos mismos.

Si el presidente del Gobierno, el del COE y el de la RFEA tuvieron que aceptar la condena y quedar retratados, los compañeros de pasión de Marta comentaron la sentencia haciendo hincapié en la necesidad de hacer justicia... y también en la tristeza por la caída de un mito.

Diana Martín Giménez fue bronce en el europeo de Zúrich en la misma modalidad en la que Marta engañó a todo el mundo dopándose. Domínguez fue un ídolo y un modelo a seguir para muchos jóvenes: al fin y al cabo, no solo coleccionaba medallas y marcas estratosféricas, sino que para muchos se trataba de la mejor atleta española de la historia.

A Domínguez 'solo' le retiraron dos medallas; tiene muchas más que teóricamente ha ganado a base de esfuerzo y dedicación. Marta, sin embargo, siempre será recordada como la atleta que ganó un Mundial gracias al dopaje y que posteriormente no aceptó la sentencia. Quiso llegar a la cima del mundo... pero intentó hacerlo demasiado deprisa y sucumbió a la tentación por el camino.

El Partido Popular, el último reducto fallido

En 2003, estando en un buen momento deportivo, Domínguez fue elegida como concejal en el Ayuntamiento de Palencia por el Partido Popular. Años más tarde, justo en el momento en que aparecían las primeras insinuaciones sobre su posible dopaje, Marta fue a las listas al Senado del PP por Palencia.

Domínguez no dejó su posición a pesar de estar imputada: en el seno del partido, de hecho, se defendía a ultranza su inocencia. El mismo presidente del Gobierno, como decía antes, anunció públicamente que confiaba en la senadora.

Horas antes de anunciar las listas para las elecciones del 20 de diciembre de 2015, sin embargo, su nombre fue tachado de la lista de candidatos a ocupar un escaño en el Congreso. Un día después, el TAS publicó la sentencia en la que sancionaba a la ya retirada atleta a tres años de suspensión.

Marta Domínguez en la prueba de 3000 metros obstáculos en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde pudo competir a pesar de las dudas sobre su ética deportiva. Foto de Kai Pfaffenbach, Reuters

Esta maniobra no gustó a Domínguez, que desde entonces ha insinuado en diferentes ocasiones que todos los movimientos han traspasado el ámbito deportivo para acabar en el político: la palentina ve una mano negra en la decisión de apartarla. Después de más de diez años en el PP, la atleta acabó abandonando la formación y asegurando que no quería vivir de la política.

Ni de la política ni del atletismo: el dopaje le impidió disfrutar de reconocimiento alguno en la que fue su mayor pasión... y también le ha cerrado las puertas de la función pública —además, hace poco perdió los beneficios fiscales reservados a los deportistas de alto nivel.

En estos casos, cuando se analiza cómo afecta el dopaje a los deportistas, al final siempre acaba apareciendo la misma pregunta: ¿realmente valía la pena?

El autor no pasaría ni un solo control antidopaje, pero en Twitter aún se controla: @21pauriera