Coronavirus

Mis dos meses de descanso y relajación: hablé con Ottessa Moshfegh sobre el confinamiento y vivir encerrada

Quiero saber cómo está viviendo el confinamiento Ottessa Moshfegh, la autora que nos incitó, en parte, a escondernos de todo el mundo viendo películas de Whoopi Goldberg y Harrison Ford durante un año.
07 Mayo 2020, 7:05am
pacheco1
Anna Pacheco (izq.), fotografía cortesía de la autora, y Ottessa Moshfegh (dcha.), fotografía por Jake Belcher

Cuando leí "Mi año de descanso y relajación" (Alfaguara, 2019), de Ottessa Moshfegh, no imaginé que iba a acabar confinada como su protagonista. Por supuesto, nuestro encierro es forzoso, lo cual lo hace menos romántico e infinitamente menos pijo. Yo, por ejemplo, estoy tomando muchísimas menos pastillas, entenderéis que mi objetivo no es dormir durante un año. De hecho, me veo bastante impedida para despertarme tarde. A las ocho o así estoy ya en pie, aunque a veces no tenga nada muy concreto que hacer.

Hace unas semanas decidí enviarle un mail a Ottessa, deseando fuertemente que lo leyera y contestara. He comprobado que es de esas personas que no tiene redes sociales y solo por eso ya creo que está mejor que yo. Lo que viene a continuación son un par de mails con la autora de este libro, que ha sido todo una revelación de este pasado año entre mis conocidos y amigas. Quiero saber cómo está viviendo el confinamiento Ottessa Moshfegh, la autora que nos incitó, en parte, a escondernos de todo el mundo viendo películas de Whoopi Goldberg y Harrison Ford durante un año.

Cuando le escribí aún no nos habían habilitado los paseos.


Hola Ottessa,

Como hemos hablado antes, ahora empezamos el intercambio de mails en serio. Te pido perdón por lo que viene ahora: quizás es incómodo que una desconocida de Barcelona te hable como si te conociera. Voy a tratar de ser natural. Voy a intentar que no se note demasiado que me entusiasmó tu libro. Llevo más de 40 días confinada, al principio de encerrarnos mis amigas y yo bromeábamos con que empezaba "nuestro año de descanso y relajación". Como si hubiéramos tenido incidencia en el avance del desastre. Como si hubiéramos leído demasiado intensamente tu libro. Quiero aclarar que ni mis amigas ni yo somos ricas. Lo de los meses de descanso y relajación rápidamente entendimos que no funcionaría exactamente así. No descansaríamos muy bien y tendríamos miedo a todo, miedo a los trabajos y sobre todo miedo al futuro. La verdad es que empecé el confinamiento exhausta, arrastraba muchos meses de pluriempleo que me hacían llegar la mayor parte de las veces a casa muriéndome de sueño, pensando ¿qué coño estoy haciendo? No sé cómo viviste tú los días previos al confinamiento, aquí había tres grupos: los que aguardaban la catástrofe haciendo acopio silencioso y no tan silencioso de comida y bienes, sin duda los más cinematográficos; los que consultaban las métricas de Wuhan como si fueran capaces de interpretar algo -yo- y los que decían que esto era un gripe más.

Yo estoy pasando por todos los estados mentales posibles y me pregunto cómo voy a ser capaz de interactuar con la gente cuando salgamos de esto. ¿Cómo les miraré y cómo me mirarán ellos? ¿Cuánto durará la novedad de tocarnos? Quizás al cabo de cinco minutos todo habrá pasado y será exactamente igual que siempre. ¿Volveremos siendo más huraños? Soy el tipo de persona que cuando lleva varios días sin pasar por una oficina veo a mis compañeros como completos desconocidos. Mi confianza es resbaladiza. En todo caso no tengo oficina a la que volver. A las 20h aquí tenemos el aplauso de las 20h, que ya se ha convertido en el principal marcador de tiempo. Sabes que has completado otro día cuando suena el aplauso.

No tengo perro, pero vivo con un ser humano. También pienso mucho en la muerte de alguien cercano. Visualizo mentalmente a familiares y amigos, intento pensar en sus patologías previas y me parece que todos están llenos de patologías previas. Nos veo a todos como patologías andantes, hablantes, dolientes. A veces solo creo que lo que ha pasado es que la amenaza se ha filtrado en lugares donde antes no lo había. ¿No había millones de personas sin casa, con capacidad limitada de movimiento, confinadas en CIE o en campos de refugiados, o en cárceles, o huyendo de guerras? Todo el rato los de las vidas miserables eran otros. No dejo de pensar que hay algo ridículo cuando hablo del miedo a la muerte desde mi casa. Me he comprado valerianas para dormir.

En casa cambiamos el huso horario por diversión, por comprobar que a nadie le importaba la hora que fuera aquí. Estuvo bien, esa agencia idiota del tiempo me pareció gloriosa, eso fue la segunda semana de confinamiento, estábamos más animados. Pienso ahora cómo recordaremos esto en el futuro, estas semanas insólitas y decadentes, pienso en nosotros como barcas varadas en el puerto, pienso cuánto tardaremos en recuperarnos y qué es recuperarnos exactamente porque ahora mismo no lo sé. Estamos colapsando, eso me parece. Al menos, yo, estoy colapsada. A veces me siento culpable porque deseo que esto se alargue un poco más —¿y si, después de todo, se nos hace corto?—-. No soy la única que lo piensa. Fantaseo en la construcción de túneles y raves secretas y nuevas formas de habitarnos. ¿Cómo estás tú, Ottessa?

***

Querida Anna,

Los días previos al confinamiento aquí en EEUU, específicamente en el sur de California, yo ya estaba confinada. Mi marido y yo decidimos comenzar a aislarnos el 12 de marzo. Esa mañana subí a una montaña con una amiga, era su cumpleaños, y cuando llegué a casa las noticias eran tan alarmantes que fui a la tienda de comestibles para abastecerme, por si acaso.

El ambiente en Trader Joe’s era aterrador. Apenas quedaba nada en los estantes. Entonces fui a Whole Foods donde me sentí menos aterrada. Tampoco quedaba demasiado en los estantes. Pero las vibraciones eran de ocio privilegiado. Me llamó la atención la riqueza que tiene que ver con la comodidad en que las personas viven una crisis. Comprar cerezas cubiertas de chocolate versus jarras de agua. En ninguna de las tiendas había papel de váter. Desde entonces, hemos estado pidiendo comida online. No he cogido el coche desde esa vez.

Yo lo estoy haciendo bien. Estoy tratando de mantener un horario, ya que me deprimo sin autodisciplina. He estado viendo muchas películas y trabajando en algunos proyectos que ya estaba en marcha así como en algo nuevo. Creo que los escritores pueden tener suerte de estar acostumbrados a estar solos. No me he aburrido, per se, pero he estado inquieta, molesta e incómoda todos los días, pero no todo el día.

Me gusta decir: "La diversión es idiota". Y puede ser. Pero claro que no lo es. Es totalmente necesario tener algo de alegría de vez en cuando. Quiero decir, eso es obvio. Pero es extraño que cierto tipo de personas tengan repulsión hacia la alegría. Yo también soy así a veces.

Tengo curiosidad por saber si la conciencia global se alejará del capitalismo debido a este parón de los negocios. O si nos sentiremos tan horrorizados después de esto que nos sumergiremos aún más. El tiempo lo dirá. Mi optimismo y furia me dan razones para pensar que todo el planeta ha estado luchando por una revolución, y vamos a tener que ser valientes, sacudirnos de todo el lavado de cerebro con el que nos hemos infectado y nos infectamos entre nosotros en las redes sociales, tomar la razón, la empatía y la inteligencia y recuperar el mundo de las seis personas en la Tierra que controlan todo. A la mierda todo eso. Ni siquiera creo que tengamos otra opción. O nos rebelamos contra la máquina o nos ponemos a tierra. Hoy, ser sincero es un acto radical, por lo que todos podemos comenzar ahora mismo no regurgitando tonterías o perpetuando cualquier cosa que nos brinden los medios capitalistas.

Es maravilloso que se den aplausos al final del día. Yo celebro un buen día de trabajo con una cerveza sin alcohol. ¡Divertido!

Tengo un perro, Walter, que es la luz en mi corazón, la criatura más dulce que he conocido, y no me juzga, excepto cuando trato de darle de comer palomitas de maíz que han caído al suelo. Su autoestima es tan alta que no comerá palomitas de maíz del suelo, incluso si se las doy de la mano. Él sabe que se merece algo mejor, y estoy de acuerdo. Comemos palomitas de maíz juntos todas las noches.

Es muy importante que nos centremos en la vida positiva que nos rodea. Vivir con tanta muerte nos consumirá el espíritu. Necesito flores y pájaros. Necesito al menos una planta verde a la que mirar. Esa soy yo. Sí, estoy de acuerdo en que para algunos esto podría parecer una llamada de atención sobre las atrocidades que han estado sucediendo durante eones. Hemos estado destruyendo nuestra propia casa, el planeta, y matándonos a nosotros mismos y a los demás, etc. Estoy disfrutando de este tiempo porque me obliga a tener un espacio creativo que de otro modo no habría encontrado. Y aprecio mi hogar y a mi marido, y aprecio que mi mecanismo de supervivencia sea una compulsión para generar mundos alternativos en la ficción. Siempre están ahí para que me escape.

Anna Pacheco es escritora y periodista, puedes seguirla en @annapacheco__.