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CatÁstrofes De Archivo

Trabajo de buscador de imágenes de archivo, principalmente para documentales de PBS. Cada día rebusco entre centenares de fotografías: en archivos, en colecciones privadas, en tiendas de segunda mano, en sótanos de...
1.12.10

CATÁSTROFES DE ARCHIVO

POR RICH REMSBERG

Trabajo de buscador de imágenes de archivo, principalmente para documentales de PBS. Cada día rebusco entre centenares de fotografías: en archivos, en colecciones privadas, en tiendas de segunda mano, en sótanos de particulares… siempre con un ojo atento a aquellas pocas cosas que, en mi opinión, tipifican la experiencia americana: gente que toca el banjo, predicadores locos, vagabundos y desastres.

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Se da una confusa geometría en las siguientes imágenes. No son tragedias, pese a lo que puedan decir espectadores o presentadores de telediarios. Todas estas imágenes comparten una fría neutralidad, y ninguna adjudica responsabilidades. Tratan sobre los fallos físicos, no sobre los defectos morales. En esos fallos vemos los objetos detenidos, congelados, para que los examinemos. Damos por sentado su buen funcionamiento cuando todo sigue su curso normal, pero una vez fallan, vemos sus interiores al desnudo y nos sorprendemos del poder que tenían, frente a nosotros, apenas unos momentos antes.

Y a todos nos gusta experimentar esa clase de asombro. Nos provoca, simultáneamente, sensaciones de humildad y de grandiosidad.

Aquí tenéis algunas de mis imágenes favoritas, procedentes de varios archivos; todas, por diferente razón en cada caso, me vinieron a la cabeza pensando en catástrofes.

Póster de Le Voyage en Suisse de los Hanlon Bros., 1900. Artista desconocido. Archivo: Biblioteca del Congreso.

LOS HERMANOS HANLON

No sucede a menudo que la pantomima y el accidente ferroviario confluyan, pero los Hanlon Brothers vivieron tiempos en los que hasta los mimos estaban hechos de una pasta más dura.

Sus espectáculos eran una siniestra y elaborada combinación de acrobacias, música e ilusionismo, basado éste tanto en la prestidigitación como en unos astutos dispositivos mecánicos. Suyas eran patentes de mecanismos teatrales como el de la falsa decapitación, y buena parte de los números que representaban incluían inundaciones, vidrios rotos, esqueletos peleándose y ejecuciones con capucha puesta. Las cabezas humanas tenían frecuentemente un lugar preferencial en sus espectáculos, siempre cercenadas o apareciendo en lugares inesperados. Muchos de sus personajes eran borrachos que hacían cosas poco cuidadosas o malévolas con el fuego. Un historiador se refirió a su estilo actoral como “bufonadas violentas”, una etiqueta que no oiréis muy a menudo.

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Le Voyage en Suisse

era una representación acerca de un intento de impedir una boda. Transcurre en su mayor parte en un tren entre París y Suiza, donde dicha boda va a celebrarse. Mediante un complejo mecanismo de jarcias y poleas, el tren salta por los aires al final del segundo acto, sus aterrorizados pasajeros aterrizando en las copas de los árboles. En el tercer acto, un hotel es destruido con dinamita.

Los Hanlons ejercieron una gran influencia en Buster Keaton, George Méliès, los hermanos Marx y Los Tres Chiflados, no sólo por la artesana destreza de su comedia física sino también por su gusto por la disrupción caótica de la sociedad civilizada.

Le Voyage en Suisse

fue su producción más popular, representándose en todo Estados Unidos tras pasar por París y Londres. Durante 82 semanas hicieron funciones todas las noches salvo el día en que el presidente Garfield fue asesinado.

Consecuencias del huracán, Miami, 18 de septiembre de 1926. Fotógrafo: R.S. Clements. Archivo: Biblioteca del Congreso.

FOTOS DE SUCESOS

En las fotos que documentan un suceso, es la invasión de lo anormal en lo mundano lo que fractura la arquitectura de nuestras asunciones. ¿Un barco en una acera? En las fotos de sucesos no hay tensión latente. No hay una constante, crónica carencia de la calma que aporta lo que entendemos como normal. Todo ha estallado ya. El barco está en la acera. El avión, o lo que queda de él, en el suelo. La tensión en los conflictos inherentes con los que convivimos en el día a día se ha liberado y lo único que queda es contemplar las desnudas consecuencias de esa liberación.

Los restos abrasados del avión de la Eastern Airlines que el 4 de diciembre de 1965 se estrelló en un campo de North Salem tras una colisión a media altura con un jet TWA 707, que logró aterrizar en el aeropuerto Kennedy. Sobrevivieron más de 100 personas. Fotógrafo: Syd Greenberg. Archivo: colección del autor (foto encontrada en un rastro de Nueva York).

El accidente ferroviario de Naperville en Chicago, Burlington, y la estación de tren Quincy, 26 de abril de 1946. Muchos de los viajeros eran militares de regreso de la 2ª Guerra Mundial.

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CHARLES CUSHMAN

Charles Cushman, fotógrafo aficionado, comenzó a hacer fotos en 1938 con película Kodachrome, gracias a lo cual nos muestra en color una era que, por lo general, solemos ver en blanco y negro. Esto implica la falta de esa especie de abstracción a la que estamos acostumbrados, y un mayor sentido de la inmediatez. La fotografía en color es, como el crítico A.D. Coleman dice, “más táctil, más sensorial, más persuasiva; no tanto crónica de la realidad como auténticos fragmentos de lo real”.

Con un fiable instinto natural y un cultivado sentido del refinamiento, Cushman pasó bastante tiempo viajando de una ciudad a otra y caminando por sus calles, documentando fotográficamente el siglo XX. No está del todo claro el por qué.

Lo que sí está claro es que sentía atracción por unas cuantas cosas concretas, entre ellas los barrios bajos, los vendedores callejeros, los incendios, las inundaciones y los accidentes. Las fotos que capturaba, como la mostrada abajo, son los únicos registros visuales de sucesos históricamente relevantes como el accidente ferroviario de Naperville—considerado el peor en la historia en el área de Chicago—, tras el cual se llevó a cabo una profunda revisión de la normativa de seguridad ferroviaria.

Pero Cushman no era periodista. Como los mejores fotógrafos callejeros, reconocía el espacio público como un teatro y parecía sentirse atraído por los resultados extremos del conflicto ordinario y el drama de la pena y el dolor.

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El accidente de Naperville, 15 minutos después de que el tren nº39 chocara por detrás con el tren nº11. 47 fallecidos, todos ellos en el furgón de cola del nº 11.

Las ruinas de un edificio calcinado en 4600 S. Paulina Street, Chicago. 16 de enero de 1949.

Un camión accidentado en Contra Costa County, California. 31 de mayo de 1957.
Todas las fotos de esta página: Charles Cushman. Archivos de la Universidad de Indiana.

Miembros de la Buffalo Historical Marionettes ante el set de La muerte coge el volante. Fotógrafo desconocido. Archivo: Biblioteca del Congreso.

LAS MARIONETAS HISTÓRICAS DE BUFFALO

Antes de que existieran películas como

Blood on the Highway

y

The Bottle and the Throttle

, antes de que hubiera una Highway Safety Foundation [Fundación para Seguridad en la Carretera], ya existían la Marionetas Históricas de Buffalo.

Durante la Gran Depresión, el Federal Theatre Project empleó a cerca de 200 personas en Buffalo, Nueva York, para crear y poner en escena espectáculos de marionetas. El programa estaba bajo la dirección de Esther Wilhelm, quien se consideraba a sí misma, en palabras de Peter Rachleff, historiador de la Buffalo Historical Marionette, la “Eleanor Roosevelt de Buffalo”. Debido a la visión de Wilhelm, los espectáculos contaban con decorados, disfraces, orquestas en directo y temáticas que no suelen verse en las funciones de marionetas. A juzgar por las fotografías, una de los mejores era un show para concienciar a los conductores llamado

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Death Takes the Wheel

[La muerte coge el volante].

Una escena de La muerte coge el volante. Fotógrafo desconocido. Archivo: Biblioteca del Congreso.

ACCIDENTES FERROVIARIOS

En los primeros días del ferrocarril había mucho margen para que las cosas salieran mal. Las calderas explotaban, las locomotoras chocaban. No se tardó en perfeccionar los motores y planificar mejor los horarios, y el transporte en tren se convirtió en un asunto mucho más seguro. Pero la gente, por alguna razón, extrañaba los viejos tiempos. La carnicería tal vez no, pero sí el espectáculo.

Así fue cómo se desarrolló la tradición de escenificar accidentes ferroviarios para solaz de las masas, una especie de antañón derby de demolición a gran escala. La más famosa escenificación tuvo lugar en 1896 en Waco, Texas. Organizada por un hombre llamado Bill Crush, en ella se dispusieron dos locomotoras retiradas del servicio en la misma vía, una frente a otra, cada una arrastrando siete vagones y atiborradas de explosivos.

Cuando Crush, montado en un caballo blanco, dio la señal dejando caer su sombrero al suelo, las dos locomotoras empezaron a avanzar, ganando poco a poco velocidad. En los últimos segundos los conductores y fogoneros saltaron de los vehículos, poniéndose a cubierto, y, desplazándose a 160 kilómetros por hora, los dos trenes hicieron impacto.

La colisión dio a los espectadores un poco más de lo que habían ido a ver. Las calderas explotaron, enviando piezas de metal retorcido hacia la multitud y los campos de algodón circundantes. Un tornillo y una arandela se incrustaron en la cabeza de un fotógrafo. Tres personas murieron, muchas más resultaron heridas y escaldadas, y los cazadores de recuerdos, sin pensar que el metal estaría aún caliente, se quemaron las manos.

Escenificación de un choque de trenes cerca de Waco, Texas, 15 de septiembre de 1896. Fotógrafo: J.C. Deane. Archivo: Texas Collection, Universidad de Baylor.