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Cultura

Srdjan Spasojevic, su película serbia y la maldita censura

"A Serbian Film" es una película que contiene torturas, violaciones, incesto, sexo con recién nacidos, muerte y destrucción. Hablamos con su director.

Rubén Lardín

Un padre de familia, actor de cine equis venido a menos, recibe una jugosa oferta económica para rodar “pornografía artística”. Sin saber en qué consistirá su trabajo, firma un pacto fáustico que supondrá su incursión a través de los nueve círculos infernales.

Ese es el punto de partida de A Serbian Film, película que contiene torturas, violaciones, incesto, sexo con recién nacidos, muerte y destrucción. A tope. Efectivamente, ni es Saló, ni es Sade ni es Genet. Como cine de terror se muestra cuidadosa y débil, y de su lectura global determinamos que es tirando a moralista ya que condena de viva voz lo mismo que anda jugando, en ejercicio ambivalente muy propio de cualquier telediario. A Serbian Film es una pequeñez simpática y tosca que oscila entre el macarreo y la metáfora (sí, bueno, ya), pero que vale la pena ver por razones varias. El humor entre ellas.

El caso es que, cuestionando las prerrogativas del arte y amparándose en alguna ley escalofriante que no sólo condenaría la atrocidad sino también su recreación (dibujada a lápiz, por ejemplo), varias asociaciones de padres católicos y otros cretinos que se pronuncian progresistas y liberales denunciaron la película tras su pase en el festival de Sitges y ahora han logrado que un juzgado de instrucción censurase “cautelarmente” su proyección en la XXI Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

En caliente, y avergonzados de esta España nuestra o de quien sea esta España ridícula, vergonzosa y tan a menudo de puta mierda, hablamos con el director de la película, Srdjan Spasojevic.

Vice: ¿Eres aficionado al cine de género, te gusta el terror?

Srdjan Spasojevic: Sí, soy fan del terror, y me inspira el trabajo de directores de los 70 como William Friedkin, John Carpenter, David Cronenberg, Brian de Palma, Roman Polanski y otros como Sam Peckinpah o Walter Hill.

Tengo un amigo que dice que A Serbian Film es como un escupitajo serbio a la Europa que les dio la espalda.

Bueno, cuando con 10 años has visto las atrocidades de la guerra en horario de máxima audiencia y recién cumplidos los 20 has experimentado los bombardeos de la OTAN sobre tu ciudad… eso difícilmente puede inspirarte cosas bonitas. Así que tu amigo igual tiene parte de razón.

¿Consideras que, en cierto modo, has dirigido una película de cine social o político?

Nuestra primera intención era hacer una película que incorporase la descripción honesta y firme de las turbulencias políticas y emocionales que rigen nuestra vida en Serbia desde hace dos décadas de guerras y transición, pero también pretendíamos fusionar esa ambición con el deseo de hacer una peli filosófica, de confrontación, que trascendiese el mero retrato para erigirse en una pieza del cine que nos gusta, el que siempre habíamos querido hacer. Tampoco queríamos proyectar una imagen hermética que se ocupase exclusivamente de nuestras tragedias locales, sino contar una historia global, porque Serbia no es más que un reflejo del mundo en que vivimos todos, ya que trata de imitarlo y fracasa miserablemente en ello. Una película contraria a esa fachada ideal de lo políticamente correcto que promulga el Nuevo Mundo mientras sigue comportándose como una desalmada máquina de matar, devoradora de cualquier mínima libertad –artística y de expresión– y destruyendo a su paso todo aquello que sea diferente.

¿Crees que el espectador no serbio puede entender la peli sin dejarse llevar por el morbo de sus imágenes?

Está claro que el punto de partida era limpiar nuestro patio trasero, pero quisimos darle esa forma universal y un contexto al que todo el mundo pudiera acceder. Se desarrolla en Serbia, pero, como digo, es prácticamente una fábula que trata problemas del mundo moderno. Además, el tipo de lenguaje cinematográfico que hemos utilizado es más próximo a un espectador occidental que al propio del cine serbio. La película debe ser tomada como la confesión sincera de una víctima, y como tal no requiere un conocimiento previo de las circunstancias serbias.

La violencia está justificada desde la metáfora balcánica, de acuerdo, pero ¿no temes que el exceso pueda estar atenuando el mensaje?

Puede darse el caso con algunos espectadores. No es una película pensada para todo el mundo. Yo sólo quería hacer una película sin concesiones y tan buena como me fuera posible. Una aproximación honesta y frontal no me permitía ponerme a predecir todas las consecuencias ni rebajar el impacto de algunas escenas para que cierto tipo de espectador pudiera entenderla más fácilmente.

En España se nos murió un tirano en la cama, después de 40 años de censura. Ahora, llamándose socialistas, perros con otros collares piden la prohibición de una obra artística.

Bueno, mi película también es un ataque directo a la censura y a la autoridad, a esos que están sofocando cualquier creatividad poco ortodoxa que pueda darse en estos tiempos. La corrección política, tan extendida, es una forma de fascismo que intenta matar el cine libre.

Los censores, de los que tanto tú como creador como nosotros en cuanto espectadores estamos siendo víctimas, están amparando su denuncia en una supuesta, fantasiosa y mezquina protección de la infancia.

Mira, el principal posicionamiento metafórico de esta película fue tratar la vida real como pornografía. En nuestra región, durante las últimas décadas, hemos llegado al punto de experimentar la vida como una explotación absoluta que nos hace sentirnos continuamente violados emocional, psicológica y creativamente, todo a través de incomprensibles, caóticas, increíblemente estúpidas y brutales fuerzas de autoridad corrupta. Aquí, en cualquier tipo de trabajo que te permita alimentar a tu familia, acabas siendo brutalmente explotado y humillado de la peor y más rastrera forma posible. Mi película es una alegoría de todo esto mediante el tratamiento de la pornografía como algo casual y perfectamente normal: nuestra vida cotidiana. Durante siglos las mujeres y los niños aquí han sido tratados como propiedad del hombre, y, como sus dueños, se nos permite maltratarlos de las formas más inhumanas. Y llegado un momento todo eso acaba por parecernos lo más normal del mundo. La película no funciona como una representación documental de nuestra realidad sino como una radiografía, un diagnóstico del alma deforme y enferma de nuestra sociedad. Esta es la razón de mostrar imágenes casi inmostrables, de una manera tan desenfrenada y directa: la humillación y la degradación última de nuestro ser debe ser sentida y vivida por cada espectador de tal modo que no pueda ser ignorada. Son escenas figurativas, pero no dejan de ser representaciones de nuestras emociones ya tan mancilladas y desfiguradas. La famosa escena con el recién nacido es la representación última de lo que te digo: nuestra vida siendo violada antes siquiera de haber comenzado. Nuestra inocencia invadida y destrozada en última instancia por nuestros propios líderes corruptos, dirigentes de nuestro destino. Los líderes que hemos elegido nosotros y que nos han empujado a través de innumerables guerras absurdas en contra de nuestros hermanos en el pasado reciente, y que nos han denigrado al nivel más bajo de nuestra propia existencia. ¡Y que continuarán haciéndolo! Esa escena del recién nacido es tan extrema porque en su núcleo pretende difamar la violencia.

¿La pederastia puede ser el último gran tabú?

La pederastia es un delito, por tanto no debemos considerarla un tabú. De eso también habla la película, ese es uno de los problemas que encara. Pero hoy no está muy bien visto hablar de problemas reales, parece más fácil ignorarlos. Y lo malo es que ignorar esos problemas fertiliza el terreno para violadores y depredadores.

¿Crees que existen límites para la representación, consideras que han de establecerse?

Creo que no es del todo apropiado hablar de “límites”, no podemos establecerlos porque algo que fue “demasiado lejos” hace veinte años hoy se considera audaz y clásico. Lo cierto es que el arte (la vida) se ha esterilizado tanto que los cineastas (la gente) se están rajando a la hora de tratar los traumas de su tiempo y prefieren combatir aspectos que ya se resolvieron hace años. Yo he decidido hacer frente a las bestias de mi tiempo, y si van demasiado lejos, seguirlas.

Gracias a Nikola Pantelic, Irene Schulz y Lord Absence por su cooperación en la causa balcánica.