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Música

Hazme caso: The Secret Society + Wild honey + Alquitrán (no es poco)

San Miguel Music: Raúl Querido te anima a ir a la fiesta de Navidad de Siroco para reírte de sus llantos y su cara de ilusión.
22.12.11

Cuando confiamos a Raúl Querido  la recomendación de la Fiesta de Navidad de este viernes en Madrid no sabíamos que era un ser triste y antinavideño. Leyendo el primer punto de su texto nos arrepentimos de haberle elegido, en el punto dos decidimos aceptarlo por pena, y así hasta llegar el tres en que nos dimos cuenta de que difundir su artículo es más importante de lo que pensábamos. Debemos conseguir que lo lea el mayor número de gente posible para llenar la sala Siroco de hombres y muchachas  dispuestos a abrazarle mientras llora escuchando The Secret Society con el gorro y la bufanda puestos. Lee el siguiente manifiesto y entenderás la gravedad del asunto.

UNO

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Empiezo por el final. Que luego me enrollo y me quedo solo. Nadie llega hasta lo último y todos se pierden lo interesante y lo que, aunque menos interesante, también es importante. Lo importante y aburrido, para empezar, es que ya es Navidad. Con mayúsculas, porque la Navidad es una, grande y siempre la misma. Se repite cada doce meses y es de lo peor del año, aunque caiga en invierno y a veces nieve. Pero es que, cuando nieva, en lugar de a la montaña, los padres, abuelos y tíos abrigan a sus hijos, nietos y sobrinos como si fuesen a subir ochomiles y los llevan a Cortylandia. Y resulta que esos niños, hace décadas, éramos nosotros. Y hoy pagamos las consecuencias. Nos las vemos y nos las deseamos para encontrar planes ilusionantes que no impliquen dar el paso definitivo hacia el eremitismo y las nieves perpetuas.

Lo importante e interesante es que este año he encontrado un plan que sí me apetece. Una fiesta de Navidad con árbol, galletas y hasta puede que villancicos, pero que en lugar de dar repelús, tiene pinta de que va a ser lo más. Con un aforo limitado a ochenta personas para sentirse acompañado pero no agobiado, aunque te dejes la bufanda y el gorro puestos un rato para ambientar. Y sale más barato que Cortylandia, que es gratis pero donde probablemente te acaben mangando la cartera. Este viernes 23 de diciembre, por un puñado de euros, tienes tres grupos henchidos (o no) de espíritu navideño a tu merced. Tres conciertos seguidos tras los que puedes decidir cuál te ha gustado más. ¿De qué grupos se trata? Ahora lo explico.

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DOS

Primero tocará Alquitrán (no es poco) –el entreparéntesis es parte del nombre-, que es un proyecto que me fascina desde que lo conocí. Y no porque sea yo fácilmente fascinable, que no lo soy. Javi, que lleva la voz cantante, hace canciones como si aún fuese posible sorprender y ser agradable como antaño. Hace su psicodelia tranquila, sin necesidad de desnudarse ni perder las formas aporreando una chapa metálica. Eso sí, yo le he visto amenazar (educadamente) a gente que parloteaba en primera fila. También le he visto hacer un mashup de Weezer con Juan y Junior. Todo eso hemos vivido juntos. Él arriba en el escenario y yo abajo. Y todo lo he ido sumando en su favor.

Después de Alquitrán, actuará Wild Honey. Guille y los suyos son especialistas en conciertos navideños. Les he visto tocar entero y pestañeando sólo lo imprescindible el disco de villancicos de Phil Spector. ¡Y hasta me lo pasé bien! Será porque desprenden candor y son tan majos y auténticos que anulan cualquier efecto de hilo musical. Wild Honey tocan bonitas canciones, propias o ajenas, y no lanzan mensajes comerciales. Ni siquiera te empujan a comprar sus discos. Quizá Cristina diga algo por lo bajini mientras manipula su theremin, eso es todo. Tienen la insultante costumbre de transmitir mucha felicidad tocando sólo que, en su caso, no resulta insultante. Los últimos en tocar serán The Secret Society y, llegados a este punto de la historia de mi vida que estoy soltando, salto al siguiente punto. Que ya es el último. ¡Bien!

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TRES

Aunque no sé si es lo que mejor casa con algo tan orgánico, compacto, espiritual, arisco y precioso como Peores Cosas Pasan en el Mar, lo voy a decir así para que me entienda todo el mundo: el último disco de The Secret Society es la leche. Y los directos, la releche. Lo que Pepo Márquez sabe hacer, a solas o con la sociedad secreta, es airear (de la raíz a las puntas) la tristeza misma. Y ahí es donde me tiene ganado. Porque -no podía revelarlo antes, pero el lector atento lo habrá intuido- yo convivo con la tristeza de ese niño al que llevaron al circo de Angel Cristo y se asustó con los payasos. Ese que no cogía un solo caramelo en las cabalgatas y perdió torpemente su globo de helio entre las nubes. Muchos años he matado los ratos muertos deprimiéndome entre polvorón y polvorón. Y en todas y cada una de las pitanzas familiares he discutido con algún pariente, sintiéndome fatal después. ¿Quién puede gritar a su nuera en Navidad y dormir luego como si nada pasara?

Pero a estas navidades llego con otro talante: el de quien se siente comprendido porque va a compartir un buen rato de canciones que hacen brillar lo más triste que lleva uno dentro. Esto es muy serio. Escuchar las letras de The Secret Society (ahora en castellano) sobre una combinación perfecta de folk, pop, americana y hardcore te rompe el corazón, te renueva y te lanza a la calle preparado para soportar lo más crudo del crudo invierno. Los papanoeles, los Reyes Magos y hasta la programación especial de televisión. ¿Que no todos sentirán eso mismo? Bueno, quizá no. O quizá sí. Los más sensibles no deberían perder la oportunidad de comprobarlo. Y los que alivien los agobios navideños a base de crueldad mental, siempre pueden pasar un buen rato señalándome, riéndose de mi gesto de ilusión y llamándome llorón cuando me ponga a llorar. Yo doy la cara: soy el de las gafas gordas y la barba pelirroja. Así sí ¡que viva la Navidad!

Foto: Amparo Ramajo

Ilustraciones: Ricardo Cavolo  para La Fonoteca