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Ruggero Deodato: ¡Te olvidas de Roberto Rossellini! Trabajé con Roberto en seis películas. Casi todo lo que sé lo aprendí de él; no los aspectos técnicos sino cómo contar una historia. Después hice una película con Carlo Ludovico Bragaglia, un director que murió con 104 años, y luego empecé a trabajar con Bruno y Sergio Corbucci, Freda, Margheriti… Fue una época fantástica. No parábamos nunca, terminábamos una película y empezábamos otra. Siempre trabajando. Si había que trabajar 24 horas, se hacía. No era ilegal y el cine era el cine, era nuestra vida. Había tantos profesionales con talento y tantos jóvenes esperando una oportunidad que no estaba seguro de poder convertirme yo algún día en director. Pero lo consiguió. Lástima que profesionalizarse no implique únicamente poner tu nombre al final de los títulos de crédito, poco antes de que empiece tu obra maestra cinematográfica que el público jaleará en pie al terminar la proyección. ¡Quiá! Hacer películas como medio de vida significa tener que bregar a diario con la clase de problemas de tamaño profesional que harían que hombres menos encallecidos se encogieran como un cachorro al que van a pegar con una zapatilla. Servidor no tiene ni idea de los megaquebraderos de cabeza con los que Deodato se topó desde que en 1967 se puso por primera vez tras una cámara, pero fijo que fueron cosquillas en comparación con los disgustos que se llevó cuando Holocausto Caníbal, epopeya antropófaga que es al cine de caníbales lo que Ben-Hur al de romanos, se estrenó en una sala de Milán en febrero de 1980.
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“¡La adúltera! Una escena muy fuerte. La chica no era actriz, era la sastra colombiana del equipo. Me daba mucho la lata con que quería salir en la película. ‘¡Ruggero, quiero un papel! ¡Déjame hacer un papel!’ Yo me la sacaba de encima diciendo que ya inventaría algo. Y lo hice [risas]. Un día le dije que iba a interpretar a la adúltera, y que lo haría justo en ese momento. ‘¿Cómo lo hago?’, preguntó. ‘¡Desnuda! ¡Quítate toda la ropa inmediatamente!’ ¡Ja, ja!”“A medida que rodaba, enviaba los rollos de película a uno de mis socios en Milán para que los mostrara en el MIFED, un mercado cinematográfico muy importante. Los rollos suscitaron mucho interés; el productor llamó desde Milán y me dijo, ‘Haz de todo porque se está vendiendo como rosquillas’. Esa noche reuní al equipo y les dije, ‘Mañana tenemos que hacer algo más. Mañana tenemos que empalar a una mujer’. ‘¿Y eso cómo se hace?’, preguntó Antonello, el escenógrafo. ‘¡Ah! Invéntate algo pero en la película tiene que haber una mujer empalada. Piensa en algo y mañana me lo dices’. Horas después, a las 6 de la mañana, llamaron a mi puerta. Era Antonello, con un palo de madera y un asiento de bicicleta. ‘¿Qué haces con eso?’, le pregunté. ‘Es simple. Clavo el asiento en la tierra, la mujer se sienta sin mover un músculo, después le pongo un trozo de madera de balsa en la boca, mucha sangre falsa por encima y ya está hecho. Si mueves la cámara sin que se vea por detrás, nadie verá el truco’. Funcionó”. Vaya si lo hizo. Icono instantáneo de la película, la perturbadora imagen de la indígena empalada en medio de un claro tuvo efectos cáusticos en los ojos del público impresionable y se convirtió en copiosa fuente de dolores de cabeza para Ruggero, quien no obstante explica hoy con tono jovial lo pasmado que se quedó Tarantino cuando le reveló la simplicidad del truco. Eso fue, claro, más de dos décadas después del estreno en Milán y el escándalo subsiguiente. Como tantas otras cosas en la vida, la vindicación de Ruggero Deodato llegó de manera fortuita. A principios de los 80 la gente no estaba preparada para la violencia hiperrealista de Holocausto Caníbal, pero los efectos especiales han evolucionado mucho desde entonces y es difícil que ya nadie pueda sentirse ofendido por algo que se vea en una pantalla. De hecho, incluso los niños tienen todo el gore que quieran a un par de clicks de distancia en internet. Y no olvidemos el éxito desmesurado de El Proyecto de la Bruja de Blair, otra ficción-documental ful.
La película de esos chicos salió muy, muy bien desde el punto de vista comercial. Tan bien que los periodistas no tardaron en darse cuenta del parecido entre su película y la mía. Mucha gente dijo que The Blair Witch Project no les había gustado porque en realidad era una copia de Cannibal Holocaust: el estilo documental cámara en mano, los rollos de película que encuentran, el truco publicitario de hacerlo pasar por un hecho real… Desde el momento en que los periodistas publicaron eso empecé a recibir llamadas de todo el mundo. Me llamó Tarantino, me llamó Oliver Stone… Todo a raíz de The Blair Witch Project. Por supuesto, no creo que Cannibal Holocaust sea una película educativa, pero tiene un mensaje. Nadie lo captó en 1980. Un periódico italiano muy de izquierdas, Il Manifesto, me acusó de todo cuando salió la película, de todo. 25 años después, el mismo periódico publicó un artículo de tres páginas a color diciendo que Deodato había sido el primero en hacer un film en contra de la manipulación de los medios de comunicación. Imagino que buena parte de los improperios que recibió tuvieron que ver con los animales que el equipo sacrificó para la cámara.
Para la cámara no. Frente a la cámara. Quiero hacer esa distinción. Durante años he recibido críticas y hasta amenazas de muerte de grupos de defensores de los animales porqué filmé el sacrificio de una tortuga, de un mono, de un cochinillo… Es cierto que mueren, pero esos animales se los iban a comer los indios que actuaban de extras. Iban a morir lo filmara yo o no. Me fastidia mucho que me acusen de crueldad animal porque no es verdad. Te contaré algo: la dieta básica del equipo durante el rodaje fue el pescado. Pescado y más pescado. Un día la sastra me dijo que el equipo estaba harto de tanto pescado y que al día siguiente traerían al pueblo un cochinillo. Ya que lo iban a sacrificar decidí filmarlo y usarlo en la película, así que le dije a Luca que se encargaría él de hacerlo. ¡Creo que esa noche todos se relamieron soñando con comer carne al día siguiente! De todos modos, problemas sólo los he tenido en occidente. En oriente nunca ha habido problemas con esas escenas. De hecho, insistieron en que debían mantenerse en las ediciones locales de la pelicula. Si no están los animales, no compran la película. Y los chinos… ¡Uff! En Ultimo Mondo Cannibale no moría ningún animal. La escena del cocodrilo destripado la puso el productor después. Además, los chinos le cortaron al cocodrilo las piernas y la cola, que decían que era afrodisíaca. ¿Puedes creerlo? Comen perros, sacan la cabeza de un mono por un agujero en la mesa y se la cortan para comerse los sesos… Los chinos están locos, están enfermos. “¿Le gustaría que la gente hiciese dinero a costa de su miseria?” (Prof. Harold Monroe) Hará un par de años, Ruggero Deodato protagonizó un cameo en Hostel 2 (esa ridícula, tramposa secuela de una película ya de por sí poco valiosa), interpretando a un elegante y refinado… caníbal italiano. ¡A eso le llamo yo un guiño a las plateas! Sí algo debemos agradecerle a Eli Roth es el haber indirectamente convencido a Ruggero de que el momento era propicio para emprender una nueva aventura cannibalesca. El italiano ha declarado en otros medios que fue al ver la primera entrega de Hostel cuando decidió que el público americano, y por extensión el de todas partes, estaba lo bastante maduro como para encajar cierta película sangrienta a la que llevaba tiempo dando vueltas: nada menos que Cannibals, que no sería ni secuela ni remake de Holocausto Caníbal sino, acaso, compañera de esta. Una hermana siamesa. ¿Qué noticias hay de Cannibals, un proyecto del que en internet se lleva tiempo hablando?
Cannibals arrastra problemas desde el principio. Para empezar, yo no poseo los derechos sobre Cannibal Holocaust. El productor murió y su hijo le vendió los derechos a Sage Stallone. ¡Sí, el hijo de Sylvester! Y además se los vendió por muy poco dinero. Yo compré, pagándolas de mi bolsillo, unas secuencias de Cannibal Holocaust para incluirlas en Cannibals y así establecer un vínculo entre las dos. Mucho antes de que se escribiera un guión, mi intención ya era situar la acción en la jungla, en unas favelas y en una gran ciudad metropolitana. La historia se escribió, una historia muy buena, pero entonces el que iba a producirla, un francés, rebajó el presupuesto. Lo recortó tanto que me dio miedo, así no se podía hacer. Después entró en coproducción con un canadiense que quería hacer toda la película en Ottawa. ¡Ridículo! Me dijeron que había que eliminar las escenas que se iban a rodar en Filipinas, suprimir esto y aquello… “Me pregunto quiénes son los verdaderos caníbales” (Prof. Harold Monroe) A la porra con su idea original, entonces.
Ahora estoy a la espera de que llegue alguien con una financiación más fuerte y garantías de que podré hacer la película como yo quiera. En Cannibals se describen actos de canibalismo cometidos en un ambiente supuestamente civilizado. Esta era la idea que me gustaba, el canibalismo metropolitano. La gente espera de mí una película fuerte. Después de Cannibal Holocaust, ¿qué se puede hacer? Algo muy extremo, ¿no? La fuerza del film tal como lo he imaginado es que pone al día elementos ya explorados en Cannibal Holocaust. Siempre he estado interesado en el realismo. A mí no me gusta demasiado la fantasía pura, prefiero cosas que tengan una base real. Por eso me gustó tanto Gomorra. Me hubiese encantado hacerla yo. Realistas y sin concesiones, esa es la clase de films que me interesan. Gracias por su ayuda a Diego López (www.elbuquemaldito.com)