Cultura

Las dulces, terribles y conflictivas consecuencias de acostarte con tus roommates

Para la generación de Tinder, la línea entre amigos y amantes se ha difuminado de una forma sin precedentes, y los roommates con beneficios están en aumento.
21.7.16

Ilustración por Jamie Loftus.

Tener un roommate nunca ha sido fácil. Pero nunca ha sido más difícil, tampoco.

Con su riqueza generacional por los suelos y su calidad de vida significativamente peor que la de las generaciones anteriores, crecer como un millennial significa enfrentarse a situaciones de vida inusuales. Muchos jóvenes de entre 18 y 34 años se están mudando de nuevo con sus padres, viven en "vainas", viven en cajas dentro de otros apartamentos, y, más que nada, viven los unos con los otros a un ritmo alarmantemente alto, mucho mayor al de una pareja que se muda junta.

Pero los jóvenes, a su vez, han cambiado drásticamente la forma en que definen sus relaciones más cercanas. Para la generación de Tinder, la línea entre amigos y amantes se ha difuminado de una forma sin precedentes, y los roommates con beneficios están en aumento. Estas historias exponen los puntos a favor y en contra de las realidades incómodas, dulces, de vez en cuando impactantes (y más a menudo conflictivas) de intercambiar saliva con las mismas personas con las que divides tu factura del cable.

Kathleen, 42

En los años 90, mi compañero AJ y yo solíamos drogarnos con hierba constantemente y decíamos "Oh, Dios mío, estamos drogados, vamos a tener sexo casual". Así es como empezó.

AJ y yo éramos tan cercanos que teníamos las contraseñas de las cuentas bancarias del otro. Y entonces me apuñaló por la espalda. Empezó a salir con una amiga en común que resultó ser una psicópata, y ella arruinó nuestra amistad. Se metió a mi correo y ponchó mis llantas en más de una ocasión.


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AJ era realmente un gran tipo al principio, hasta que uno de sus amigos le dijo: "Siempre eres el chico bueno, no conseguirás a la chica". Ahí fue cuando realmente comenzó a utilizarme. Me dolió bastante. No recomendaría meterte con tu roommate. Todo se complica. En mi caso, arruinó lo que teníamos. Ahora soy soltera y feliz.

Heath, 25

Era un chico de 19 años que nunca había salido de Kentucky hasta que me mudé a Portland. Estaba tratando de conocer gente y divertirme también. Había estado usando [la aplicación para conocer gente gay] Scruff para encontrar amigos.

Conocí a Chris. Hoy en día él tiene 51 años y yo 25. La primera vez que nos reunimos, yo no tenía experiencia, así que sólo fajamos y lo tomamos con calma. En ese momento, era pareja de un tipo llamado Lance, y los tres nos acostamos. Entonces me dijeron: "Esta es tu casa también".

Con el tiempo, Lance lo dejó, y terminé mudándome con Chris. He estado viviendo en su casa, en una habitación separada, por casi cinco años. Ya no tenemos sexo; paramos hace tres años. Pero tenemos mucho en común. A ambos nos gusta ver el rugby, y yo lo practico también. Nos gusta realmente el hockey; nuestro equipo favorito es Los Tiburones de San José.

Soy transgénero y mi transición ocurrió durante el primer año de preparatoria. Me enfrenté a un intenso bullying. Prendieron fuego a mi cabello. Me dieron un puñetazo en frente de los maestros, quienes no hicieron nada. Hubo amenazas de muerte en abundancia. Necesitaba un espacio seguro, y Chris me proporcionó uno. Chris se acaba de casar hace menos de tres meses, y los tres estamos en busca de una casa con un sótano donde pueda vivir. Él todavía me quiere en su vida. Yo crecí con una madre soltera, por lo que es como el padre que nunca tuve.

En la actualidad tengo un gran trabajo, y estoy cursando la licenciatura en análisis de datos. He tenido citas, pero mis gustos han cambiado. Estoy buscando a alguien de mi edad. Supongo que, a medida que he crecido, las cosas se tratan menos de tener sexo y más sobre encontrar a alguien para compartir mi vida. Espero que esto no suene a discriminación contra la vejez, pero estoy buscando a alguien de mi generación ahora. Quiero a alguien con quien envejecer juntos.

Lauren, 27

Todo lo que hice mientras estudiaba fuera de casa en Oxford era leer, escribir y tener relaciones sexuales.

Mis compañeros pasaban sus días bebiendo pintas y comiendo pescado y papas fritas de la tienda de al lado. Se trataba de mí, una chica, y cuatro chicos, en un apartamento de tres pisos. No nos juntábamos con mucha gente británica. Eran tiempos oscuros.


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Mi roommate Tommy ya se había acostado con otra chica en la casa, pero entonces él y yo empezamos a tener relaciones sexuales con frecuencia. Nos empedábamos y teníamos el mejor sexo que he tenido. Terminé yendo a un partido de polo con Tommy fuera de Londres. Nos habíamos vestido formalmente, y fue muy divertido. Pero luego nos emborrachamos, y le dije cosas horribles. Lo llamé un maldito psicópata y me burlé de sus tatuajes. Me comporté como una idiota. Me sacaron del partido de polo.

Hacerlo de perrito en una casa con otros cinco roommates era bastante divertido. También me sentía muy cachonda porque lo estábamos a escondidas. Sólo lo he visto una vez desde entonces. Vino para quedarse conmigo, y tuvimos sexo una vez más, y entonces lo bloqueé de todo. Ahora tengo un roommate hombre, y somos como hermanos. Pero nunca más me acostaré con un roommate de nuevo. Las cosas se ponen raras bastante rápido. Y entonces hace que todos los demás se sientan raros en el apartamento. Ya lo superé.

Scott, 50

Vivo en Denver y trabajo en la industria de viajes. Normalmente he vivido solo, pero el año pasado tuve un roommate durante seis meses que conocí en Grindr. Al principio nos reunimos para un acostón y yo quería seguir saliendo, pero él no estaba interesado. Sin embargo, necesitaba un cuarto donde quedarse, así que le renté uno por 400 dólares (7,500 pesos) al mes. Una vez que se mudó, estuvimos de acuerdo en que ya no podíamos acostarnos.

Era de Pakistán, y cocinaba platillos deliciosos casi todos los días, que sin duda era agradable para mí. Después de la cena, preparaba una taza de té inglés, y veíamos sus telenovelas paquistaníes en YouTube. No entendía una sola palabra, pero sabía exactamente lo que estaba pasando. Entonces le daba un masaje de pies, y él se iba a dormir. En cierto modo, éramos como una pareja casada, sin sexo. Fue una relación dulce y agradable, pero sin la tensión sexual ni ningún tipo de estrés.

En general, en verdad lo disfrutaba, y hoy en día lo extraño. Una vez que se mudó, volví a vivir solo. Fue una de esas experiencias raras y especiales que en ocasiones se presentan en la vida. Gané un amigo adorable —seguimos en contacto y tenemos buenos recuerdos de nuestro tiempo juntos.

Cuando usas aplicaciones para salir con gente, es muy probable que no vayas a encontrar a nadie confiable, alguien con quien realmente puedas contar. Pero algunas veces encontrarás a alguien especial. Así que no descartes a nadie.

Amanda, 28

Soy una bartender y vivo en Bushwick, Brooklyn. Puedes llamarme hipster si quieres, pero prefiero evitar el término. No obstante toco los teclados y el bajo en dos bandas.


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Vivía en esta casa estilo punk durante un año. Estaba infestada de ratas. Muchos de estos espacios en Bushwick, que uno mismo acondiciona, tienen lofts cama adentro, parecidos a cubículos diminutos. Ahí fue donde conocí a Nate. Vivíamos muchos en ese espacio. Nate y yo éramos amigos desde hace muchos años, pero nunca nos habíamos acostado.

Una noche, mucho muy borrachos, salimos de un concierto y nos fuimos a su habitación, que era particularmente vulnerable a las ratas porque estaba al lado de la cocina. Estábamos cogiendo cuando vimos salir a las ratas, y él les tiene pavor. Se puso como loco. Corrió hacia la puerta con los pantalones aún en los tobillos. Y nunca nos acostamos de nuevo.

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