Alessa, mujer trans, trabajadora sexual y activista asesinada en la CDMX

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Violenta CDMX

Alessa, mujer trans, trabajadora sexual y activista asesinada en la CDMX

Fue encontrada en un cuarto de hotel de la colonia Obrera. El asesino sigue libre.
25.11.16

Fotos por Ernesto Álvarez

Dos compañeras de Alessa, la chica trans asesinada en la madrugada del jueves 14 de octubre, trabajan en el comercio sexual durante la noche. Fotos por Ernesto Álvare

Cuando Laura (no usamos su nombre real por motivos de seguridad) despertó en su cuarto de hotel, preguntó en la recepción por Alessa, con quien compartía habitación, y le dijeron que no había pasado la noche ahí. No se llevó ni su bolsa, por lo que asumió que no podía haber ido muy lejos. Salió a buscarla, pero nadie la había visto. Cuando volvió al hotel, cerca de las tres de la tarde, la policía sacaba el cadáver de su amiga. Lo encontró el personal del hotel en el cambio de turno.

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El Caleta es un pequeño hotel ubicado en la calle Juan de Dios Peza, que indica su presencia con un cartel vertical de antaño y tiene apenas seis lugares para aparcar coches a un lado del edificio. A media cuadra está la Calzada de Tlalpan y a unos 30 metros hacia el lado contrario hay un altar de la Virgen de Guadalupe. El hotel está rodeado por las casas bajas de la Colonia Obrera, justo en el tramo que queda entre los metros San Antonio Abad y Chabacano.

Hotel en la Ciudad de México. Alessa fue asesinada por asfixia, según el acta de defunción. Horas después de su muerte, el cuerpo se encontró en el Hotel Caleta de la calle Juan de Dios Peza, en la colonia Obrera. Gis, una de las responsables del papeleo fúnebre, contó que el asesino no fue identificado y las autoridades redactaron un documento en el que pretendían afirmar que se había suicidado.

Alessa Flores trabajaba en una esquina cercana al Caleta. En el hotel permiten que algunas trabajadoras sexuales de la zona brinden ahí su servicio. Ellos mismos lo facilitan para que las chicas no tengan que levantar a los clientes en la calle. A veces sólo se meten a los hoteles a descansar, como esa ocasión, tras un día de trabajo.

"El cliente pidió a los encargados del hotel una chica, pero a ellos no se les hizo raro. Vestía todo de negro. Hay cámaras afuera y también en el hotel, pero nos dijeron que en las imágenes no se le ve la cara. Alessa me dijo: 'Espérame aquí, voy atender un cliente'. Ya era medianoche y yo me quedé en nuestra habitación. Era la 14 y ella fue a trabajar a la 11, que está sobre el mismo pasillo", cuenta Laura. Eran las 11 de la noche. Laura, su compañera, fue la última persona en verla viva. Tenía 28 años cuando la mataron.

Días antes que mataran a Alessa, un comandante de nombre Gustavo, integrante de la Fiscalía Central para la Investigación de Homicidios de Azcapotzalco, buscaba a Kenya con urgencia, preguntando por ella a sus compañeras de la esquina de la Nissan de Puente de Alvarado y Aldama. Kenya es una de las tres chicas que fueron testigo del asesinato de Paola, otra trabajadora sexual de la Ciudad de México, que sucedió menos de 15 días antes que el de Alessa y continúa impune.

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De una u otra forma sus muertes quedaron unidas por algo más que su proximidad en el tiempo y la respuesta de sus compañeras, que las hermanaron en el reclamo. También para la justicia, estas muertes están ligadas: el comandante de homicidios que buscaba a Kenya pretendía informarle que la investigación del asesinato de Paola pasaría a su égida. Para cuando logró hablar con él, también la investigación sobre la muerte de Alessa estaba en sus manos.

Sobre una posible relación entre los casos, Kenya señala: "Mientras este sujeto este libre, no podemos descartar nada. Lo clave es lograr una orden de reaprehensión de Arturo Delgadillo —el inculpado que dejaron libre—, porque mientras el asesino de Paola esté libre, ninguna de nosotras va a estar segura"

Funeral de Alessa. Al velorio asistieron varios miembros de ONGs y partidos políticos que tomaron el control de la situación marcando limites a las personas del lugar.

ADIÓS, ALESSA

La madre de Alessa estaba en shock, con la cara enrojecida y entre palabras cortadas rechazó amablemente hablar con la prensa. Gislenne, amiga de Alessa, intercedió por ella en las puertas del Instituto de Ciencias Forenses (INCIFO), en Niños Héroes, en la colonia Doctores, el viernes 14 por la tarde. Ella también se hizo cargo del funeral y fue quien reconoció el cuerpo en la morgue: "vi sus tatuajes, me acerqué, la olí y vi sus marcas. Estaba en rigor mortis con las piernas abiertas y los pies en punta, tenía un hematoma en la espalda alta y un corte ascendente a la altura de las costillas, de izquierda a derecha. La nariz, los labios y la barbilla reventados". Según el parte forense, su muerte fue por estrangulamiento con una sábana.

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Un par de horas más tarde su familia logró que les entregaran el cuerpo y la velaron en el mismo lugar que a Paola, en la salas de Garduño, en la Colonia Morelos. A la medianoche el lugar seguía lleno de gente. El clima era triste y tenso. Estaba su familia, las compañeras de trabajo y también una buena cantidad de organizaciones feministas y de diversidad sexual, ya que Paola era activista. ¿Tuvo que ver su activismo en su asesinato? Daniela Cerón dice que no, que Alessa nunca tuvo problemas por eso. Daniela es integrante del Movimiento de Diversidad Progresista, la suya fue una de las organizaciones civiles que reaccionaron ante la muerte de Alessa y que se sumaron a las otras mujeres trans que estaban en pie desde el asesinato de Paola.


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"El Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en la Ciudad de México (COPRED) se sintió presionado por los casos y nos convocó a las organizaciones sociales a una reunión con su directora, Jacqueline L'Hoist y la subprocuradora de justicia de la Ciudad de México para entablar acuerdos y acciones a llevar a cabo", cuenta Daniela. El día anterior Kenya había sido citada a la Asamblea Legislativa del DF junto a su compañera Abigail y Rocío, del Centro de Apoyo a Identidades Trans. Días después, las citó la senadora Angélica de la Peña, del PRD. Todos se comprometieron a atender el tema, sin dar ninguna respuesta concreta a los problemas del acceso a la justicia y a la seguridad para las que siguen en las calles.

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Harumi es una activista independiente y lleva 18 años en el trabajo sexual. Trabajaba junto a Alessa en Chabacano. "Conocer lo legal te permite aprender a defenderte, a ti misma y a las demás, a pesar de no tener más que la primaria completa. Todas tenemos miedo, pero también tenemos que exigir por nuestras vidas y nuestros derechos. Alessa invitaba a la sociedad a que evolucionara y nos fuera aceptando más. Las de Chabacano la aceptamos en su totalidad, no somos celosas con nuestro trabajo. Ella venía de Reynosa, a dónde se había ido a trabajar a los 17 o 18 años".

Otra compañera que vino de Reynosa dice que aunque la conoció en la Ciudad de México, descubrieron amigos en común. "Comenzamos a migrar para México por la cantidad de muertos que había día con día. Todo eso no pasa en la tele, en Reynosa no hay ley, la ley la hace uno. Además nos cobraban cuota aunque no trabajáramos, y si no, te pegaban y te corrían. Las mataban tan horrible que todas nos quisimos ir, todo el mundo se fue de ahí".

La charla con sus compañeras fue interrumpida por la tía de Alessa, quien agradeció a los presentes. "Gracias por haber apoyado a mi sobrino en todo, por sus muestras de cariño. Él siempre estuvo en contacto con mi hermana y lo hemos querido como es".

En la madrugada del sábado 15 de octubre, su madre se llevó el cuerpo de Alessa a Tabasco para enterrarlo en su lugar natal.

Araceli, una compañera de Paola y Alessa, reparte panfletos durante la madrugada del miércoles en varios puntos (lugares para el comercio sexual en la calle) para convocar a una manifestación por los asesinatos sin resolver de sus colegas.

ALESSA VIVA

Dos días antes de volver a las calles a exigir justicia por sus compañeras asesinadas, las chicas convocaron a una conferencia de prensa y llenaron el lugar. Las denuncias giraron en torno a la libertad del asesino de Paola, un cliente que la subió a su auto y la mató menos de cinco minutos después, sobre la Avenida Puente de Alvarado, el 30 de setiembre. El juez Gilberto Cervantes Hernández dejó en libertad a Arturo Delgadillo argumentando que el Ministerio Público no le brindó las pruebas suficientes para saber qué fue lo que pasó dentro del auto, porque Delgadillo dice que el arma que él traía se disparó cuando forcejearon. La bala atravesó a quemarropa el corazón de Paola. Del asesino de Alessa se sabe menos, y sus compañeras insisten en que es importante conseguir alguna imagen del tipo en las cámaras del hotel, aunque sea parcial, para difundir entre las trabajadoras como medida de protección.

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Otras, como Araceli, que viene de Tijuana, insisten en que el reclamo de justicia tiene que ampliarse al del reconocimiento de su ocupación como un trabajo independiente para que eso les permita empezar a acceder a los beneficios sociales que tiene cualquier otro trabajador, ya que las condiciones en las que malviven las chicas es la primera de las inseguridades.

Kenya y Areceli reparten volantes en varios puntos para convocar a una manifestación por los asesinatos sin resolver de sus colegas.

Terminada la conferencia se organizaron en tres grupos para ir por los "puntos" a convocar a las trabajadoras sexuales. Éstos son lugares de la ciudad donde la tolerancia se ganó a fuerza de aguantar corretizas de la policía y horas en los separos. Tlalpan, Calzada de Guadalupe, Revolución, Sullivan, Insurgentes, Ejército Nacional, Marina, Misterios, Tláhuac, Cuitláhuac, Zaragoza, Eduardo Molina y Condesa. El grupo al que acompañamos se reunió en la Nissan de Puente de Alvarado, dónde un par de chicas volvió a trabajar a la calle. Kenya, Araceli y Alexa recorrieron la Condesa durante la madrugada junto a otras mujeres, militantes feministas que se unieron una vez que Alessa fue asesinada. Buscaron a las trabajadoras sexuales, especialmente a las chicas trans, para sumarlas a la marcha que se realizó el jueves 20 desde el Monumento a la Revolución.

Alexa cree que hay más chicas trans que mujeres en el trabajo sexual, sobre todo en la noche, que, asegura, es de las trans: "aunque hay alguna desvergonzada que se anima a salir de día", dice entre risas. La Condesa, donde suelen estar las más jóvenes, es su zona de trabajo. Conoce todas las esquinas y fue nuestra guía, a pesar de que sólo lleva dos años en la Ciudad de México. Tiene 22 años. Comenzó a trabajar a los 18 años en su natal Guanajuato. "Es un estado muy mocho. Si te agarran en la calle te mandan 36 horas a un separo por prostitución en la vía pública". Alexa es fresca y tiene una carcajada contagiosa, atenta de todo lo que pasa. Kenya y Araceli saludaron a otras trabajadoras mayores, pero la gran sorpresa se dio en una de las esquinas, donde aparecieron una decena de chavitas que estaban trabajando. Ninguna supera los 20 años, la mayoría, por su aspecto y su lozanía, no supera los 18. Ya lucen unos senos voluminosos colgados de sus cuerpos menudos de adolescente. Otras todavía no. Escucharon atentas a Kenya cuando se presentó y les dijo que ya no podían seguirlas matando. Les pidió que se cuidaran y que cualquier cosa que pudiera pasar, le podían avisar a ella.

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Araceli, compañera de Paola y Alessa, después de una reunión en el Senado de la República. La senadora que las recibió se comprometió a presentar su pliego petitorio al pleno de la cámara y ahí elaborar puntos de acuerdo, pero no dio ninguna solución directa a los reclamos de las chicas.

"NO SOMOS INFILTRADAS, SOMOS LAS TRANS Y ESTAMOS EMPUTADAS"

La concentración fue de día, por lo que se pudo apreciar la variedad de chicas, de cuerpos e historias que normalmente se resguardan en la noche y las esquinas. También hay historias tristes. Platicamos con los padres de Athziri Yael Vázquez Pérez, una adolescente de 16 años que desapareció el 4 de octubre, cuando salió camino a su escuela, el Cetis 57. "No se llevó nada de su ropa, sólo un perro que le había regalado una chica, Mariana Bautista, que tiene 25 años y es originaria de Tabasco. Athziri dejó una carta diciendo que es lesbiana y que se va con el amor de su vida. Nosotros no sabíamos de su preferencia hasta que encontramos la carta, pero queremos que vuelva con nosotros, que termine la escuela. No pedimos más que verla y ayudarla a que salga adelante, respetamos su decisión, pero que vuelva con nosotros. La queremos".

"NO MAS MUERTES TRANS EXIGIMOS JUSTICIA", durante la manifestación por los asesinatos de Paola y Alessa.

Alrededor del mediodía se reunió suficiente gente para que la marcha saliera rumbo a Insurgentes y Alvarado. "No somos infiltradas, ¡somos las trans y estamos emputadas!", cantaron durante todo el trayecto. Al llegar a Insurgentes, armaron un cerco humano tomándose de las manos: un cerco de mujeres maquilladas y en tacones que cortó el tránsito.

Antes de la manifestación, los lentes de Andy, colega de Paola y Alessa, reflejan una de las cruces luctuosas.

Primero se presentó Esteban Herrera Ramírez, funcionario de Atención Política y Social al Ciudadano, para negociar la salida de las mujeres que también impidieron la pasada del Metrobús, como lo hicieron una semana antes por la otra compañera asesinada. Rápidamente llegaron los granaderos y las encapsularon. Exigían ser atendidas por el Gobierno Federal para plantear sus reclamos de seguridad, justicia y no discriminación. Lo consiguieron. La marcha pasó a ser escoltada por los granaderos —igual que le hacen a los contingentes anarquistas— hasta la Secretaría de Gobernación, dónde una comitiva de chicas se reunió con Jesús Sandoval Islas, Director de Atención Ciudadana.

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Araceli en la manifestación que bloqueó el tránsito de la avenida Insurgentes y Puente de Alvarado para exigir justicia por las muertes de chicas trans y trabajadoras sexuales.

Seguridad, acceso a la investigación sobre la muerte de Paola aunque no sean familiares directos y justicia para ambas fueron sus planteos. El funcionario sólo se comprometió a enviar un oficio para que se atienda el pliego petitorio que las mujeres envíen a la Subprocuraduría de Justicia de la Ciudad de México, señalando las fallas en la investigación del caso Paola.

Grupos feministas colocan engrudables en el Metrobus exigiendo justicia para mujeres trans y trabajadoras sexuales.

El resto de las chicas esperó afuera, detrás del cerco permanente de metal que resguarda estos edificios. Con ellas se quedaron estudiantes solidarios y chicas trans de todos los estilos, con sus distintos grados de acercamiento a la figura femenina, a qué es lo que la hace sensual y por tanto, cuáles son esos puntos del cuerpo que deben retocarse. Moldear el cuerpo para que se acomode a la idea. El costo es bastante alto por lo barato del procedimiento. Está clínicamente comprobado que las inyecciones de aceites que se hacen en el cuerpo —glúteos, cadera y piernas, principalmente— provoca una epidemia silenciosa entre las chicas trans. El aceite se mezcla con la carne provocando infecciones y haciendo que sea imposible separarlos ya.

La manifestación fue encapsulada con empujones, toletazos e insultos por la policía. Como resultado de la negociación, las manifestantes fueron recibidas por Jesús Sandoval Islas, Director de Atención Ciudadana en la Secretaría de Gobernación, quien no estaba informado acerca del problema y sólo ofreció apoyo con un oficio para que se atienda el pliego petitorio que las mujeres dirijan a la Subprocuraduría de Justicia de CDMX con las fallas en la investigación del caso Paola.

Andrea explica que un litro del material inyectable cuesta unos mil 300 pesos y que el procedimiento puede costar otros 3 mil más. Son otras compañeras las que lo hacen, en sus propias casas. La cirugía de implantes de seno cuesta diez veces más: entre 30 y 45 mil pesos.

Andrea tiene 26 años y llegó a México desde Acapulco. Platicó con nosotros mientras sus anteojos redondos de cristal amarillo resaltaban más su pelo dorado. Pronto cambiará su nombre de varón a Andrea, aunque duda y no sabe si será mejor hacerlo a Andy, porque piensa que tal vez no sea trans toda la vida: "Es que con el tiempo se terminan viendo ridículos, como viejitos con peluca".

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Las chicas se organizan para jugar una "reta de fucho" después de ponerse de acuerdo sobre las acciones que seguirán para con los casos.

AMABA LA VIDA

Terminada la acción, las chicas y las activistas se reunieron en La Gozadera, un centro cultural feminista que les dio alojo durante la última semana, en la plaza de San Juan, en la Colonia Centro. Alessa frecuentaba ese lugar y mientras las chicas en su nuevo traje de activistas discutían en ronda los resultados de la acción de esa tarde, el sitio permitió rescatar las voces de quienes compartieron su vida.


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Nathan la conoció en un festival de arte y diversidad sexual en Ecatepec, hace un año. Jessica la conoció en el Centro Cultural Border, en una actividad llamada Multiverso Trans; Lía la conoció cuando Alessa la entrevistó para su canal de Youtube (Memorias de una puta!!!) sobre el trabajo, el quehacer político y las necesidades de una chica trans. Todos la recuerdan como alguien alegre, aferrada a la vida. Por eso para Gislenne, cuando el Ministerio Público intentó que la madre de Alessa firmara un papel en que reconocía que su hija se había suicidado, la indignación fue mayor. "Ella amaba la vida", dijo Gislenne. Eso también explica la turbación de su madre a la salida del INCIFO.

Una de las chicas trans juega un partido de futbol callejero. Después de la manifestación, la negociación y la plática para coordinarse con las siguientes acciones y jugar un partidito de fucho, algunas chicas tendrán que ir a trabajar en el comercio sexual.

Gislenne no estaba de acuerdo con que Alessa defendiera el trabajo sexual, pero entendía que su amiga quería que la gente se diera cuenta que no es un trabajo sencillo y que merece más respeto que el que se le da.

Tair cuenta que "su enfoque iba más allá de ponerse en el lugar de la víctima a la que no le queda más remedio que trabajar en la calle. Ella lo hacía con orgullo y se autodenominaba 'puta', revirtiendo la carga negativa de la palabra. Alessa siempre decía que todos cuando trabajamos vendemos el cuerpo, pero que sólo a las prostitutas se les recrimina porque lo hacen de forma pública".

Esa agudeza en el análisis la llevó a integrarse a la Red de Juventudes Trans, junto a Jessica y Lía, "la novia sirena". Habla Jessica: "La última vez que la vi fue en esta banca, aquí afuera de La Gozadera. Ella siempre nos presentaba muchos contrastes. Recuerdo la manera que tenía para hablar de la soledad, algo que muchas queremos ocultar. Alessa hacía comunidad con su carácter, su valentía y su sonrisa. Cada tatuaje en su cuerpo tenía que ver con un episodio de su vida. En la mano llevaba la palabra 'TRANS' tatuada, como si su cuerpo fuera un territorio conquistado, su presencia era política por todo lo que ella enunciaba y cómo vivía lo trans, en dónde estuviera".

Un huevo que fue arrojado desde un auto hacia una de las trabajadoras sexuales en la Calzada de Tlalpan, en la Colonia Obrera, horas después de la manifestación por los homicidios impunes de sus compañeras. La violencia en las esquinas persiste solapada por la oscuridad y las autoridades de la Ciudad.

Alessa se había vinculado con otros ámbitos de la lucha por la diversidad sexual, a los que les presentó una íntima visión de la dura vida de trabajar en la calle. Su muerte acercó a sus compañeras trabajadoras sexuales con organizaciones feministas, que aunque se solidarizaban con la violencia sufrida por las chicas, no se habían arrimado hasta ahora. Las que organizaron la protesta analizaron que a pesar de no haber conseguido un compromiso claro del gobierno, lograron ser recibidas. El Poder Judicial sigue sin reconocerlas como parte en el caso de Paola, porque no son familiares directos. Ese es uno de sus reclamos. Mientras tanto, igual lo logran en los hechos y en las calles. Con cierto aire de misión cumplida, las chicas se relajaron y jugaron un partidito de fútbol improvisado, un tres contra tres que duró unos 15 minutos antes de que a todas se les agotara el aire. Andy dice que ella jugaba en un equipo de puras trans y que lo hacían contra equipos de hombres. Iban derribando barreras, algo que toda mujer debería aplaudir desde la tribuna.