En sus inicios, los videos musicales eran una especia de películas cortas con narrativa, tanto que dejó de importar si la canción tenía relación directa con la historia que se desarrollaba o si la banda aparecía en él o no. El video se convirtió en una entidad por sí mismo, un filme con su propio mérito. En algunas ocasiones, la historia es lo suficientemente épica como para tener una secuela y, rara vez, una trilogía.
