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Es por eso que veo en "Pequeños Gigantes" una suerte de fogueo y preparación por los futuros protagonistas de "Hermano Mayor", un generador infalible de frustraciones, traumas y sentimientos de culpa que tarde o temprano tienen que explotar por algún lado. Esa insistencia paterna o materna en el triunfo artístico de sus niños no puede salir gratis. De una u otra manera te tiene que acabar volviendo cual boomerang. La venganza es un plato que se sirve frío. Y siempre en la adolescencia.
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Ayer vimos a un niño rapero que va de gracioso. Que va demasiado de gracioso. Es aquello de que le han reído las gracias sistemáticamente y ya no hay freno posible. A ver cómo le dices que no tiene gracia. A unas cuantas niñas bailarinas, como tantas otras que hay por España y que no aspiran a nada serio. Simplemente bailan porque les gusta, no porque crean que tengan un talento especial o diferente. A un chaval que imitaba a Raphael y que con 12 años se declaraba fan de Los Brincos. Yo que sé, tú, quizás es cosa mía pero yo estaba convencido de que en 2015 los preadolescentes escuchan rap español, hacen skate y se pasan el día jugando a la Play.Es indudable la responsabilidad de sus padres, a fin de cuentas cuando tienes esa edad imitas y te alimentas de lo que ves en casa, pero de la misma forma que hay padres cansinos empeñados en convertir a sus hijos en lo que no son, también hay niños que vienen así de fábrica, niños a los que realmente les gusta verse involucrados en toda esta dinámica.Y es que ese es otro gran tema: este tipo de programas, como también sucedía en "Tú Sí Que Vales" o en "La Voz Kids", se nutren de una fauna muy habitual y solicitada en televisión. Son los niños adultos, esos críos repelentes que hablan, gesticulan y se comportan como señores, la antítesis de lo que podríamos entender como un comportamiento natural y lógico para un pobre chaval de 6 o 8 años. Es algo parecido a lo de meter animales en un plató: por alguna extraña razón los directores de programas consideran que es un recurso televisivo infalible que gusta y funciona. Y nosotros en casa tragando.El niño adulto provoca rabia inmediata, pero no es lo más importante. Lo más importante es que el niño adulto genera auténtico miedo y pavor, porque nunca tendrás más clara la fisonomía del fracaso y el batacazo que cuando ves a alguno de estos pobres aspirantes actuando como si tuviera 45 años. El caso Joselito no es una anécdota, es mucho más que eso: un aviso para navegantes y una lección que conviene tener bien aprendida.