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'Interstellar': Nolan hace películas XXL (y nos gustan)

Liberado ya de la exitosa sombra de El Caballero Oscuro, el director plantea una personal revisión de la historia de la ciencia-ficción.

Este mundo está lleno de propuestas de ocio cansinas y por eso sabemos apreciar los planes divertidos que invitan de verdad a despegar el culo del sofá. Cada semana, AXE te descubre la cultura, viajes, tendencias y arte que hacen que valga la pena vivir. Soñemos con un planeta menos asqueroso.

​Si cuando vas a un buffet libre te llenas siempre el primer plato hasta los topes y luego repites. Y cuando una hamburguesa se puede saturar de complementos y salsas por solo un euro, no dudas un segundo y das tu sí con una confianza brutal. Vas a entender muy bien por qué ​Interstellar es una película XXL. Talla extra, todo excesivo. Desde su metraje (162 minutos), hasta el estruendo que sus sistema de sonido expande por la sala, pasando por los planos silenciosos en el espacio, donde nos mete (literalmente) dentro de un agujero negro. Lo que antes se llamaba cine espectáculo, y que en manos de Christopher Nolan adquiere una nueva dimensión.

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¿Es Nolan un autor o simplemente tiene pillada la medida a las taquillas? Un poco de cada cosa. Y, además, tiene el beneplácito de los estudios para hacer lo que quiere, un aval que se ha ganado a pulso con las tres película de El Caballero Oscuro, su forma de dignificar la imagen de los superhéroes y que ha calado ya en otras franquicias como Superman (Man of Steel). Pero cómo ha llegado hasta aquí un tipo que hacía películas pequeñas como Memento (que todavía cuenta con fans fieles que la recuerdan entre lo mejor de su filmografía).

Su gran acierto ha sido tomar el sentido del espectáculo de los directores clásicos de Hollywood y adelantar -sin dar intermitentes y por la derecha- a otros que llevaban tiempo intentando devolver la épica al cine como Ridley Scott. Con Interstellar ha tocado techo con su fórmula. Está claro que tendrá muchos detractores, las películas personales corren ese riesgo, y sus múltiples divagaciones científico-filosóficas a veces se atascan con una miga de pan de esas puñeteras. Pero el que consiga engancharse a este Nuevo Testamento moderno -la película está salpicada de paralelismos bíblicos- quedará fascinado por su sentido del ritmo y del espectáculo.

Imagen ​vía 

Nolan sabe la verdad de (casi) todo

El año pasado triunfó a todos los niveles Gravity una película de astronautas. Ante este dato, la lógica del mercantilismo cinematográfico obligaría a aparcar proyectos espaciales durante un tiempo, a no saturar a la audiencia. Pero como hemos dicho, con Nolan parece que no valen las normas, aunque estén escritas por los grandes magnates de la industria. Así que el director de Origen se ha soltado su particular revisión del género. ¿De qué género? ¿De la ciencia-ficción anticipativa? No, de todo el género. Y lo hace con un film que arranca a ras de suelo, viaja hasta una galaxia desconocida y aterriza no se sabe muy bien dónde. Pero allí el espectador se siente como en el paraíso de las imágenes y los sonidos. Del cine.

Su maniobra consiste en fundir la divulgación de aquella mítica serie Cosmos de Carl Sagan, con el espíritu de 2001, una odisea del espacio, de Kubrick; la espiritualidad de Contact, de Zemeckis sobre una historia también de Sagan, con el juego espacio-temporal de 12 monos de Terry Guilliam, que a su vez se inspiraba en la esencial La Jetée, de Chris Marker. Un cóctel imposible, que hay que agitar con buen pulso para que los astronautas no se mareen en el espacio y el espectador no acabe apabullado por tanta información. O arrasado por una sencuencia de esas de 15 minutos que tanto gustan a Nolan, en las que llega a fundir tres historias en una, mientras la música de Hans Zimmer invita al subidón adrenalítico. Y lo consigue.

Y si antes hablábamos del miedo a no saturar, el triple salto mortal es darle el papel principal a ​Matthew McConaughey unos meses después de ganar el Oscar (Dallas Buyers Club) y de convertirse en historia reciente de la tele gracias al éxito de True Detective. Además, debe salir en el 90% de los planos de la película. Su papel es el de un padre de familia convertido en héroe por accidente. Hasta esto podría resultar tópico, ya lo eran Tom Cruise en La Guerra de los Mundos o Brad Pitt en Guerra Mundial Z. Pero en manos de Nolan, las tallas XXL le sientan bien a cualquiera. Pasen y disfruten del gran espectáculo del cine.