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Health

Estos son los estereotipos que las personas con VIH no paramos de aclarar

Miguel Caballero es, entre otras muchas cosas, un activista que lucha contra la estigmatización de las personas con VIH. Hoy rebate algunos de los argumentos contra los seropositivos que más ha tenido que escuchar a lo largo de su vida.

por Miguel Caballero
26 Octubre 2016, 4:00am
Miguel Caballero está acabando su tesis sobre arquitectura iberoamericana y está dando clases en la Universidad de Princeton. Además, escribe en el blog ASS sobre artistas y activistas en cuyos trabajos el VIH ocupa un lugar preeminente.

Mi generación (los nacidos en los 80 y los 90) tiene dos actitudes frente al VIH y la salud sexual en general. O la estrategia del avestruz ("esto no va conmigo, yo meto la cabeza bajo tierra y hago como que no me entero", hasta que me la clavan por detrás. Y sin lubricante) o el pánico profundo desde que de niños vimos Philadelphia y entendimos que nuestro único destino en la Tierra era gozar para morir lenta y dolorosamente.

¡Cómo os gusta un buen drama! Pero dejemos los dramas de momento y bajemos al mundo de hoy. Ni la ignorancia del avestruz ni las campañas del pánico salvan a nadie de nada.

Hablemos sobre salud sexual, y hablemos claro.

Yo soy seropositivo, y como no es una cosa que uno lleve escrita en la frente, pues de vez en cuando me veo envuelto en conversaciones en que gente que no tiene ni idea de VIH habla con total seguridad sobre las personas con VIH. Si me descuido, hasta me explican a mí mi propia vida y condición.

Estos son algunos de los estereotipos que oigo con más frecuencia.

1. Tiene VIH, debe de ser una zorra

Pues un poquito cerdas sí que somos. Como todas. Tú también, Mari Carmen. Las Mari Carmen están estigmatizadas en este país. Eso sí, el VIH no se transmite porque te metas en muchos revolcones. Con una relación sexual basta. O a lo mejor tienes un millón y nunca te pasa. Por no hablar de que el sambenito de zorra siempre le cae la mujer que folla mucho, no al hombre.

Los que tenemos un diagnóstico de infección de transmisión sexual seguimos cargando con el estigma moral que arrastra todo lo que conlleve sexo. No te voy a contar el doble estigma con el que cargan las mujeres con VIH. Pero lo cierto es que, moralmente, no hay nada más reprochable en ser seropositivo que en tener la gripe. Y en absoluto hay que ser zorra para tener VIH. La teoría dice que se infecta quien tiene sexo sin condón. La práctica, cuando uno oye los casos particulares de las personas con VIH, es infinitamente más compleja. El problema es que estamos silenciados, y nuestros casos particulares, alrededor de 150.000 en España, no se oyen. Todos conocemos a alguien con VIH, aunque no lo sepamos.

2. Yo los respeto, pero personalmente no compartiría piso con alguien con VIH

A ver: ¿con qué frecuencia succionas la sangre de tu compañero de piso, te tragas su fluido vaginal o su semen? Si eres de los que succiona sangre, das un poco de mal rollo. Si te van los fluidos ajenos, ponte un condón y listo. Que por cierto, hoy en día la ciencia nos dice que si la persona tiene la carga viral indetectable, no hay posibilidad de transmisión, así que bienvenidos los fluidos. Y si es detectable, pues condón y ya. Si quieres, vamos; aquí cada cual que decida sobre su cuerpo. Todo esto si tienes una relación muy intensa con tu compañera o compañero de piso.

Si tu relación es más de "buenos días", "buenas noches", "¿quién se ha comido mi yogur?", de lo único que tienes que preocuparte es de no comerte los yogures que no son tuyos. La convivencia no es una relación de riesgo. Una persona con VIH puede cocinar para otros, usar la misma taza del váter, la misma ducha, hasta compartir vasos, cubiertos y pajitas. La única precaución es bastante básica: no usar la misma cuchilla de afeitar ni el mismo cepillo de dientes (yo la verdad es que te recomendaría que no compartieras estos objetos de higiene personal con nadie, seropositivo o seronegativo. Es un poco feo).

3. Por si acaso, prefiero no acostarme con alguien seropositivo

Muy bien, muy inteligente decisión. Quizás un poco tarde, porque probablemente ya te hayas acostado con alguien con VIH sin saberlo. Pero sí, buenísima decisión. Yo también la tomé hace unos años, cuando era seronegativo. Conocí a dos chicos, una pareja, que estaban para comérselos, y la atracción era mutua, ellos me querían comer a mí también. Me propusieron una copa en su casa, y tú ya sabes lo que pasa con una copa encima y dos tíos que están riquísimos. Pero con todo el mejor rollo del mundo me dijeron que ambos eran seropositivos, que usáramos condón, y que hala, que ¿cuándo nos íbamos por la copa? En ese momento yo desaparecí del mapa. Me cagué ante la seguridad de ellos, su contundencia y control de la situación. Yo era un ignorante de la vida, muy mal informado sobre el VIH, y me rajé.

Uno prefiere pensar que el VIH no existe, asumir que todo el mundo es seronegativo, y hacer lo del avestruz. Porque tomar decisiones informadas es difícil. Porque la libertad basada en el empoderamiento es difícil. Yo pensaba que evitando a las personas que me decían que eran seropositivas estaba evitando el VIH. Así hice siempre, evitarlos. Hoy, que escribo como seropositivo, no puedo quitarme de la cabeza a aquellos dos tíos.

4. Tiene VIH, se le nota

"Se te nota en la mirada que vives enamorada". Pero, ¿el VIH? ¿Cómo se nota el VIH?

Durante años, las medicaciones eran muy agresivas y producían visibles efectos secundarios, aunque ninguno exclusivo de las personas con VIH y/o en tratamiento antirretroviral. Quiero decir, que el mismo efecto visible, por ejemplo, la lipodistrofia —carencia de grasa en algunas zonas del cuerpo— podía padecerlo también una persona seronegativa por otros factores.

Hoy día no hay nada en la apariencia externa de una persona que indique que tiene VIH, así que dejemos de buscarlo. Hay personas con VIH delgadas y personas con VIH gordas, hay pibones, góticas, culturistas, enclenques, de buen ver, ratones de biblioteca y gogós de discoteca, apretadas, dejadetes y exuberantes. Hay de todo en la viña del Señor seropositivo. Estamos físicamente como cualquier otra persona, con la misma esperanza de vida y generalmente la misma calidad. Y si por cualquier razón no es así, habrá que echar una mano, en vez de apuntar con el dedo.

5. Por responsabilidad, debería decir a todas las personas de su entorno que es seropositivo

Y los que no saben que tienen VIH, habría que obligarlos a que se hiciesen el test.

O sea, habría que obligar a toda la población a que se hiciese el test cada tres meses. Pues los estudios científicos nos dicen que la inmensa mayoría de transmisiones se producen a partir de personas que no conocen su estatus serológico. Y luego los metemos a todos en cuarentena hasta que no tengamos una cura definitiva. Un poco bestia, ¿no? ¿No sería más fácil que cada cual se responsabilizase de su cuerpo, y ya? Si tú no usaste condón, fue decisión tuya, no del otro o la otra, tenga o no VIH. Pero obligar a las personas con VIH a revelar su estatus serológico en un contexto en que nadie está mínimamente informado sobre salud sexual es como lanzarlos a los leones.

Construyamos una sociedad más formada y empoderada con respecto a la salud sexual, y hagamos que las campañas visibilicen a las personas con VIH, que contemos nuestra historia en primera persona. Basta de campañas del miedo. Es mucho más fácil y efectivo sentarnos a hablar sin tabúes ni condiciones.

6. Yo soy muy tolerante, pero no creo que alguien con VIH deba ser cocinera o camarero

Tolerantísimo, te vamos a dar una medalla a la tolerancia. ¿Por qué una persona con VIH no puede ser cocinero/a o camarero/a? Yo me he criado en el restaurante de mis padres (freiduría, ¡que somos del sur!) y luego fui camarero todos los años de la universidad. Para ser camarero o cocinero, uno no tiene que ser seropositivo o seronegativo, tiene que ser simplemente higiénico.

No es que nadie vaya sangrando por las cocinas, pero si se hace un corte, se tapa y se limpia bien el cuchillo. Vamos, lo normal, tengas el seroestatus que tengas. Piensa además que el VIH no es un virus de fácil transmisión: no se transmite por el aire, necesita una cantidad abundante para poder ser transmitido a la otra persona y necesita una puerta de entrada que generalmente no es el estómago, pues los jugos gástricos lo aniquilan.

No hay ninguna profesión que no podamos realizar: hay personas con VIH que son doctoras, soldados, chefs, panaderas. Nosotros conocemos bien las precauciones para evitar transmisiones, que, al fin y al cabo, son precauciones generales de higiene que todo el mundo debería seguir.

7. Hombre, si tiene VIH, algo mal habrá hecho

Pues mira, ni hemos robado, ni hemos matado, ni somos corruptos, ni explotadores. Nuestro pecado mortal es haber follado. ¡Oh, qué horror! ¡Cómo hemos podido! Y es que la medicina y la religión a veces se unen en santísimo matrimonio.

El diagnóstico y la culpa. Si te diagnostican de VIH, vas a estar rezando avemarías hasta el día del juicio final. O así piensan algunos. Pero, como decía más arriba, cuando uno escucha las historia particulares, todo es más complicado que el póntelo, pónselo.

El sexo no es matemática pura, y alguien puede estar muy convencido de usar siempre protección, pero no hacerlo alguna vez; o de que forma parte de una relación estable y monógama, y resulta que no era tan monógama; o que simplemente os enamorasteis, y comenzasteis a tener sexo sin condón porque dabais por hecho que ambos erais seronegativos; o quizás tu diagnóstico no tiene nada que ver con el sexo, pues naciste con VIH ya que tu madre vivía con el virus en los tiempos en que no había medios para evitar la transmisión vertical. En fin, que en vez de ejercer de sacerdotes en busca de confesión, lo mejor es considerar que el sexo es complejo, pues entran en juego emociones, instintos, miedos y dudas, y que todo el mundo puede terminar haciendo puntualmente lo que nunca pensó hacer.

Yo confieso, padre, que he follado, y que además lo he gozado mucho. Si esa es mi gran culpa, con placer la asumo. Pienso seguir pecando.

8. Es irresponsable tener VIH y no estar en tratamiento

Éste es el típico razonamiento de las personas que van a culpar a otro de lo que les pasa a ellos mismos. A ver, si uno quiere tomar medidas de prevención, que las tome. No depende de los demás para ello. Lo que nos ocurre a las personas con VIH es que desde que recibimos el diagnóstico todos a nuestro alrededor tienen de repente una opinión sobre lo que debemos hacer con nuestro cuerpo. Y no me refiero solamente a médicos. Amigos, familia, amantes, pareja... aunque no sepan lo más mínimo sobre VIH, lo último y único que hayan visto sobre el virus sea Philadelphia (de 1993, señores, que Chabelita no había nacido), tienen una idea clara sobre lo que tú tienes que hacer con tu cuerpo para no ser un riesgo hacia los demás.

¿De verdad quieres ayudarme y prevenir? Infórmate y conversa conmigo sobre el tema. Pero no me pidas que renuncie a la soberanía de mi propio cuerpo, porque es mío, y porque para acabar con una epidemia lo que necesitamos es sobre todo que estemos informados, seamos críticos y tomemos decisiones basadas en esa información, no en el miedo.

9. Tiene VIH, maricón seguro

Yo, como el que más. Tengo matrícula de honor en el diploma de maricón, o de queer, como decimos los modernos. Y es cierto que en países como el nuestro la población de hombres gais y mujeres trans (si nos ponemos binarios) ha sido la más afectada. Pero esto es un arma de doble filo para hombres y mujeres heterosexuales, porque se creen inmunes al VIH, de manera que cuando reciben un diagnóstico no sólo el palo es mayor por lo inesperado, sino que además su entorno va a cuestionar su sexualidad (sobre todo la de los machotes). Oye, que no está nada mal esto de ser gay, yo recomiendo darle una probadita, si os apetece. Ese no es el tema. El tema es que los heteros se creen que esto no va con ellos, y piensan que los preservativos son únicamente para prevenir embarazos. Estrategia del avestruz, craso error.

10. Los seropositivos no deberían presumir de su condición, no son un buen ejemplo

Esto es como lo del Orgullo LGTBQ+, que salen los heteros a reclamar que se sienten muy discriminados porque nadie celebra su día. Conmovedor.

"Hombre, tampoco tienes que ir por la vida contando que tienes VIH, no es nada de lo que uno pueda enorgullecerse". Pues yo sí me enorgullezco, mira. No de tener VIH en sí, sino de no sentir culpa. De alzar la voz en una sociedad en la que todo está construido para que permanezca en silencio. De colaborar a que la opinión de las personas con VIH cuente en los tratamientos médicos, y no seamos simplemente cuerpos que tragan pastillas como Lacasitos. De llamar la atención de mi propio colectivo cuando discrimina a las personas que tienen una carga viral detectable. De no achicarme cada vez que escucho hablar de los seropositivos con asco, con superioridad moral, como apestados o como peligrosos.

El VIH no me ha hecho bajar ni un milímetro mis estándares de lo que es una buena pareja, un buen amante o un buen amigo. Estar conmigo no es un acto de caridad ni de pena. Yo soy el mismo de antes de mi diagnóstico, quizás más consciente y más peleón, también más selectivo. Todo eso me da orgullo, porque lamentablemente el mundo sigue construido para que tras el diagnóstico yo –y tantos como yo– me viniera abajo, dejara que hicieran con mi cuerpo lo que quisieran, mendigara amor y lujuria.

Pues ni de coña.