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Necro: Cuando era niño, mi papá tenía un taller cerca de la línea férrea, entonces recuerdo que, a los diez años, cruzaba la línea del tren y siempre veía esparcidos cadáveres de perros y gatos. Los fui recolectando y enterrando en el patio de mi casa hasta crear un cementerio de animales. Esa fue mi primera obra. Los que estaban todavía con carne los enterraba y a los que estaban con huesos los limpiaba y secaba. Después con los huesos empecé a improvisar mis primeras esculturas. Desde entonces me gustan las estructuras óseas, los cadáveres.¿Compartías este hobby con los chicos de tu edad?
De niño y adolescente siempre fui muy reservado con mis creaciones. No se las mostraba a nadie. Nunca pensé que terminaría vendiéndolas y viviendo de esto. Por ejemplo una vez construí un Pegaso de cinco metros de largo y ancho. ¿Qué tipo persona va a querer tener algo así en el patio de su casa?
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Una vez llegó a mi taller un tipo con un saco lleno de huesos humanos y me pidió que le hiciera una suerte de altar con un cáliz. Me dio la idea y ocupé los huesos que el trajo.

Antes iba a mataderos clandestinos. Decía que eran para estudios anatómicos, entonces me pasaban espinazos y cráneos. Agarraba todos los que podía y me los llevaba en una camioneta para la casa. Una vez fui a un criadero, en un campo, donde estaban tirados cadáveres de vacas y caballos con el esqueleto intacto. Fui en un camión y me traje dos vacas y tres caballos enteros. Estaba feliz. Ese fue el comienzo. Mi idea siempre ha sido reciclar cadáveres y revivirlos mediante mis creaciones. Actualmente trabajo con réplicas, además de materiales como fibra de vidrio, de otro modo estaría haciendo algo ilegal.¿Tienes estudios al respecto?
Estuve un año en la UMCE (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, en Chile) estudiando la licenciatura en artes visuales. Lo abandoné porque estaba descontento del entorno educacional. Tuve un profesor que me dijo: “No te sigas contaminando con este ambiente y encuentra tu propio rumbo”. Soy autodidacta. Mi máxima influencia es Zdzisław Beksínski, un pintor y escultor polaco de estilo gótico. Él trabaja con estructuras óseas. Plasmaba como nadie el terror. Su obra radica en paisajes desolados de guerras y muertes. Sus pinturas, de hecho, son como sacadas del mismo infierno. Su vida también fue infernal: su hijo se suicidó y él murió apuñalado.
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Que la gente tenga conciencia de la muerte. En todo aspecto. Por ejemplo ‘La estatua de la mortandad’ la hice en protesta de la venida de George W. Bush a Chile. Era una versión de la Estatua de la Libertad y fue expuesta para la cumbre APEC, el 2004.

Me refiero a que muchas veces las personas son zombis del sistema. No se rebelan contra él. Y no lo hacen porque tienen miedo. El fin de los gobiernos es mantener a la gente en la oscuridad de la ignorancia. Mientras más sometido está el pueblo, mejor para el gobierno. Mi idea es plasmar ese miedo, ese terror, en mi obra.
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Hace tres años vi, a la dos de la tarde, en el cielo, una suerte de nube que tenía forma de un círculo perfecto. Quedé tan impresionado que empecé a investigar sobre el tema, lo que me llevó a crear esculturas de aliens y diseñar platillos voladores gigantes.¿Cuál es tu película favorita de extraterrestres?
Me encanta Depredador. Él castiga a los que hacen la violencia. Ése es su fin. Por ejemplo en la primera película, él está en la selva y empieza a matar a todos los que hacen la guerra, a los que hacen el mal. Él hace justica con más violencia. En Depredador II, está en el metro y mata a todos los que tiene armas. Me encantaría que viniera Depredador a Chile para que matara a políticos, violadores y pedófilos.Pateando cráneosSumergido en el mundo de las pesadillas, esta semana Necro realizó uno de sus sueños. Se trata de una intervención urbana: el microbús oficial de Black Sabbath en Chile. “Compré un Mercedes Benz del 96 —me cuenta—. Junto a un grupo de trabajo empecé a modificarlo; primero tomamos medidas, luego empezamos a cortar y colocamos maderas para sostener y seguimos con yeso, aislapol y fibra de vidrio. El bus tiene una calavera con cuernos de cinco metros en el frente, los asientos son de fundas negras, y el techo está pintado de color rojo sangre. Se llama Paranoid Bus”.
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Es fuerte: hay letras que me identifican. ‘Paranoid’, por ejemplo, habla sobre los demonios que pasaban por la cabeza de Ozzy. Me recuerda a una época en donde yo tenía un bar que administraba y atendía, el Necrobar, donde después de los conciertos llegaban los tipos de bandas como Obituary, Arch Enemy y Vader. Era una época de muchos excesos. Lo pasé mal, descuidé mis creaciones y me dio estrés laboral, una suerte de crisis de pánico. También me identifica el mensaje de ‘God is dead?’. Cuando estaba diseñando el bus escuchaba seguido ese tema. Habla sobre la necrosis social. Pienso que el mensaje es, dándole un giro a Nietzsche: si Dios está muerto, entonces la gente también está muerta.Necro, ¿qué representas tú dentro del metal chileno?
Siento que de a poco me he ido ganando un espacio. Pero nunca me he hecho esta pregunta. Hago las cosas porque me apasionan. No por el qué dirán. Si bien el metal es mi nicho, yo no uso camisetas de bandas metaleras. Ninguna banda me identifica tanto. Ahora, como seguidor de Black Sabbath, quise darles a los fans un regalo, marcando la diferencia. Un bus como este no lo vas a encontrar en ninguna otra parte del mundo.A propósito: ¿cuáles son tus creaciones más solicitadas por los metaleros?
Me piden cantidades enormes de cráneos con cuernos de chivo.

La verdad es que no creo en el diablo como pueden creer en él otros metaleros. No creo que sea un solo ser. Yo creo que más que el diablo existe gente mala y buena.¿Has tenido contacto con grupos satánicos?
Los contactos que he tenido han sido sólo de negocios. El de los ritos satánicos es un mundo en el que no me meto. Si bien hay bandas satánicas que me han pedido trabajos, a mí no me interesa lo que ellos hagan después con mis obras.Para finalizar: ¿has tenido experiencias cercanas a la muerte?
Sí: una vez haciendo otra escultura para recibir a Bush —una guillotina gigante de de unos 35 kilos—, ésta se me suelta y casi me corta la cabeza. Pasa que le había puesto mal unas barras, entonces cuando estaba amarrándola, para exponerla, la hoja pasó rozándome la cabeza. Fue bien siniestro: casi muero bajo mi propia obra.
