Un paseo por los pazos de los narcos gallegos de los 90

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Un paseo por los pazos de los narcos gallegos de los 90

La comarca de Arousa tiene mucho que ofrecer, pero nunca podrá librarse de que la asocien con el narcotráfico. "Éche o que hai".
6.5.15

Es muy posible que Vilanova de Arousa se indigne con este artículo. Y Vilagarcía de Arousa también. En general, toda la comarca de Arousa. Esta será la enésima vez (cualesquiera que sea el número que ello representa) que se le asocie con el narcotráfico. La comarca de Arousa es mucho más que eso, pero también Ronaldinho era mucho más que un fiestas y siempre se le recordará como un fiestas. Y Fraga mucho más que un exministro franquista y… qué poco se le recuerda como tal. En fin, como decimos aquí, "éche o que hai". Allá vamos.

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Empezamos la ruta de los pazos de la droga como quien se va de ruta turística por Alburquerque, Nuevo México, siguiendo el rastro de Walter White. Pero ojo, aquí todo es real. Y verde y húmedo. No amarillo y seco. Mientras muchos por ahí soñaron con ser Tony Soprano aquí nosotros soñábamos con ser Oubiña o Sito Miñanco. Lo sentimos pero es así. Para muchos los narcos gallegos no solo fueron emprendedores sino héroes. Y mucho ojo porque a apellidos carismáticos está claro que no nos ganan los de las pelis: Miñanco, Charlín, Oubiña, Falcón… Si al final el que tenía el apellido más flojo es del amigo de Feijóo, Marcial Dorado.

El pazo Vista Real. Todas las fotos del autor.

La primera parada de la ruta es el pazo Vista Real de Vilanova de Arousa. El de los Charlines. Fachada majestuosa, piedra noble y vistazas a la ría. De los casi 3 siglos que tiene solo estuvo en manos del clan de los Charlines 4 años. Lo compraron por medio millón de euros en 1991. Calculen ustedes en pesetas. Esos 4 años fueron suficientes para dejar huella. Y ojo, la huella de un gallego "mariñeiro" metido a narco multimillonario no es cualquiera. Una de las grandes averías acometidas fueron dos vidrieras inmensas de cristal de Murano, sello de la reforma al estilo Ecce Homo o #leóncomegamba que estaban llevando a cabo los Charlines cuando la Audiencia Nacional se lo embargó, en 1995.

Dentro ya poco queda de lo que fue. Eso sí, la escalera también tiene sello gallego. Gallego gañán. Vale que uno sea narco, pero dedicarse a destrozar la majestuosidad de una casona tradicional gallega son palabras mayores. Se mire por donde se mire no hay por dónde cogerlo. Qué decir de la chimenea con sus dos criaturas de ángeles custodios. Un claro ejemplo de lo "becerro" que era Charlín y un perfecto exponente de la filosofía del "ti vai facendo" (tu vete haciendo). En definitiva, una reforma que "mete medo". Hace unos años el pazo fue recuperado para los vecinos. Fue recomprado por un millón de euros por el ayuntamiento de Vilanova de Arousa y hay planes para que este verano abra como centro de formación. Sus 24.000 metros cuadrados de finca hace ya tiempo que los aprovechan los vecinos. Un parque para niños y otro para mayores. Y he aquí la prueba de que ello es así.

Segunda parada. Pazo O Castriño. El de "Falconetti". Un galego humilde llamado Luis Falcón al que se le conocía como "Falconetti". Se italianizó o le italianizaron el apellido por aquello del Padrino y Corleone, suponemos, pero Falcón ya de por sí tenía bastante enjundia. En fin.

El pazo O Castriño

El pazo está situado en la calle Valle Inclán de Vilagarcía de Arousa. Normal que esté ahí porque si algo tiene esta ruta que estamos haciendo es que es esperpéntica. El Pazo O Castriño no solo está en plena forma sino que se usa para bodas y eventos. "Un lugar único", tal y como se anuncia en su web y, a juzgar por las fotos que tienen en ella, así tiene pinta de ser. Las nuestras son desde el exterior. No es plan de plantarse allí dentro y decirles que estamos haciendo un reportaje sobre los pazos de los narcos, que si nos dejan hacer unas fotos. Casarse en el expazo de un narco tiene que tener su aquel. Aunque probablemente la mayoría no lo sepa, y nada quede de aquellos años.

El pazo es de la década de los 30 y era propiedad de los duques de Terranova, unos tipos forrados que poseían otras propiedades de las que más tarde hablaremos, puesto que ellos nada tenían que ver con el narcotráfico y tampoco es plan de meter a todos en el mismo saco, como solemos hacer con los políticos y la corrupción, de manera más acertada, según nos están mostrando ellos mismos. En este pazo llegaron a veranear los Reyes de Bélgica. A modo de curiosidad.

Falcón-Falconetti lo compró en 1984, pero 4 años después lo detuvieron por narcotráfico y lo mandaron al caldero. Ese mismo año un incendio arrasó con la construcción. Solo quedó la fachada. Se supone que fue la pena de Falconetti por hablar demasiado en la cárcel. Allí pasó unos 6 años aunque él negó siempre haberse dedicado a ello. "Nunca jamás", según palabras textuales. A lo mejor espera a que el PP reconozca que cobraban sobresueldos en B para reconocer lo suyo.

El pazo Baión

Tercera parada. El Pazo Baión. El de Oubiña. El mítico. El símbolo del "botar por fóra" (echar por fuera) de los narcos y el símbolo de la lucha de las madres de los yonkis. Ahora es propiedad de una bodega de vino. Como con los anteriores pazos, los intentos para que no se les relacionen con el narcotráfico son constantes pero siempre infructuosos. La vida es así, y si no que le pregunten a Rita Barberá y su caloret, a Cospedal y su despido en diferido o a Galicia y Franco. Visitar el pazo resulta una experiencia exótica, acompañada por el aroma a naranjo y la vista de las vides. La entrada, ahora sin las verjas que zarandearon las madres coraje a principios de los 80 y que hicieron zarandear a los propios narcos y a este país entero, ya no están.

El pasillo central que conduce al propio pazo ha sido restaurado, al igual que toda la propiedad. El resultado es armónico y transmite sosiego, pero el escalofrío se apodera del visitante igualmente. Entras. Recorres el camino central de piedra. Llegas al pazo. Te paras, lo contemplas y sueltas un "joder". O un "carallo", dependiendo de si eres gallego o no.

Es un pequeño castillo, con sus torretas y sus preciosos árboles flanqueándolo. Solo falta la princesa asomada a una de las torres o los jinetes recorriendo el empedrado y llegando a los portones del mismo con derrape del equino incluido. Oubiña lo compró en 1987 pero nunca llegó a vivir allí, como tampoco Charlín en el Vista Real. Afortunadamente a Laureano no se le dio por armarse con el capacho, la paleta y ponerse a "faser masa" para reformar su palacete. Simplemente dejó los cientos de hectáreas de viñedos de uva albariña a su aire. Algunos se perdieron, pero fue el menor de los males. El gusto por el exceso era lo que se llevaba. Un pazo para qué, para no usarlo. Eso sí, si tuviera una tarjeta black seguro que Oubiña la quemaba. En realidad non son tan distintos, no eran tan distintos.

La casa de Oubiña

Cuarta parada. La casa de Oubiña. Sí, han oído bien. Casa. Teniendo en cuenta que Oubiña no vivía en el pazo quisimos conocer la casa. A lo mejor el pazo se le quedaba grande. Pero no. La casa es casa porque tiene forma de casa pero bien podría ser pazo también. Juzgad vosotros mismos. Otra "becerrada". Aunque bien es cierto que las hay más grandes en la zona, pero claro, no son las de Oubiña. Ahora embargada, se mantiene en perfecto estado. Alguien la debe mantener. No es ningún prodigio del diseño ni de la estética pero si algo hemos demostrado hasta ahora es que eso no es algo de lo que fueran sobraos los jefes de los clanes. Lo que molaba era el tamaño. Algo parecido pasó con la Cidade da Cultura que ideó Fraga, pero eso merece un capítulo aparte.

Completamos el recorrido con una quinta y sexta paradas y para ello volvemos a la calle Valle Inclán de Vilagarcía de Arousa, al lado del pazo O Castriño. Ahora abrimos el capítulo casoplones de las grandes fortunas de principios de siglo XX y aristócratas, más allá de los pazos de narcos.

La Mansión de los Duques de Terranova

Quinta parada. La Mansión de los Duques de Terranova. Abandonada. Aparcamos en la calle, que antes era playa. Cosas de la industrialización y razones para la desolación. Levantamos el cuello para sortear el impresionante muro que domina la propiedad y ahí la vemos. Una casa-palacio de finales del siglo XIX y que ahora solo resultaría útil para un cortometrajista o para rodar un videoclip de una banda de heavy. La mansión tiene aire de hospital psiquiátrico y desgraciadamente su acceso es imposible. La maleza lo cubre todo como si aquello fuera el Amazonas. Eso sí.

Justo frente a la mansión de los Duques de Terranova está la llamada Casa del Lago o "Villa Milagros", otra con nombre de película de terror pero con aspecto de casa de Downton Abbey. En este caso no son una, si no dos. Pero la vista solo nos deja ver la primera. El lago que posee la finca es navegable. Tampoco que es que vaya a atracar allí el Queen Mary pero digamos que hasta le valdría a David Meca para entrenar.

Tanto el Pazo O Castriño como estas dos últimas mansiones se sitúan a escasos metros. Una al lado de la otra. Su máximo esplendor fue a principios del siglo XX. Eran otros tiempos, los tiempos de la riqueza de Arousa, cuando la comarca era conocida por cuestiones que no eran el contrabando. Esos tiempos difícilmente volverán, ni los tiempos del narcotráfico se olvidarán. Al margen de ambas cosas, Arousa tiene mucho más que ver, hacer y sobre todo, contar.