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El preso que apaliza a los violadores en la cárcel

T-Bone es un exmarine de dos metros que se ha convertido en una leyenda en el sistema penitenciario de la costa oeste de Estados Unidos por enfrentarse a los violadores en las cárceles. Ahora está preso por robo (él mantiene su inocencia), así que le...
15.5.14
T-Bone

El año pasado hablé con un tipo llamado Shaun Attwood sobre la idea de hacerse millonario en la bolsa para luego dilapidarlo todo en fiestas y éxtasis. Por desgracia, uno de los contras de vender drogas a gran escala es que si la policía se entera, es probable que termines en la cárcel, como Shaun.

Mientras pagaba por sus ofensas, Shaun supo sobre numerosas violaciones a otros reos, cometidas por los mismos prisioneros. Según él, es un problema al que las autoridades no prestan suficiente atención. Pero también me habló de un amigo suyo que cree que su labor cristiana es proteger a los presos más débiles de abusos sexuales, y ha sido apuñalado y golpeado hasta quedar al borde de la muerte por eso.

T-Bone es un exmarine de dos metros que se ha convertido en una leyenda en el sistema penitenciario de la costa oeste de Estados Unidos por enfrentarse a los violadores en las cárceles. Ahora está preso por robo (él mantiene su inocencia), así que le mandé algunas preguntas sobre su cruzada contra las violaciones y sobre la violencia sexual en las prisiones.

VICE: Hola, T-Bone. ¿Cuándo decidiste enfrentarte a los violadores en la cárcel?

T-Bone: Fue en 1986, cuando vi que golpeaban a un muchacho de 18 años para quitarle la comida y luego obligarlo a entrar cristal en la cárcel escondiéndoselo en el culo. Cuando el chico pasó la droga, los tipos que lo obligaron se drogaron y luego violaron al chico, lo que me hizo tomar medidas.

¿Son muy comunes las violaciones en las cárceles estadounidenses? ¿Son tan frecuentes como en la tele y las películas?

Es muy común, y pasa de muchas maneras. Cuando estaba en una prisión de Arizona, todas las noches violaban a alguien. Toda la noche se escuchaba carne golpeando contra carne, tíos a los que les daban por el culo. Todo el que no sepa pelear es víctima. Los violadores suelen ser tíos enormes. Estrangulan a la víctima para dejarla inconsciente. Los heterosexuales que son violados sienten vergüenza de admitirlo. También vi que besan a los chicos blancos en la boca y en el cuello como si fueran mujeres. Los pandilleros a veces sujetan a alguien y le meten cosas por el culo, como latas, botellas, champú, escobas, y tubos de metal.

Shaun me dijo que tu fe cristiana te dio fuerzas para tomar medidas contra los violadores.

Mi fe en Dios me da poder divino para hacer las cosas a través de Su espíritu. Algunos dicen que Dios no hace daño a la gente, y que soy yo el que hace daño a los violadores porque quiero controlar las cosas en prisión. Pero yo creo que Dios no dijo a los violadores que abusaran de otros presos simplemente porque pudieran. Nunca he atacado a nadie en el patio por su comportamiento; recé, hablé con la gente del patio que se sentía de la misma manera, y le pedí a Dios que los protegiera.

No soy Superman ni nada especial. El poder de Dios es mucho más fuerte que el mío, y Su voluntad se ha de cumplir. Hacer que los violadores dejen de hacer daño a los demás es un acto de Dios, que me guía y empuja. No siempre gano las peleas contra los violadores; una vez casi muero porque me apuñalaron y me pegaron en la cabeza con un calcetín lleno de piedras. Creo que la única razón por la que sigo vivo es por la gracia de Dios.

Sí, me enteré de que tenías varias heridas por defender a los presos más débiles.

Además de que me apuñalaron y me pegaron con piedras, tengo muchas heridas en las manos. Me han pegado bastante y he tenido que pasar semanas descansando hasta que mi cuerpo se recuperó. Tengo varias cicatrices grandes, incluyendo una en el hombro, donde me cortaron con una navaja. Tengo heridas en los pies, las rodillas, los codos, los dedos de las manos y de los pies. Me han intentado matar por hablar de las cosas que ocurren en la cárcel. Me han echado de los patios. Me han encerrado porque hay gente que no me quiere afuera. He encontrado notas en mi celda que dicen que mi vida está en peligro.

¿Por qué terminaste en la cárcel?

Cuando salí de los marines, me hice guardaespaldas y empezó a llegar dinero. Invertí en el negocio de la cocaína y me volví adicto. Perdí como 20 años de mi vida por las decisiones estúpidas que tomé cuando estaba metido en la droga. Al estar aquí, les hago daño a mi esposa y a mis hijos. Cada vez que me liberan, regreso. No estoy poniendo excusas, pero la mayoría de los prisioneros tiene problemas con las drogas, y la prisión no da ayuda, ni asesoría, ni rehabilitación. El sistema está hecho para que los presos regresen, porque así se mantiene el negocio de las cárceles. Por eso en Estados Unidos hay más gente negra en prisión que en las universidades, incluso más que cuando había esclavos presos antes de ser abolida la esclavitud.

[Nota del editor: Ivory Toldson, un profesor de la Universidad de Harvard, dice que la idea de que hay más gente negra en prisión que en la universidad es un mito. De acuerdo con sus estudios, hay 1,4 millones de hombres negros en universidad y 840.000 en prisión].

¿Por qué crees que el sistema de prisiones de EU tenga un nivel tan elevado de violencia sexual, comparado con otros países?

Se reduce a la naturaleza humana. A la gente no le importan los prisioneros. La cárcel es una versión pequeña de nuestra sociedad, con sus extremos de poder y pobreza. Hay leyes para proteger a la gente en la sociedad. Pero aquí, si obligan a alguien a tener sexo, no tiene a dónde ir, porque si se le dice a los guardias, se le considera una rata, y eso es lo peor. A las ratas las matan. Por eso hay tantas violaciones, pero nadie las denuncia.

T-Bone con su nieta en la prisión de Tucson.

¿Crees que el sistema penitenciario podría hacer algo para proteger a los prisioneros más débiles?

El sistema penitenciario no hace nada para proteger a los débiles. Es un sistema que engendra el odio.

Hay muchas políticas raciales en el sistema penal estadounidense, ¿te has metido en problemas por ayudar a presos de otra etnia?

Sí, me he tenido que defender de otros pandilleros por ayudar a gente de otras razas. Aquí en Arizona, los negros son minoría. He recibido mucho odio por el color de mi piel. La gente me odia y me quiere matar porque soy negro, pero yo llevo la misma ropa y voy a cumplir la misma condena que ellos.

Cuando llegué a la prisión en la que estoy ahora, me alegró ver a otro hombre negro y le dije; "¿Qué hay, hermano?". Me contestó: "Algunos de los chicos blancos están cabreados contigo por machacar a unos blancos que violaban a un joven en otro patio. Dijeron que era un asunto de blancos en el que no tenías que meterte".

"¿Cuántos hermanos hay aquí?", le pregunté, refiriéndome a los prisioneros negros. "Estás hablando con el único", me contestó. "Supongo que estoy entre la espada y la pared", le dije, mientras pensaba en la mejor manera de defenderme.

¿Te persiguieron, después?

Poco después, ese día, me dejaron usar las duchas. Dos tipos blancos se me acercaron en las escaleras, haciendo ruido para llamar mi atención. Luego, de la nada, me saltó uno por la espalda y me empezó a estrangular, un ataque de precisión. Un tipo me agarró de las piernas y me tiraron al suelo. Traté de darles patadas o empujarlos pero tenía a alguien sentado sobre la espalda y no me dejaba moverme. Otra persona me sujetaba los brazos. Se notaba que ya lo habían hecho antes.

El primer tipo dijo "bajadle los pantalones".

Me empezaron a bajar los pantalones y no pude detenerlos. Uno sacó un palo de escoba con punta en forma de pene. Cuando vi el falo luché con más fuerza para escapar, pero me estaban sujetando muy fuerte. Por suerte, llegaron dos mexicanos. Uno le dio una patada al primer tipo en la cara para que dejara de asfixiarme. Este se dio la vuelta y apuñaló al mexicano en el estómago. Me levanté y le pegué en el cuello al tipo que me cogía de las piernas. Intentó golpearme, pero lo agarré de la muñeca, le di la vuelta, le puse las manos en la espalda, le disloqué un brazo y la cadera. Le golpeé la cabeza contra el suelo. Le pegué a otro tío en el esófago, y cayó. Luego salieron 20 guardias de la nada.

Joder. ¿Si pudieras cambiar algo del sistema penitenciario del país, qué sería?

La prisión está hecha para no dejar entrar a Dios. Eso debe cambiar, porque Dios es amor, y donde hay amor, hay paz.

Agradezco a Shaun Attwood por ponerme en contacto con T-Bone. Puedes leer sobre las experiencias de Shaun en su nuevo libro, Prison Time.