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Cultură

Mauro Entrialgo, Treintaytantos

El creador de Herminio Bolaextra hace memoria.
4.1.12

En sus historietas maneja colores planos, trazo incierto y verbo picón para apelar a nuestra compresión lectora, para hacernos sentir párvulos y aprendiendo cuando nos explica lo que ocurre en los bares, las redes sociales, la calle mayor y cualquier reunión de más de tres seres humanos. Mauro Entrialgo  (Vitoria, 1965), humorista gráfico veterano y sarcástico, lleva más de media vida poniendo en página quiénes somos desde las páginas de fanzines, periódicos y revistas como el TMEO, La Vanguardia o El Jueves. Es, probablemente, el dibujante con más amplia bibliografía del país, un cuerpo de obra al que ahora se suma El dibujosaurio (Diábolo Ed.), librazo espectacular que documenta su trayectoria como ilustrador entre 1981 y 2011.

Vice: El dibujosaurio es un lujo y una anomalía editorial, algo así como el catálogo a una exposición completísima… ¡que no existe!

Mauro Entrialgo: La idea original era recoger la mayor parte de trabajos que hago para distintos medios y que se publican siempre de forma muy desperdigada. A diferencia de mis historietas, que se suelen ir recopilando en libros, mis trabajos de ilustración estaban por ahí, en el limbo del recuerdo impreciso de los impresos efímeros. En este libro se reúnen trascendiendo un poco el aburridísimo formato del catálogo y sus características habituales. Por una parte, tengo una inclinación casi obsesiva por lo narrativo y el humor, así que los pies de las imágenes son mucho más extensos y mucho menos solemnes que los típicos de un catálogo al uso; por otra, los catálogos acostumbran a obviar aquellas obras de las que su autor se siente menos orgulloso. Yo no he escondido nada. Si una pegatina de los años 80 está dibujada como el culo pero resulta interesante por otros motivos al margen de los estéticos, la he incluido sin dudarlo ni un instante. Mi propósito principal ha sido hacer un libro interesante, no uno en el que quede yo como un ilustrador hábil o coherente de cojones. El resultado es un volumen extraño que creo que no tiene muchos precedentes, algo así como una autobiografía gráfica profesional, que funciona como catálogo de obra pero un poco, también, de vida.

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Es un trayecto de 30 años, prepararlo ha tenido que ser agotador. ¿Te ha hecho viejo la retrospectiva?

Ha sido agotador incluso físicamente. El proceso ha tenido esa parte jodida que apuntas de ser consciente del paso de todo ese tiempo, pero por otra parte el inventario de lo acontecido siempre tiene algo de terapéutico. Me resulta reconfortante, por ejemplo, comprobar que con la distancia temporal el primer sentimiento que producen algunas acciones ruines que se relatan, por encima de la indignación, es la risa.

Muchos de esos trabajos quedaron inéditos, y hay otras piezas fugaces como anuncios, ex libris, invitaciones de boda, bocetos preparatorios, diseños de interiores, murales para particulares… Esto es una gozada.

La premisa era recoger el mayor número posible de mis trabajos de ilustración y contar, de paso, en qué consiste intentar ganarse la vida de esta forma en este sector espaciotemporal. Por "trabajos de ilustración" entiendo aquellos dibujos que fueron encargados o realizados para un propósito concreto al margen de si después se llegaron a usar o se llegaron a cobrar. No se pretendía recoger ni historietas ni los dibujos, pinturas o collages hechos por simple gusto, como los que se pueden encontrar en mis docenas de libretas de viajes y cuadernos. Con el proceso de realización del libro, este criterio original se fue precisando poco a poco, siempre teniendo en cuenta el objetivo de no aburrir. Por ejemplo: decidí que el libro no incluyese todas las aplicaciones de un mismo dibujo. Si dibujé una pegatina y luego, con ese mismo dibujo, se hicieron camisetas, una portada de un disco, entradas para un concierto y un cartel, he reproducido únicamente la pegatina original. Sin embargo, sí que acabé incluyendo varias historietas, pero solo aquellas que por ser publicitarias o muy específicas chirriarían dentro de un libro de cómics recopilatorio normal. También fui selectivo cuando me encontré con muchos dibujos de una misma serie y por tanto muy semejantes entre sí, pero siempre he procurado reproducir un poco de todo lo que he encontrado.

Sale hasta un mosaico que tienes en tu cuarto de baño. ¿Te has dejado algo fuera y te odiarás para siempre por ello, o todavía no lo sabes?

Ese  mural de gresite en mi cuarto de baño reproduce el avatar que utilizo en redes sociales y aparece en el libro como una simple referencia a las cosas que he hecho en internet, pero el libro tampoco incluye otras obras llamémoslas “artísticas” como pudieran ser instalaciones, pinturas sobre lienzo o mamadas a punto de cruz, por ejemplo. Sí que he confeccionado un listado de dos docenas de trabajos que obedecían al criterio del libro y que no he incluido porque no he podido encontrarlos: los primeros murales que hice de chaval, como el del bar Pérez de Vitoria (el primer trabajo por el que me pagaron algo), dibujos para los artículos de la web de humor digital que hicimos antes de la película Gente Pez, los dibujos para el videojuego Arte y electricidad, dibujos para algunas exposiciones…

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También haces vídeos, eres editor,  músico,  coleccionistaconsumidor responsable… ¿Cómo gestionas tantos intereses?, ¿dónde empieza la afición y termina la profesión?

Yo creo que es todo lo mismo. Mi interés es contar historias (y que me las cuenten) y utilizo todos los medios que tengo a mi alcance para hacerlo. La diferencia es que por contarlas en determinados formatos me pagan y por contarlas en otros no. Si me pagan, es un trabajo y si no me pagan es una afición. Contar historias en forma de historietas o de ilustraciones ha sido durante muchos años parte de mi trabajo, y hacerlo en canciones o en piezas de vídeo han sido casi siempre dos aficiones. Lógicamente, tengo mayor producción en aquellos formatos en los que me pagan. En teoría, es algo tan sencillo como esto.

¿Y no acabas por dispersarte? 

Me he acostumbrado a trabajar en varios proyectos a la vez de forma paralela. Es la única forma de vivir de contar historias que he conseguido que sea viable. Pero para que lo producido pueda consumirse de forma no dispersa procuro siempre ir facilitando recopilatorios al aficionado: libros para las historietas, vimeos para las piezas de vídeo,  spotifys y bandcamps para la música, etc.

Parece claro que aspiras a una casa-museo.

Hace un par de años hice una obra en casa e intenté dominar el museo encerrando en una gran vitrina los objetos y acumulando en una gran biblioteca todos los libros para intentar que no entorpecieran el día a día. Lo deseable es que uno controle a los objetos y no que los objetos le controlen a uno. Como la droga, vamos.

Hablando de drogas, El dibujosaurio recoge una portada del TMEO donde proponías la onomatopeya SNURFG para esnifar una raya de espid. ¿Cómo se llega a esa correspondencia fonética?

Snurf es el ruido que se hace al aspirar una cantidad considerable de polvo por las fosas nasales, eso esta claro. La gutural “g” final aporta a la onomatopeya la cualidad japística del espid. Esa característica de su naturaleza que le hace ser advertido en la garganta con mayor inmediatez que la cocaína, casi en el mismo momento de ser esnifado.

Texto de Rubén Lardín, Fotos de Sergio Albert Avilés