FYI.

This story is over 5 years old.

Música

Tela marinera

Paolo Angeli es el mejor anfitrión del mundo.

Foto de Santiago Salvador

Los improvisadores pueden ser un coñazo. Pajeros cacofónicos que cuando no saben qué hacer le dan golpecitos al instrumento. Pero cuando te topas con uno bueno… alucinas. A Paolo Angeli (y su eterna vestimenta a rayas estilo marinero) lo vimos meses atrás junto al ma-estro Fred Frith en el Centre Artesà Tradicionarius de Barcelona. Fue increíble. La piel de gallina. Un viaje. Precioso. Teníamos que conocerle. Nuestro compañero Andrea Cirotto, amigo suyo, nos sopló entonces que Paolo es casi tan bueno con los fogones como con la guitarra sarda preparada. Y nos fuimos con unas botellas de vino al apartamento cerca del Palau de la Música en el que desde hace 4 años duerme, cocina y compone este musicólogo y guita-rrista con alma de pescador. Dios, cómo estaban esos calamares rellenos… Vice: Empezaste a tocar en un autobús entre melones y gallinas.
Paolo Angeli: Sí, con mis hermanos. Era un autobús que en los años 50 había servido de escuela para los niños del campo, y que más tarde, ya abandonado, usaba un campesino para guardar melones y animales. Metimos una batería y una guitarra eléctrica y un teclado que habíamos encontrado y empezamos a tocar rock, a hacer ruido. ¿Te gusta donde vives ahora?
Sí. El barrio de Sant Pere es muy loco. El otro día me crucé con un tío con la mayor cara de felicidad del mundo y un billete de 100 € en la mano. “¡100 euros! ¡100 euros!”, gritaba a todo el mundo. Le pregunté qué había pasado y me dijo: “¡Estos japoneses me han dado 100 € por devolverles la cámara! ¡Arigato, arigato, que vaya bien, amigos!”. Fue surrealista. Y en mi finca, unas cuantas plantas abajo, vive un pintor que habla en clave y medio tapándose la boca: “Aquí pájaro azul… pájaro azul para pájaro amarillo”. La improvisación a menudo se ve también como un lenguaje en clave, algo muy intelectualizado. Pero en ti es algo visceral…
Mira, cuando charlo con alguien muy cerrado que critica la música improvisada, a veces salto: “¿Pero qué dices, hijo de puta?”. Por otro lado, el problema en los improvisadores de hoy es la arrogancia, cuando muchos están repitiendo clichés con más de medio siglo de historia. Una vez me invitaron a la Universidad de Newcastle y puse un trozo de mi concierto junto al percusionista Hamid Drake –que ha tocado con Don Cherry, Pharoah Sanders, Peter Brötzmann–, un bolo que hicimos sin conocernos ni ensayar. Como hacer el amor por primera vez, pero tranquilos, con cariño y respeto. No un polvo rápido ni una guerra de egos. Bueno, puse el tema, se levantó un chico de 20 años y me dijo: “¡Esto no es música improvisada! Tiene beats, melodías, parece una canción. Es idiomática, y la música improvisada tiene que ser no idiomática”. En fin… …que el chaval confunde improvisación con atonalidad y tocar al tuntún, ¿no?
Supongo. Pero todos, yo incluido, hemos pasado por esa época en la que sólo quieres abstracción, nada de “canciones”. ¿En qué momento te zambulliste tú en la abstracción?
Para mí TODO cambió en el 93. El mismo año conocí al maestro de la guitarra sarda Giovanni Scanu, que me guió en el estudio del folklore sardo, que jamás he abandonado (pasé 5 años enteros alternando la pesca del calamar con la catalogación de discos de canto en re) y a Fred Frith, quien literalmente me empujó a buscar la musicalidad en todas las cosas, a exprimir la guitarra en todas direcciones. Fue traumático, confuso. Estuve mes y medio sin tocar, sin saber qué camino tomar: ¿mirar al pasado o seguir la vía libre y experimental? ¿Has resuelto ya el dilema?
Decidí no resolverlo y ahora estoy súper tranquilo. De puta madre. TONI L. QUEROL
Más info en myspace.com/paoloangeli y paoloangeli.it