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No tanto con la idea de alta costura. Yo lo defino como prêt a couture. La idea es generar un estilo prêt a porter que de alguna manera se acerque en lo estético a la alta costura. Aunque sí es cierto que algunas piezas las trabajo a medida. Como te decía, leyendo sobre ti aparecen muchos nombres de grandes de la moda, tipo McQueen u otros por el estilo, supongo que por la complejidad de tus diseños. Ahora bien, ¿quiénes los referentes reales de Manuel Bolaño?
Bueno, es bastante complicado. McQueen estaba, en realidad sigue estando, pero también Margiela, Victor & Rolf, Boudicca. Aunque, la verdad, me da igual. Los veo a todos. Incluso a Dolce & Gabanna en algunas ocasiones, imagínate.
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Lo es, sin duda.

La primera colección que diseñé con una visión más comercial fue la de las viudas (primavera-verano 2009), y curiosamente la primera tienda que me compró fue una de Murcia. ¿Murcia? No veo a las murcianas vestidas con un Bolaño, en serio.
Pues vendieron un montón de ropa en los primeros meses, todo en negro y berenjena, y te digo que no pidieron precisamente lo más light de la colección. Al final sorprende mucho lo que te piden en las tiendas. Generalmente son bastante arriesgados. Además, cuando lo piden por encargo, no te piden lo normal; pueden querer una camisa pero que no sea convencional. Lo que no voy a hacer es ponerme al nivel del Zara, porque si quieres un básico te vas allí a buscarlo.¿También adaptas tu trabajo a la moda masculina?
Sí. En algunas tiendas había clientes que querían camisas para chico, así que cambié el cruce, el cuello, para que se vieran más masculinas, y listos. Y luego también están los amigos que llevan prendas mías.Esos incondicionales. Como te comentaba, veo en tus colecciones algo que va más allá de lo estrictamente ligado al diseño o a lo creativo. ¿Ha visto eso más gente? Quiero decir, ¿has recibido alguna oferta más directamente ligada a la industria del arte?
Con estas últimas colecciones, no. De la primera, que no se comercializó, hay un vestido y unos zapatos expuestos en Terrassa.
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Bueno, aquí siempre es un poco más rancio. Tuve la oportunidad de tener mi segunda colección en París, en un showroom de ventas, y la gente allí es muy diferente. Es algo que se nota sólo con verles tocar las telas. Y, además, les gusta apostar por gente nueva. Allí vas a una tienda y puedes ver piezas de las grandes firmas colgadas al lado de diseños de creadores recién graduados. Los clientes miran antes las prendas que el precio, porque conocen el mercado y saben a lo que van. Aquí lo primero siempre es el precio y luego las pegas, muchas más si eres nuevo. ¿Crees que en términos generales la gente entiende lo que propone Manuel Bolaño?
Pues como en la vida, hay de todo. Hay gente que dice que le encanta y otra a la que no le gusta nada. Siempre hay quienes estarán enamorados del minimalismo, y yo, pues no soy minimal.Cuando te descubrí en 2008 con tu colección de las viudas, una propuesta completamente en negro para el verano, causaste sensación. Desde entonces la gente esta pendiente de cada novedad que vayas a presentar. ¿Dificulta las cosas tanta expectativa?
No lo pone difícil pero te acabas preguntando: ¿ahora que hago? Al empezar a hacer la nueva piensas, "la gente vio osos". ¿Qué pueden esperar ahora?

No me gusta demasiado diseñar verano, creo que eso se ve en mis colecciones. Al final da la sensación de que trabajas desde un nivel muy personal, desmarcándote de otros diseñadores que apuestan más firmemente por la funcionalidad.
Sí. La colección de los "osos" es como el primer capítulo de mi infancia, recuerdos de pequeño con mi madre. La próxima será una continuación; no tendrá osos ni tanto volumen, pero seguirá inspirándose en mi niñez, especialmente en los veranos que pasaba con mi abuela.Es curioso, porque a priori puede parecer que aquello en lo que te inspiras es de lo más cotidiano; luego, en cambio, el resultado sobre la pasarela está envuelto en romanticismo y es de lo más complejo. ¿Cómo transformas ese recuerdo en algo tan cerca de lo teatral?
En esta última colección me inspiré concretamente en una excursión con mi madre. Llovía, ella por supuesto es mujer de tacón, y llevaba unos bien altos. Yo tenía puesto un chubasquero azul por encima de la mochila que me hacía un volumen muy extraño, y además mi oso iba conmigo. Cogí todo esos elementos para componer la idea de mi colección a nivel de colores, volumen, etc… En esta última colección se trata de recuperar ciertos fetiches. Si ya no puedes llevar tu oso pues te lo pones. Son prendas que tienen un significado concreto. Quiero que se pueda entender lo que transmiten mis diseños. Algunos dijeron que eran pesadillas… Bueno, nada más lejos de la realidad. Los más desencaminados fueron algunos que le vieron cierta inspiración taurina.¡¿Toros?! Pesadillas y toros no son buena combinación. He tenido alguna de esas.
Los de las pesadillas creían que era una interpetación de mis traumas infantiles. Hay de todo.En estos últimos años se han dado a conocer en Barcelona unos cuantos nuevos talentos bastante prometedores. ¿Cómo ves a tus compañeros de profesión y pasarela?
Yo tengo a dos que sigo: Krizia Robustella y Karlota Laspalas. Krizia y yo empezamos muy mal, nos odiábamos bastante. Pero una vez en el EGO trabajé con ella echándole una mano y me di cuenta rápido de que era la caña. Ahora somos muy amigos. El problema fue que en la escuela yo era el bueno y ella… la rebelde. Con Karlota también tengo muy buena amistad, pero cuando nos vemos no hablamos demasiado de trabajo. Hay que desconectar. ¿Dónde veremos a Manuel Bolaño -firma y persona- en el futuro? ¿Qué planes hay?
De momento no me voy a casar (risas). La idea es irme fuera, seguir con mi marca pero trabajar para alguien al mismo tiempo. Quizás me quede por aquí un año más pero seguramente acabaré marchándome. Pienso en Amberes, conozco a gente por allí y he estado en muchas ocasiones. Voy todos los años desde que salí de la escuela, me encanta.Espero que tengas mucha suerte en el extranjero. Al final el trabajo del diseñador deja de parecer tan glamuroso y se convierte en algo de lo más arduo, casi siempre muy nómada. ¿ Es tan difícil abrirse camino?
¡Lo es! Mucho más viendo las generaciones que vienen detrás, pisando fuerte (risas). Conozco a algunos artistas muy polifacéticos que son niños pero con mucho potencial. Normalmente no me gusta le gente que dice que hace de todo, pero últimamente hay alguno de 18 años muy bueno por ahí suelto. Gente con mucha personalidad. Cuando yo llegué a Barcelona con 18 para nada tenía la riqueza que tienen algunos ahora. Un chico que conocí hace poco me envía a veces fotos de algún taller increíble o canciones antiguas y pienso: "es muy fuerte, por que yo… me quedé en Michelle Gondry", no sé si me entiendes (risas). Perfectamente.
Yo, por ejemplo, vengo de una familia bastante conservadora de Galicia. Mi madre no dejaba que me comprara discos de Alaska, así que cuando llegué a Barcelona y vi que daba un concierto llamé a mi madre y le dije que quería ir a un concierto de "unos cantantes" (risas), muy bueno. Para mí todo aquello era increíble. Era otro momento. Y dime, Manuel, ¿qué hay en el mundo de la moda que no puedas soportar?
LOS NÁUTICOS. Los náuticos son el moderneo, no lo aguanto. Hubo un momento en el que todo el mundo los llevaba y la gente no entendía por qué no me gustaban. Es como ahora que todos hablan de la película de Tom Ford, que si es muy buena y esas cosas. Pues no sé qué decir, aquí parece que todo el mundo puede hacer de TODO. Es como si a mí me llaman para pinchar. Pues no. En todo caso no pienso ver esa película.