Ser el rey es maravilloso

El imperio de cannabis de Arjan Roskam es real.

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20 Septiembre 2013, 8:20am

Franco Loja, cultivador de Green House Seed Company, inspecciona una extraña especie de marihuana llamada Limón Verde, en la región del Cauca, Colombia.

Una tarde de mayo de este año, Arjan Roskam se encontraba descansando en la cubierta de un barco de ocho metros. Iba a toda velocidad por una bahía en la costa del Caribe, en el noroeste de Colombia, vigilando la caña de pescar que había lanzado al mar unos minutos antes. Arjan tiene 48 años, mide casi dos metros de altura, y siempre va bien afeitado. Tiene pinta de holandés tosco, y el barítono de su voz atraviesa cualquier conversación como un oboe. Suena y tiene pinta de líder, es como una de esas almas raras que son capaces de cumplir con su destino sin miedo. Es la figura más reconocible y polémica del negocio de la marihuana, y se autodenomina el Rey del Cannabis.

Me encontraba viajando con Arjan por las montañas y selvas de Colombia, junto a un equipo internacional de cultivadores de marihuana que él llama los “Cazadores de Semillas”. Estábamos buscando tres variedades excepcionales de marihuana muy difíciles de encontrar; tres variedades que han permanecido genéticamente puras durante décadas. Tienen nombres poéticos, casi míticos, que te hacen babear: Limón Verde, Oro de Colombia y Punta Roja. El día previo a nuestra excursión a la selva, encontramos ejemplares de las dos últimas variedades mencionadas en un bosquecillo de marihuanacercano, cuidado por grupos paramilitares y agricultores locales. Arjan estaba eufórico. Había adquirido las dos primeras de las casi 200 variedades locales —plantas de marihuana que se han desarrollado de forma natural en regiones remotas en todo el mundo— y estaba empeñado en conseguir todas.

Arjan y sus cultivadores plantarán miles de plantas a partir de estas semillas, elegirán las más fuertes, y así crearán nuevas variedades comerciales basadas en su genética exótica. Este es el primer paso de un complejo proceso que hace posible que un dealerlocal pueda aparecer en tu casa con una mochila llena de variedades como Alaskan Ice, Bubba Kush y White Widow. Si alguna vez has sido acorralado por un nerd de la marihuana en una fiesta, ya sabrás que no estamos fumando hierba tailandesa llena de semillas gracias a las mezclas de los miles de cultivadores comerciales en el mundo, la marihuana transgénica, la experimentación y el desarrollo de nuevos sabores, efectos y cualidades.

La costa caribeña de Colombia era una zona importante para el contrabando de marihuana en los años setenta y principios de los ochenta.

Desde el mar, las montañas nevadas de Sierra Nevada de Santa Marta se asomaban en la distancia. Esas montañas se extienden a lo largo de la costa caribeña del país, y a unos 42 kilómetros tierra adentro. Dos picos (uno lleva el nombre del libertador de Colombia, Simón Bolívar) llegan casi a los 5.800 metros de altura. La topografía es extravagante y sorprendente. El altiplano tiene clima templado y durante todo el año el sol ecuatorial hace de ésta una de las regiones más fértiles del mundo para cultivar y cosechar marihuana. Durante los años sesenta y setenta, miles de toneladas se exportaron desde las mismas bahías que estábamos cruzando. Barcos de contrabando siguieron la ruta del norte a través del Caribe hacia Estados Unidos. Fue una temporada de marihuana coloquialmente llamada Bonanza Marimbera, y transformó a cientos de campesinos en ricos narcotraficantes.

La creación de Santa Marta, ciudad costera donde nos alojábamos, fue construida con dinero de la droga.

Recientemente, el diario colombiano El Tiempo publicó que “la marihuana vive una nueva bonanza”. Indiscutiblemente el momento para el cultivo y el envío de la marihuana de la costa norte de Colombia está de vuelta, ya que la demanda de marihuana sigue creciendo. Actualmente, sin embargo, los cultivadores no están produciendo mucho Columbian Gold. En cambio, al igual que el resto de la industria, se han adentrado en híbridos desarrollados por los criadores y cultivadores de California, Columbia Británica y Ámsterdam; criadores como Arjan.

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Arjan Roskam se autodenomina el Rey del Cannabis y recorre el mundo buscando marihuana excepcional.

Si los cárteles y otras organizaciones criminales eran los exitosos millonarios de las drogas del siglo pasado, ahora, los criadores de hierba —los nerds horticultores que se esconden en casas de cultivo y laboratorios de todo el mundo— bien podrían ser los futuros millonarios de este siglo. Al igual que Monsanto y otros gigantes de la argoindustria, grandes compañías podrían terminar controlando la planta en su nivel más básico. Por eso Arjan es tan importante para el negocio: él controla la compañía Green House Seed, de Ámsterdam, una de las marcas de semillas más grandes del planeta, que se anuncia como “el negocio de cannabis más exitoso del mundo”.

Green House afirma haber ganado 38 Copas del Cannabis, casi el doble que cualquier otra compañía. Durante el despertar de la legalización en ciertos estados de EU, como Colorado, y con una gran posibilidad de legalización en países como Uruguay, Arjan está apostando por un futuro en el que la demanda de marihuana evolucionará y madurará, y está haciendo todo lo posible para garantizar que él estará en la cima en el momento que la criminalización se erradique. Y la verdad es que se lo merece. Arjan es sin duda el mejor posicionado y un distribuidor de droga legítimo. No sólo se dedica a vender droga, sino que está ayudando a construir la cultura de la industria.

Calcular el tamaño del mercado mundial de la marihuana (legal e ilegal) es casi imposible —va desde diez hasta 140 millones de dólares al año—. Arjan afirma que posee el 25 por ciento del mercado de semillas, el área más pequeña de toda la industria, pero sin duda, la más prometedora. Y si bien esta cifra es muy difícil de verificar, las fuentes de la industria con las que hablé, dijeron que las cifras de Arjan no están alejadas de la realidad. Teniendo en cuenta que actualmente hay cientos de compañías de semillas en todo el mundo, Arjan controla un porcentaje muy importante. Arjan también tiene coffee shops, una línea de ropa, e incluso una empresa que hace alcohol con sabor a cannabis; pero su actividad principal es la creación de nuevas variedades de marihuana para vender en el mercado internacional. Este es un lucrativo y exclusivo segmento del mercado. Para descubrir nuevos sabores y efectos corporales a través de la combinación de marihuana y terpenos (el producto químico poco conocido en la HIERBA), es esencial tener un nivel de conocimiento especializado. Crear nuevas semillas no es ingeniería genética per se, sólo es cultivo. Pero al igual que la industria moderna del vino, cultivar hierba se ha convertido en una valiosa ciencia que requiere la habilidad, el conocimiento y la sensibilidad de un artesano.

Franco Loja es el delgado e hiperactivo jefe criador de Arjan, y también es su socio. Tiene 39 años y antes era paracaidista del ejército italiano. Como me explicó esta primavera: La belleza del cannabis está en su variedad. No es sólo una planta, son miles de plantas. Cultivar plantas es crear algo nuevo. Este trabajo se podría comparar al de un chef con estrella Michelin que crea nuevas recetas. Los ingredientes a combinar son casi infinitos.

El modelo de negocio de Franco y Arjan se basa en la búsqueda de estas plantas raras, algo que, habiendo sido testigo, es más fácil decir que hacer. La marihuana todavía es ilegal en Colombia y, por lo general, facciones de la guerrilla, paramilitares y otros grupos armados controlan las zonas donde mejor se cultiva. El reconocimiento de Arjan y su influencia económica abre puertas, pero todavía tiene que viajar a través de estas zonas remotas, militarizadas. Esto requiere arduos viajes en camiones o a pie. Sinceramente, los competidores de Green House son demasiado tímidos y no tienen dinero suficiente para emprender estos viajes.

En un restaurante junto al mar en el Parque Nacional Tayrona, cerca de la ciudad de Santa Marta, Arjan me habló de uno de los momentos más cruciales de su vida, lo que resalta su firme creencia en la planta. —Cuando tenía 17 años—, me dijo, —fui a Tailandia. Caminando por el norte de Tailandia me encontré con un hombre muy viejo, que en ese momento estaba curando adictos a la heroína con marihuana. Me alojé allí durante una semana y, en ese momento, pensé que el tipo estaba loco. Pero cuantos más días pasaban, más aprendía de él, y cuando me fui, me dio algunas semillas y me dijo que tenía que recordar una cosa: En el futuro, esas semillas podrán derribar gobiernos.

Habichuelas mágicas de un desconocido. Es como la historia de “Jack y las habichuelas mágicas”. ¿Quién juega exactamente el personaje del gigante en la vida de Arjan? No está claro. Podría ser la bestia de la ilegalidad, o la presión ejercida por los lobbiesque controlan otros vicios regulados como el tabaco, el alcohol y el petróleo. O podría ser el hecho insuperable de que, a pesar de su liderazgo en la comunidad de cultivadores y gente de negocios, él no encaja.

Arjan no siempre fue un magnate. Comenzó a cultivar en sótanos y apartamentos en los alrededores de Ámsterdam, hace casi 30 años. —Simplemente éramos cultivadores de marihuana que disfrutábamos fumando—, recordó Arjan. —Después de unos años, nos dimos cuenta de que no éramos los únicos. Hay dos mil millones de personas que disfrutan fumando, y nos sentimos muy afortunados de subirnos al vagón en los años ochenta. Ese vagón se convirtió en un tren, y el tren se convirtió en un avión. Ahora ese avión está vuela muy rápido.

—Y muy alto—, agregó Franco.

—Sí—, dijo Arjan. —Muy alto.

Arjan encontró el éxito por primera vez en Holanda, un país que decidió décadas antes que California que era mejor regular el deseo -casi universal- de fumar y no tener que prohibirlo. Comenzó a sembrar nuevas variedades de marihuana bajo el nombre de Green House en 1985, abriendo su primera tienda siete años más tarde. No fue el primero en hacerlo, pero en el transcurso de su carrera aprovechó su prematura participación en el mercado legal de la marihuana como una forma de presidencia autoproclamada. A menudo sirve como portavoz de la alianza de los coffee shops de Ámsterdam, y ha pulido la imagen de su empresa como una operación de reconocimiento internacional. —Es un gran éxito—, me dijo. —Para que te hagas una idea, el año pasado se vendieron más de 400 mil paquetes de semillas. Nos convierte en el número uno de ventas de semillas en el mundo.

Y parece que el perfil de Green House seguirá aumentando. El cultivo de marihuana está cambiando cada vez más rápido. Está pasando de ser algo clandestino a una actividad a la que cualquier jardinero aficionado puede aspirar; por lo que la imagen de una empresa de semillas es más importante que nunca. Esto es a lo que los expertos en marketing se refieren como “valor de marca”, y Arjan y Franco están ocupados construyendo el valor de Green House Seed Company mediante el fortalecimiento de su perfil, a través de las operaciones online de la compañía.

Green House ha producido varios documentales de una hora, grabados durante sus viajes para encontrar semillas. Los hangrabados en Malawi, Marruecos e India, entre otros lugares remotos, en busca de lo más fuerte. Los vídeos, ambiciosos en sus aspiraciones cinematográficas, tienen millones de visitas en YouTube. En ellos, Arjan sale como un Arnold Schwarzenegger de la marihuana, prestando atención a las historias a veces dolorosas de los campesinos marihuaneros, mientras va por el mundo vestido con una camiseta sin mangas y en shorts. Según David Bienenstock, ex editor de High Times, Arjan ha “adoptado una sensibilidad moderna del marketing”, algo que lamentablemente falta en gran parte de la nueva industria. El holandés comprende las fuerzas del mercado estadunidense, lo que hace que sea un poco irónico que la industria norteamericana lo haya bloqueado, aun cuando en la última década se ha disparado la manera en que los estados de todo el país han adoptado por la legalización en diferentes niveles. La importación de semillas sigue siendo ilegal en Estados Unidos.

“El juego entre legal e ilegal en nuestro sector nos obliga a mantenernos en alerta”, me dijo Franco. Para combatir esta tensión, Green House ha invertido mucho en investigación y desarrollo, “para mantenerse flexible, para adaptarse a las nuevas leyes, nuevas regulaciones, nuevas demandas del mercado, nueva represión y nuevas aperturas. No podemos permitirnos el lujo de elegir nuestra propia estrategia de mercado”.

Arjan sabe cómo tomar lo que está en su camino, una habilidad que le ha brindado una reputación negativa con su competencia. Algunos se refieren a él como pretencioso, un hombre de negocios vestido de agricultor; sin embargo, como cualquier otra industria, las críticas podrían interpretarse como una señal de éxito.

Quienes cultivan marihuana no se ven como traficantes de drogas, sino como agricultores especializados, como si fueran queseros o viticultores. Hay un dicho que dice que su producto debe hablar por sí mismo, que la planta está por encima de cualquier persona. En 1999, Green House, junto a otras dos empresas, fue despojado de su Copa de Cannabis en la categoría hash tras acusaciones de manipulación de votos. Es un golpe a la reputación y disminuye aún más la legitimidad de Arjan en la escena hermética de marihuana en Ámsterdam. Pero Arjan ignoró el hecho sin miedo. Incluso en momentos en que la marihuana era estrictamente ilegal en casi todo el mundo, Arjan dio la cara, sabiendo que la hierba eventualmente se convertiría en un producto de consumo casi comercial. Fue una decisión audaz, indicativa de una personalidad que sigue molestando a ciertos segmentos de la industria de la marihuana.

Gato extiende la pasta de hash que hizo con THC en una moledora de carne.

Tres días antes de mi entrevista con Arjan y Franco, estaba con Arjan en Cauca, en la región del suroeste de Colombia, para ver una operación masiva encabezada por un colombiano de 35 años de edad, más conocido como Gato.

Gato no es tan gentil como su apodo indica, pero su alias hace una referencia apropiada de su habilidad para los negocios. Criado en Miami, creció en Latinoamérica antes de la formación y operación de actividades a gran escala en la industria. Asesora al gobierno de Uruguay sobre el tema de la legalización. Es obvio que Gato admira a Arjan y actúa como su protegido, siempre pretándole atención cuando habla.

Al final, nuestra visita consistió menos en cazar semillas y más en que Gato mostrase lo bien que le ha ido desde que asumió el negocio familiar, un criadero y una operación de venta de semillas que nombró Marimbero (en referencia a los desvanecidos días de gloria de la marihuana colombiana). La plantación es enorme, con plantas que crecen al aire libre, cubiertas por hectáreas de láminas de plástico transparente sobre un cerco de bambú que se extiende por la montaña. Hice un cálculo rápido: Gato y su jefe de la plantación, un asesino que conoció en la cárcel, tienen ocho mil plantas que producen dos toneladas de marihuana en cada cosecha. Debido al clima estable durante todo el año en Colombia, producen tres cosechas al año, lo que equivale aproximadamente a seis toneladas de marihuana.

En los últimos años, el padre de Gato y dos de sus hermanos fueron asesinados por rivales. “Mis dos hermanos fueron asesinados en los últimos tres años por parte de unos hijos de puta en Medellín que se creen los reyes de la marihuana”, dijo. “Se piensan que controlan el negocio porque son bandidos, pero controlan el mercado a través de la violencia, no de la calidad”.

La calidad es la misión principal de Gato. Trata de cultivar marihuana excelente porque le encanta. Es tan simple como eso. “Tu afición se convierte en tu negocio de forma automática”, dijo. “No lo buscas. Es como cuando eres un buen cantante, y te haces famoso, no pides esa mierda. Algunos cantantes odian la fama, es algo que llega de repente. Con la hierba pasa lo mismo. La madre de mi hija me dijo un día que tenía que elegir entre la marihuana y ella. Me divorcié ese día. ¿Cómo coño puedes quejarte de la marihuana cuando vives como una puta rica? Tienes todo lo que quieres. Todo lo que tiene en la nevera lo paga esta marihuana”.

Más tarde, Gato me dio un tour por sus bodegas, sus instalaciones de secado y almacenamiento, y la pequeña fábrica de interior donde hace hash y otros productos procesados. Luego puso un cubo lleno de cristales de THC secos en una moledora de carne industrial, produciendo una goma de hash empalagosa y que parecía chocolate derretido. Habló sobre su marihuana, a la que llamó como una de sus hijas. La mezcla es híbrida y profunda, llamada Nicole’s Kush, y aunque de momento no ha conseguido la misma popularidad que algunas de las mezclas de Arjan (y no se puede encontrar en Estados Unidos), es algo de primera clase. Si las cosas le van bien, la marihuana con nombre de su hija podría ser su híbrido de éxito que lo posicionará dentro de la industria.

Arjan presume de las semillas Punta Roja, que él y su equipo encontraron cerca de Santa Marta, Colombia.

La mezcla híbrida más exitosa de Arjan fue White Widow, llamada así por la abundancia de tricomas que dan a la planta un tinte blanco. La mezcla es una variedad legendaria disponible en todo el mundo y ha sido incluso nombrada en los episodios de Weeds. Le da al usuario una intensa euforia energética y emite un humo picante con un final dulce y suave. Ganó la Copa del Cannabis en 1995, y causó un debate sobre quién desarrolló esta semilla, entre la comunidad de cultivadores en Ámsterdam. Tanto que ha dado lugar a una ruptura fundamental que aún divide a la opinión sobre las motivaciones de Arjan como empresario y ser humano.

La historia detrás de la creación de White Widow es compleja. Arjan afirma que un criador con quien trabajó en los años ochenta llamado Ingemar fue el creador de la semilla, la cual Green House perfeccionó durante la siguiente década. Pero el ex socio de Arjan, un australiano llamado Scott Blakey, afirma que lo inventó en Green House, y cuando dejó la compañía en 1998, se llevó la primera generación de las plantas estabilizadas con él para formar una nueva empresa. En estos días, Scott es más conocido como ShantiBaba, y su empresa se llama Mr. Nice Seed. ShantiBaba es cruel en sus acusaciones contra Arjan. Según Scott, Arjan no merece crédito por el descubrimiento, ni los numerosos reconocimientos que han sido otorgados a White Widow.

Parte de la razón del debate acerca de White Widow se debe a que el mercado de la marihuana no ha sido regulado. Patentes y propiedad intelectual no son todavía aplicables a la industria de la marihuana, así que ninguno de los dos ha sido capaz de llevar sus quejas a los tribunales. Es solamente una batalla de reputación y un choque de egos. Arjan casi nunca habla acerca de las acusaciones, pero cuando lo hace, se expresa de manera mordaz. En 2011, redactó un post de 4.309 palabras en el foro en línea de International Cannagraphic, lanzando ataques a ShantiBaba, a quien etiquetó como un vendedor ambulante, mientras mostró cifras de ventas. “Green House representa hasta el 50 por ciento del mercado en Holanda, España, Inglaterra, Italia y en muchos otros países”, escribió. “En la mayoría de tiendas funciona así: por cada paquete de GH que se vende, se vende un paquete de todas las demás empresas juntas. Simplemente llama a cualquier tienda de cultivo en España, o pregunta a los grandes distribuidores como Basil Bush o Plantasur, y tendrás una idea de la cantidad de semillas que vendemos en comparación con Shantiblablabla”.

La tarde que encontramos la semilla Punta Roja fue excepcionalmente hermosa. Hallamos nuestro premio después de excursionar en un valle a varias de horas de Santa Marta. La logística del viaje fue un poco abrumadora, ya que fuimos llevados de hoteles en el campo a las conferencias con los líderes locales, y finalmente organizamos la reunión con nuestros contactos al lado de la carretera. Pero una vez que estábamos rodeados de lo que buscábamos, tanto Arjan como Franco se convirtieron en versiones amplificadas de sí mismos.

Inspeccionamos un centenar de plantas que Arjan y Franco habían identificado como una especie de cannabis indica, característica por sus hojas finas y la estructura de sus tallos estrechos. Franco explicó la importancia de la distancia internodal de las ramas de la planta, cómo las semillas deben madurar en sus cajas antes de ser arrancada, cómo se le dio su nombre a Punta Roja. Cuando nos encontramos con un fenotipo particular, excelente, él estaba eufórico. Ninguno de nosotros pudo contenerse de meter las manos en los capullos pegajosos con olor a pino y rama fresca, abrumados por la emoción de descubrir las semillas que se podrían llevar a Ámsterdam.

“Este es material original que puedo sembrar, que puedo almacenar en mi biblioteca, que puedo utilizar para crear nueva genética, que va a ganar Copas de Cannabis”, dijo Franco. “Estos harán rica a la gente, meter gente a la cárcel, cambiar destinos y vidas. Y es por eso que amanezco con una sonrisa cada puto día de mi vida”. Su cara rojiza se arrugó, mientras miraba hacia el cielo y gritó: “¡Tenemos semillas, hombre!” Arjan corrió por la colina para tomar la planta. Tomó un puñado de semillas diminutas, arrancó cualquier semilla viva de ellas, y las aseguró en pequeñas bolsas de plástico. Habló desenfrenadamente sobre el potencial de la industria, profetizando que en un futuro cercano, los gobiernos limitarán el contenido de THC de la marihuana comercial. En esa versión del futuro, el sabor es más importante que el efecto y el aún no incorporado material genético que le dará al productor una gran ventaja sobre la competencia.

El descubrimiento de estas semillas marca el comienzo del verdadero trabajo de Arjan. Una vez de vuelta en el laboratorio, Franco y Arjan van a plantar las semillas, elegir los mejores ejemplares, y volver a sembrar. Van a repetir este proceso varias veces hasta estar listo. Por último, van a crecer cien mil plantas de estas semillas. Ellos harán el intento de estabilizar diferentes ramas para optimizar factores tales como el tiempo de crecimiento, resistencia al moho y hongos, y la resina. Después de cinco años, los atributos únicos encontrados en la semilla de origen podrán ser la base de una nueva creación.

O no. Pero incluso si estas semillas no dan resultado a nivel de consumo, Green House seguirá catalogando las plantas madre y mantendrá viva la especie, mientras analiza las propiedades de cannabinoides y terpenos. Es posible que un gigante farmacéutico en la búsqueda de ciertas especies llegue a tocar su puerta; en 2003 Bayer pagó 40 millones de dólares por el derecho de distribuir Sativex, un medicamento con derivado de marihuana diseñado para aliviar la espasticidad, la vejiga hiperactiva y otros síntomas.

Arjan y sus socios saben muy bien que lo suyo es un negocio arriesgado sin recompensa inmediata. Pero apostar por un mundo donde la marihuana es legalmente más cercana al vino que la heroína, tiene el potencial de los mejores premios, que incluyen las aventuras invaluables en las que gente como Arjan y Franco deben embarcarse para su meta final.

“Todos sabemos que en diez o 20 años todo será legal”, dijo Arjan. “Estamos manteniendo todas nuestras opciones abiertas y buscando todas las claves para el futuro. Una de las claves es encontrar todas las diferentes especies”.

Este éxito fue demostrado durante nuestra estancia en Colombia; Arjan y su equipo encontraron las tres especies que habían ido a buscar. Aunque guiado por el impulso de su propio mito personal —su tío, Peter, era un gran granjero de papa en Holanda, otra señal de su destino dentro de la horticultura— y el estigma de millones de dólares que ha hecho de un negocio en el exitoso mercado negro, Arjan presume ser un hombre humilde.

“Todavía quiero estar a solas con mis plantas en mi habitación, fumar, eso es todo... Eso es lo principal para mí, disfrutar de ver mis plantas crecer”, dijo Arjan. “Soy un agricultor”. Luego fumó y reconsidera. “Yo soy un agricultor con grandes ambiciones”.

Pronto podrás ver nuestro documental sobre Arjan Roskam en VICE.com