La fascinante historia de la cocaína negra

Una línea negra que une a Pinochet, los narcos colombianos de los ochenta y a un perro de antinarcóticos que murió en un barrio de Bogotá.

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dic. 1 2015, 5:00am

Una de las bolsas incautadas por la policía

Este artículo se publicó originalmente en VICE Colombia.

El miércoles de la semana pasada tuvo especial resonancia la noticia del allanamiento de un piso en una zona residencial de Bogotá, en el que se había establecido un laboratorio capaz de procesar un tipo de cocaína que, al ser negra, resulta muy difícil de ser detectada por la policía.

La muerte de Boby, el perro que participó en el operativo el martes, convierte la noticia en algo que parece sacado de la serie Breaking Bad. Pero los laboratorios urbanos de drogas no son tan inusuales como parece, ni tampoco lo es la cocaína negra (de hecho, tiene su propia página de Wikipedia en inglés), y mucho menos la muerte de un perro de la policía en un operativo. Lo llamativo es esa línea negra que une a Pinochet, los narcos colombianos de los 80 y al perro de antinarcóticos que murió en Bogotá.

Esta coca negra que fue incautada en un piso cualquiera de Bogotá tiene una historia que se remonta a mediados de los años ochenta, en el pequeño pueblo de Talagante, a 42 kilómetros de Santiago de Chile. Al menos eso afirma Manuel Contreras, general del ejército chileno durante la dictadura de Augusto Pinochet, en una confesión escrita, enviada al Ministerio de Justicia chileno, en la que afirmó que en 1986 el dictador ordenó crear un laboratorio de procesamiento de cocaína en una base militar. Según la confesión de Contreras, quien entre 1973 y 1977 fue jefe de la DINA, el aparato de inteligencia que se encargaba del trabajo sucio de Pinochet, este laboratorio tenía la particularidad de producir un tipo de cocaína que era de color negro e indetectable en los controles de seguridad de los aeropuertos. Eso dice él.

Contreras, mejor conocido en su país como Mamo, también identificó al bioquímico Eugenio Berríos como el creador de esta ingeniosa fórmula. Se trata del mismo Berríos que producía en Chile gas sarín, un arma química letal que fue utilizada para asesinar a varios opositores del régimen. El mismo que en 1991 huyó de su país para no declarar en un juicio por asesinato y que, un año después, desapareció de manera misteriosa en Uruguay.

La cocaína negra que según la confesión de Contreras empezó a ser fabricada en 1986, no llegó a manos de las autoridades hasta 1998. Fue precisamente en Colombia, en el Aeropuerto El Dorado de Bogotá, en mayo de ese año, que un cargamento de 115 kilos de cocaína negra fue decomisado por primera vez. El alcaloide había sido mezclado con hierro en polvo y carbón de palo para alterar su apariencia y fue interceptado antes de ser enviado a Italia. En aquella ocasión, Rosso José Serrano, quien una vez fue nombrado mejor policía del mundo por la Policía Montada de Canadá, declaró lo siguiente: «He visto que camuflan coca en pitillos, en ñame, en bombones, en lo que sea. Pero jamás pensé que existiera coca negra». Según un artículo de El Tiempo, Rosso José luego procedió a separar la cocaína del hierro en polvo con un imán, al estilo de Melquíades.

Incautaciones de polvos negros que, como este, contienen cocaína, han sido algo relativamente frecuente en los últimos años. En 2013, la autoridades canadienses encontraron 10 kilos de cocaína camuflados en bolsas de un material que parecía «carbón triturado» y que había sido importado como base para preparar asfalto. Una muestra de este polvo negro fue llevada hasta un laboratorio de la DEA (la agencia antidrogas de EE. UU.) para llevar a cabo un experimento en el que se detectó cocaína con tres de los cinco métodos de detección de drogas que se usan hoy en día en los controles policiales de todo el mundo.

En abril de este año, 70 kilos de cocaína negra fueron incautados en la ciudad de Timisoara, en Rumanía. La droga había sido camuflada en el interior de un cargamento de muebles que tenía como destino España y era transportada por un colombiano, un venezolano y un rumano. El hallazgo más reciente de cocaína negra se produjo hace solo un par de meses, de nuevo, en el aeropuerto bogotano, cuando Mona, un perro con mejor suerte que Boby, detectó la presencia de cocaína oscura en varios tóneres para impresora que tenían como destino Ciudad de México.

¿Cómo llegó esta fórmula a manos de los narcos colombianos? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero según Ivan Baramdyka, un exmilitar estadunidense nacido en Bogotá, él ayudó a Pinochet y a Berríos en la tarea de exportar cocaína a Estados Unidos y Europa. Así lo dice en su libro Confesiones de un narco, en el que afirma que, durante la misma época que se empezó a producir la coca negra, Berríos trabajaba en paralelo para narcotraficantes colombianos que frecuentaban su laboratorio de Talagante.

«Lo de la coca negra es algo que se sabe desde hace tiempo», me dijo por teléfono una fuente de la Fiscalía que me pidió que no mencionar su nombre. «La novedad aquí es el tratamiento que le estaban dando. La coca que encontramos en ese apartamento había sido procesada hasta parecer una espuma negra».

Según el funcionario de la Fiscalía, esta espuma era adherida al fondo de una maleta, lo cual la hace muy difícil de detectar por los controles de un aeropuerto. En otras palabras, esta solución de cocaína con plástico no puede ser separada con el imán mágico de Rosso José Serrano. Para recuperar la cocaína oculta en esta espuma negra es necesario utilizar productos químicos como la acetona, un solvente que permite recuperar la droga como si jamás hubiera estado mezclada con plástico.

En febrero de 2008, la policía de España incautó 16 kilos de cocaína en el fondo del equipaje de dos mujeres rumanas que habían viajado a Madrid desde Río de Janeiro. En esa ocasión, las autoridades informaron de que la droga había sido descubierta gracias a un trabajo de inteligencia, dado que esta presentación resulta imposible de detectar por cualquiera de los métodos conocidos hasta el momento, perros incluidos.

En la Fiscalía colombiana también afirman que el allanamiento de este martes fue producto de un trabajo de inteligencia. Las autoridades colombianas desconocen si es posible detectar esté plástico negro mezclado con cocaína en los controles de un aeropuerto. Pero pueden afirmar con toda certeza que el material no es letal para ningún perro. «La muerte del perro fue producida por vapores que se liberan durante el proceso de elaborar cocaína negra, pero no por el producto terminado», me dijo la misma fuente de la Fiscalía. Luego agregó que al inspeccionar el departamento se encontraron los uniformes de un miembro de la Policía Nacional y de otro del Ejército.

La cocaína negra es tan solo un escalón en la escalera sin fin de la guerra contra las drogas. Mi sentido pésame para los agentes antinarcóticos de todo el mundo, no en vano el manual de las autoridades estadunidenses encargadas del control aduanero se llama: Armas inusuales, métodos para encubrir contrabando y cosas que te hacen preguntarte por qué decidiste ser policía.

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