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El hombre que estuvo ahí

La situación en Siria es como muchas otras a lo largo de la historia: la eventual caída de una minoría religiosa que gobierna y oprime a la mayoría. Estoy intentando hacer un registro de todo esto, y regresaré pronto. Eso es lo mejor que puedo hacer.
26.11.12

30 de septiembre de 2012: rebeldes con la brigada yihadista Tawhid durante un enfrentamiento con el ejército sirio en Alepo, en el disputado vecindario de Al-Arkoub.

VICE contactó al fotógrafo y camarógrafo Robert King, en un intento por llegar al retorcido fondo del conflicto en Siria. Robert es un hombre con un corazón de oro, un instinto preternatural y testículos de lonsdaleíta pura (un mineral extremadamente escaso que es 58 veces más duro que el diamante). Durante dos décadas ha documentado los lugares más volátiles del mundo en sus momentos más violentos, incluyendo Irak, Albania, Afganistán, Kosovo y muchos otros. No tenemos que decir todo lo que ha hecho ni todos los lugares en los que ha estado, porque el siguiente reportaje que nos envió habla por sí mismo.

28 de agosto de 2012: un hombre levanta su Corán frente a una bandera del ELS durante una manifestación luego de los rezos del viernes en Alepo.

Me interesé en el conflicto de Siria por la misma razón por la que decido cubrir cualquier historia: porque no estaba recibiendo la suficiente cobertura mediática. No había muchas organizaciones de noticias dispuestas a invertir los recursos necesarios para informar a sus lectores sobre la situación de forma continua, así que decidí que yo tenía que hacerlo.

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Honestamente creía en el llamado del pueblo sirio por algo más que simples manifestaciones, en especial cuando resultó evidente que el régimen de Asad estaba usando helicópteros, jets, detenciones y tortura para acabar con la rebelión. Mientras trabajaba en Faluya, Irak, en 2005, fui secuestrado por una brigada de guerreros sunitas. Logré escapar, pero me preocupaba regresar a la región, en especial a un país en el que la violencia había estallado entre las fuerzas rebeldes y las tropas del gobierno. Sin embargo, sabía que tenía que regresar, y antes de salir de mi casa en Memphis, establecí contacto con organizaciones de ayuda que tenían operaciones en Siria.

Mis primeros contactos me canalizaron con otras personas que, una vez adentro y con algo de suerte, me contactarían con los activistas que podrían ayudarme a entrar al país a través de una ciudad en la frontera siria. Una vez que me sentí lo más seguro posible con mi plan de entrada, empecé mi viaje hacia Siria.

Por mil dolares, logré entrar de forma extraoficial al país, y me garantizaron (hasta donde un traficante de personas puede garantizar) transporte seguro por diez días dentro de la provincia de Idlib. Me llevaron a un pueblo llamado Binish, donde me dijeron que me podían conseguir un lugar para dormir por cien dólares la noche.

Este primer viaje no fue fácil. En ese momento, entre finales de marzo y abril, todavía había pocas publicaciones dispuestas a pagar excursiones largas a Siria. Pronto descubrí que los activistas con los que estaba, tenían la costumbre de quedarse despiertos y tomar Pepsi hasta la madrugada, para después dormir hasta las tres de la tarde.

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La realidad era que no estaba pasando nada en Binish. No había muchos enfrentamientos ni nada en el lugar, y fue difícil hacer que mis guías me llevaran a los lugares a los que quería ir. En retrospectiva, contratar a esas personas no fue mi mejor inversión. Unos días antes del domingo de pascua, casi al final de mi viaje de tres semanas, hubo una terrible masacre a 16 kilómetros de donde estábamos, en Taftanaz. Decenas de personas fueron asesinadas. Y yo era uno de los únicos periodistas occidentales en el lugar.

Tras la masacre, existía el temor de que el conflicto se extendiera a Binish. Los rebeldes del Ejército Libre de Siria que intentaron contener el ataque en Taftanaz tuvieron que huir después de dos horas porque se habían quedado sin municiones. Pronto resultó evidente que eran incapaces de proteger o defender cualquier cosa.

5 de abril de 2012: durante un breve cese al fuego, el ejército sirio permitió a los locales recoger e identificar a sus muertos tras la masacre en Taftanaz.

Mis guías comenzaron a impacientarse conmigo, en especial cuando les pedía que me llevaran a reportar a lugares de alto riesgo en la región. La gota que derramó el vaso fue cuando les informé que Human Rights Watch me pagaría por documentar el resultado de la masacre, así que dos días después regresé a Turquía y me instalé en Antioquía por un tiempo. Empecé a llamar a mis contactos en Líbano para averiguar si ellos me podrían ayudar a entrar a la ciudad de Al-Qusayr, donde según yo, se libraban las batallas más intensas en ese momento.

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Llevaba un mes trabajando en Siria y sus alrededores, pero sin muchos resultados, al menos en términos de material publicado. Estaba frustrado. Cuando contacté a la revista Time me dijeron que ya habían sacado una historia sobre Siria la semana anterior. Se suponía que Newsweek publicaría una de mis imágenes de la masacre, pero uno de sus editores cortó la historia en el último momento sin explicación alguna.

Tenía estas fotos de los asesinatos masivos en Taftanaz, que hasta donde sé, son las únicas que han sido ofrecidas a publicaciones norteamericanas, y nadie las quiso. Estaba encabronado, molesto con la industria y en lo que se había convertido. No dejaba de pensar, No puedes seguir haciendo esto. No vale la pena. Pero fui a Al-Qusayr de todas formas y me quedé dos meses.

Estaba decidido a permanecer en Al-Qusayr hasta que se publicara una de mis fotos. Pero también estaba tomando video, y el día de mi cumpleaños la BBC compró 30 segundos de mi material. Después llegaron los reporteros de Al Jazeera a la región, y por fin sentí que las cosas empezarían a avanzar; quizá de forma exponencial. Mientras tanto, yo presenciaba las horribles muertes de civiles, de las peores que he visto. A veces veía a diez niños heridos al día por bombardeos indiscriminados y otros ataques.

Para cuando llegué a Al-Qusayr, el lugar estaba sitiado, rodeado por el ejército sirio, el cual había tomado dos posiciones en la ciudad: el hospital del estado y la alcaldía. Había francotiradores atrincherados en ambos puntos, la carretera había sido tomada y los convoys entraban a la ciudad con refuerzos. Los aviones y drones de reconocimiento escaneaban la zona constantemente, y ataques con morteros y artillería pesada eran cosa de todos los días. Unas 200 tropas del ELS mantuvieron sus posiciones, pero era evidente que los superaban en número y armamento. Para empeorar la situación, muchas de las personas de la ciudad de Homs (la cual también había sido ocupada por las tropas sirias) habían tenido que huir a Al-Qusayr y a las zonas cercanas.

8 de junio de 2012: niños heridos reciben tratamiento dentro de un hospital de campo improvisado en Al-Qusayr. Los doctores y enfermeras que trabajan como voluntarios en estos hospitales corren el riesgo de ser torturados y ejecutados por el régimen, y deben trabajar en condiciones difíciles con poco equipo, la mayor parte contrabandeado desde Líbano. A pesar de esto, los doctores logran atender a más de cien pacientes al día.

En general, creo que gran parte de los medios estadunidenses intentaban ignorar la situación, en especial cuando la propuesta de paz de la ONU se desmoronó. Anderson Cooper, de CNN, ha sido la excepción. Él es uno de los pocos personajes en televisión con la disposición para cubrir el conflicto de manera constante. Creo que los reporteros se han alejado del tema porque los problemas son muy complejos, y podrían hacer quedar mal, tanto a Estados Unidos, como a otros gobiernos Europeos en un año electoral. Periodistas como Paul Conroy (quien comparó lo que pasó en Homs con Srebrenica o Ruanda) han resultado heridos mientras reportaban. Las agencias de noticias consideraron que era demasiado arriesgado enviar reporteros a la zona. No era como en Egipto, Libia u otros lugares donde hubo levantamientos durante la Primavera Árabe, a donde podías llegar en avión y hacer lo que quisieras. Si no tenías buenos contactos antes de entrar, era ridículamente caro porque tenías que quedarte en un hotel e intentar resolver en 30 días o menos lo que debía haber tomado tres o cuatro meses de preparación. Esta historia requería de mucho más trabajo que otras.

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Después de mi participación en el programa Anderson Cooper 360, en junio, conseguí mas trabajo, y otros medios comenzaron a cubrir la revolución. Algo por fin hizo click y los editores y productores empezaron a preguntarle a sus equipos: “¿Qué carajos estamos haciendo sobre Siria, y por qué no están usando las fotos de este reportero?”

3 de octubre de 2012: un padre llora junto a su hijo asesinado durante un ataque con cohetes contra civiles en las calles de Alepo. 

Había recibido algo de atención por mi cobertura sobre un hospital en Al-Qusayr que aunque originalmente era estrictamente para civiles, con lo caótico de la situación, cualquiera que llegaba a él recibía algún tipo de atención. El ejército sirio había tomado el principal hospital de la ciudad, así que este grupo de doctores comenzó a usar esta pequeña casa que había sido bombardeada. Uno de ellos, un gastroenterólogo con estudios en Rusia que hablaba un poco de inglés, me ex- plicó la situación. El otro hombre que estaba operando había trabajado como veterinario antes de la revolución, y el resto del equipo eran voluntarios. La poca electricidad que tenían, venía de un generador y el ejército sirio conocía su posición y los atacaba constantemente, lo que definitivamente era un crimen de guerra. En mi experiencia, el ejército sirio consideraba a todos los habitantes de este pequeño pueblo agrícola un combatiente enemigo.

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Los miembros del ELS empezaron a construir búnkers y refugios antibombas. Un miembro del personal de un centro de prensa rebelde había cavado su propia tumba en un cementerio reservado para mártires. Y esto fue cuando la ONU todavía intentaba negociar un cese al fuego. Así que no había tantos aviones en el aire como los hay ahora, pero los helicópteros, francotiradores y soldados con armas de municiones pesadas seguían aterrorizando a las gente del pueblo. Era algo interminable.

3 de octubre de 2012: un padre sostiene a su hijo muerto durante un ataque del ejército sirio contra una zona poblada en Alepo. 

Cuando salí de Al-Qusayr a mediados de junio, el lugar seguía rodeado. Regresé a Memphis para visitar a mi familia y reorganizar un poco mi vida. Para ese momento, las batallas más importantes se estaban librando en Alepo, una de las ciudades más grandes y antiguas de Siria, y el centro comercial del país hasta antes de la revolución. Después de descansar un tiempo, decidí que conseguiría el dinero para volver a Siria a través de financiamiento colectivo (crowdfunding) usando Kickstarter. Recibí suficiente dinero para volar a Turquía, donde crucé la frontera por Kilis (que en ese momento, los turcos reconocían como una zona controlada por el ELS; incluso fueron los del ELS quienes sellaron mi pasaporte) y me reuní con mi contacto, quien llegó en una motocicleta y me llevó a Um al-Marra, donde me quedé unos días mientras organizaba mi viaje a Alepo.

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Por esas fechas conocí a un hombre de Long Island que trabaja como activista en Siria. Él se encargó de organizar mi viaje, junto con otro periodista a Alepo, donde me reuniría con el centro de prensa del ELS. Durante el transcurso de mi primera visita, me llevaron hasta la línea de fuego, a un hospital local y a otros lugares devastados por la guerra.

Alepo es una ciudad grande, y era considerada una metrópolis antes del levantamiento. Pero para ese momento muchos de los estudiantes universitarios habían huido, y habían sido reemplazados por campesinos. Lo que más me impresionó sobre Alepo, en comparación con ciudades como Al-Qusayr y Homs, fue que no muchas personas levantaban sus manos con el signo de la victoria cuando veían al ELS pasar. Claro, no todos en la ciudad apoyaban a los rebeldes, pero en mi opinión, la falta de apoyo público se debía a que en ese momento nadie podía confiar ni en sus vecinos. La paranoia estaba en todos lados porque los defensores de Asad seguían en la región, y enviaban reportes a las fuerzas del régimen. Las zonas de la ciudad donde ocurrían los enfrentamientos estaban en su mayoría desiertas.

28 de septiembre de 2012: sirios esperan para ser atendidos en una panadería, una de las pocas que quedan en Alepo. El ejército organiza ataques contra la gente mientras está formada, matando así a cientos de civiles hambrientos e inocentes.

Sin embargo, el ELS tiene una posición consolidada dentro de Alepo. Controlan la distribución de pan y los precios de la gasolina, y han tomado edificios municipales clave. Pero hay cosas que siguen estando fuera de su alcance. Por ejemplo, en este momento no hay forma de establecer una escuela para los niños, sería una irresponsabilidad. Igual que en Homs, el ejército sirio ataca de manera indiscriminada a miembros del ELS y civiles por igual.

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Un día, mientras estaba en el hospital, llegó un pobre niño con la cabeza casi destrozada por el impacto de un misil contra su casa. Otro día vi a dos padres sosteniendo a sus hijos muertos; lloraban inconsolables. Como padre, los podía entender. Fue desgarrador, uno de los momentos más tristes que haya presenciado.

A decir por lo que vi, creo que las tropas de Asad están eliminando un cierto perfil genético. Creo que no exagero cuando digo que podría tratarse de una limpieza étnica, porque están atacando a tres generaciones de sunitas: aquellos que iniciaron la revolución, sus hijos y los abuelos de estos niños. Su objetivo es garantizar que no haya suficientes descendientes para crear un estado realmente secular, aunque la revolución llegara a tener éxito. He visto suficientes pilas de sirios muertos para creer que esto es lo que está pasando. Los gobiernos occidentales y la ONU prefieren decir que es una guerra civil, pero no lo es. El ELS y sus aliados no tienen suficientes recursos para que exista un equilibrio en términos de armamento y personal en el campo de batalla. Es una masacre.

A finales de agosto grabé una manifestación en contra de Asad en Alepo. Ya había presenciado manifestaciones similares en Binish y Al-Qusayr. La protesta en Al-Qusayr había sido mucho más organizada y había comenzado con una oración. Fue como si todas estas diferentes causas y manifestaciones hubieran convergido en un solo lugar. Alepo fue diferente. Las banderas negras de los extremistas islámicos ondeaban en el aire, y se las regalaban a los niños y familiares que se acercaban. Sólo puedo pensar que la desesperación del ELS es lo que los obligó a incorporar a grupos yihadistas en sus filas. Los extremistas son los únicos dispuestos a entrarle a la batalla, y cuando las cosas se ven así de sombrías, aceptas toda la ayuda que te puedan ofrecer.

Otra de las atrocidades que presencié en Alepo fue la quema del antiguo souk [un mercado o bazar árabe] en la parte vieja de la ciudad. Camino al lugar pasamos junto a Haji Mara, uno de los cuatro comandantes de la unidad del ELS en la región. Conducía su motocicleta, e iba en camino a ver a sus tropas y evaluar su situación, así que dimos vuelta y lo seguimos. Quería hablar con él; llevaba tiempo queriendo fotografiarlo y ésta era mi oportunidad.

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Después de mi entrevista con Haji Mara, mi conductor me llevó a ver el souk, que seguía en llamas. Cuando llegué al viejo mercado, quedé obsesionado con los rayos de luz que entraban por el atrio, así como por las llamas y el humo que emanaban de las paredes. Todo ese tiempo, los francotiradores del régimen disparaban contra los rebeldes.

Conforme el humo se dispersaba, se abrían huecos y los francotiradores aprovechaban para dispararle a los vendedores que intentaban rescatar su mercancía de las tiendas. Casi todo el mundo estaba llorando.

El souk medieval era uno de los mejor conservados en el mundo y era considerado un sitio histórico por la UNESCO. Desde entonces ha servido como punto de reunión para los defensores de la cultura panárabe, y su destrucción es un crimen de guerra más que exacerbará el conflicto de maneras inimaginadas.

La situación en Siria es como muchas otras a lo largo de la historia: la eventual caída de una minoría religiosa que gobierna y oprime a la mayoría. Estoy intentando hacer un registro de todo esto, y regresaré pronto. Eso es lo mejor que puedo hacer.

29 de septiembre de 2012: el dueño de una pequeña tienda revisa lo que quedó de su local mientras camina por un mercado en llamas, en la zona antigua de Alepo.

TEXTO Y FOTOS POR ROBERT KING/POLARIS
Redactado por Aaron Lake Smith y Rocco Castoro
Información adicional de ST McNeil