FYI.

This story is over 5 years old.

Identidad

I de "iglesia"

Hay algo de Guerra Santa en la Guerra contra el Narco.

√Čste es uno de 29 testimonios que he recogido entre gente metida en la Guerra contra el Narco. Los nombres y locaciones espec√≠ficas han sido omitidas por seguridad. Lo he acompa√Īado de un dibujo y mi definici√≥n sobre alguna de las 29 palabras que he escuchado mentar a esta gente. Aqu√≠ les dejo la palabra de esta semana: Iglesia.

Ilustración por Gabriel Escalante.

I. ‚ÄúFui agente del Ministerio P√ļblico mucho antes de terminar la carrera de Derecho. Como era el m√°s morro de la unidad de Homicidios Culposos, todos me tra√≠an a pan y verga. Trabajaba 48 horas de corrido por 24 de descanso; el primer d√≠a, como era de esperarse, estaba que me cargaba el payaso de puro sue√Īo. Mi Lic, me llamaron los honorables compa√Īeros, Ust√© no se preocupe por el jale: v√°yase a dormir y ac√° le hacemos el paro cuid√°ndole el changarro; C√≥mo creen, no hay pedo: est√° cabr√≥n acostumbrarse, pero de que se puede se puede. La bola de cabrones me mir√≥ de reojo mientras cabeceaba, ni el caf√© me hizo el paro (tan pendejo que era en ese entonces: ni sospechaba la trabadera de quijada que tra√≠an √©stos). Finalmente las di dici√©ndoles Ni pedo, me voy a dormir a la camioneta unos minutos. Y me fui. Puse la alarma para que sonara en 30 minutos. Y me dorm√≠. ¬°Puta cuando despert√©! Grit√© A la verga; o no dije nada y nom√°s grit√© un grito a lo pendejo, y sent√≠ que me mor√≠a. Los hijos de la chingada hab√≠an retacado la camioneta de bolsas negras con los cad√°veres que hab√≠a recibido la morgue esa misma noche. Los hab√≠an amontonado a mis costados, a√ļn no apestaban. Segu√≠ de gritos y los culeros estos cag√°ndose de risa, vi√©ndome detr√°s de las ventanas de la oficina. Aguant√© vara. Ni pedo. As√≠ fue mi primer d√≠a de MP. El segundo fui asignado a investigar la aparici√≥n de 12 cad√°veres en un rancho all√° por el rastro, a la salida de la ciudad, en el que tambi√©n hab√≠an encontrado droga. No ten√≠an se√Īas de haberse muerto violentamente. Estaban acomodados alrededor de un ni√Īo como de unos tres o cuatro a√Īos. El ni√Īo no estaba muerto, sino dormido. El anciano que cuidaba el rancho, el mismo que llam√≥ a la polic√≠a, no se anim√≥ a levantarlo de ah√≠ ya que entre los cuerpos y el ni√Īo hab√≠a velas y manchas de sangre. El ruco estaba asustado. Yo tambi√©n: en las paredes hab√≠a dibujos como de cabras pero con forma de personas. A pesar de la sangre, te digo que los cad√°veres no se ve√≠an ni mutilados ni cortados. El ruco me dijo que su patr√≥n, un mafiosillo que estaba en la c√°rcel, le hab√≠a mandado decir que aqu√≠ se iba a construir una iglesia. Entonces empez√≥ a ser frecuentado ciertas noches por esta gente que ahora estaba muerta. ¬ŅQu√© tipo de misa celebraban por aqu√≠? Pos sabe, Lic. Al ni√Īo lo llevaron al hospital para hacerle sus chequeos. Fui a ver c√≥mo estaba antes de que terminaran mis 48 horas, a pesar de que estaba bien pinche cansado. Tard√© en agarrar la onda cuando las enfermeras, bien asustadas, me pidieron que llamara a m√°s polic√≠as: el morrito hab√≠a desaparecido. Ni los guardias, ni los doctores, ni las enfermeras hab√≠an visto por d√≥nde se hab√≠a salido o qui√©n se lo hab√≠a robado. Mi turno terminaba en una rato: ya no era mi asunto. Habl√© con mi relevo para que se adelantara. Yo me fui al cant√≥n. Ya no supe qu√© pedo. Esa noche creo que so√Ī√© con el morrito. No recuerdo exactamente qu√©, pero de que lo so√Ī√©, lo so√Ī√©.‚ÄĚ

Publicidad

II. Al igual que la relación entre religión y droga en México, que puede rastrearse a los rituales prehispánicos, la relación entre narcotráfico y religión se origina en la psique profunda mexicana. El narco fue durante décadas benefactor de la Iglesia Católica. El sentimiento de culpa arraigado en generaciones delincuenciales del pasado, aunado a la otrora hegemonía autoritaria del Dios-Padre cristiano, permitió que el narco aprendiera a resolver su posición ante la divinidad de manera sencilla: aseguró con diezmos millonarios su entrada al paraíso. De la rebelión al sometimiento divino, del mensaje de amor al mensaje de muerte, el narco se supo comprar el perdón de Dios a través de la limosna.

        Sin embargo, el escenario actual es otro. La cosmovisi√≥n y el escenario pol√≠tico se han resquebrajado. Tambi√©n el crimen organizado ha sufrido el desmoronamiento de sus jerarqu√≠as hegem√≥nicas: las organizaciones familiares, as√≠ como la arquitectura vertical de las estructuras delincuenciales tradicionales (c√°rteles, alianzas) han sido sustituidas por estructuras rizom√°ticas, esto significa que no hay uno, sino muchos centros de poder al interior de organizaciones cada vez m√°s virales, los cuales frecuentemente pugnan entre s√≠. Esto est√° en perfecta concordancia con el hundimiento y fracaso de los antiguos paradigmas pol√≠ticos (presidencialismo, dedazos, compradazgos) que antes gestionaban simb√≥licamente los modos de operar del narco.

Publicidad

        Esta orfandad ha vuelto inoperante a la Iglesia Cat√≥lica ante el crimen organizado contempor√°neo (de ah√≠ que las altas jerarqu√≠as eclesi√°sticas hayan comenzado a condenar ejecuciones y secuestros). La necesidad de omnipotencia, a√ļn presente en el delirio de buena parte de los miembros de la mafia, exige recuperar los arcaicos poderes de la afectividad profunda: el mundo espiritual, lo inexplicable, lo desconocido.

        De ah√≠ que entre los eslabones m√°s bajos del crimen organizado sean frecuentes los rituales demoniacos o la adoraci√≥n a la Santa Muerte. El sicario se entrega a una p√©rdida de individualidad para insertarse en un todo que lo supera. Es el demonio oscuro el que jala la sierra detr√°s del decapitado. El sicario mata y a la vez se lanza sin condiciones a la muerte pues, al entregarse a su fe ya est√° ‚Äúdel otro lado‚ÄĚ.

        Es este apego a la religiosidad la que ha vuelto m√°s cruentas las ejecuciones. Hay algo de Guerra Santa en la Guerra contra el Narco. La espiral de violencia que aparentemente atenta contra la moral judeocristiana es, en el fondo, una reiteraci√≥n de las formas en que la carne es sacrificada por una causa mayor, cual crucificado. Pero no es la religiosidad moderna, politizada y empe√Īada en adaptarse al conocimiento cient√≠fico, sino la concepci√≥n te√≠sta m√°s primaria la que alimenta el imago general mexicano; uno en el que a√ļn late simult√°neamente lo m√°gico y lo moderno.

Anteriormente:

H de "halcón"

Ve m√°s del Alfabeto (ilustrado) del narco mexicano.