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Cultură

Así sacian el hambre algunos escritores

Algunos ejemplos de la combinación entre literatura de vanguardia y hambre.
3.7.12

Todo mundo sabe (en especial tu papá) que si aspiras a ser un escritor, vas a ir por la vida siendo un muerto de hambre. Te sientas todo el día en una silla, lo cual hace que tu trasero se aplane y que la sangre no circule bien por tus piernas. A veces podrás pensar: “Creo que tengo hambre”, pero lo olvidarás rápidamente para no interrumpir ese proceso creativo o, ni Dios lo quiera, para evitar comer porque estás aburrido y ya no tienes ideas. Esto ha llevado a muchos pasajes famosos, probablemente resultado de escritores que mueren de hambre en sus escritorios; piensa en Proust y su obsesión con las magdalenas o en Portnoy de El lamento de Portnoy de Philip Roth, involucrándose carnalmente con un hígado. El punto es que cuando combinas literatura de vanguardia con el hambre, obtienes resultados bastante extraños. Y de esto hay ejemplos de sobra. He aquí algunos de mis favoritos.

LA COCINA CANÍBAL DE ROLAND TOPOR

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Topor escribió e ilustró este cómico libro de recetas en 1970, y está lleno de migajas desquiciadas, como: “Los ejecutivos que suelen manchar sus corbatas hacen un excelente pâté”. Una de las mejores cosas es su consejo sobre qué hacer con una persona pequeña a medio comer: “Mete los restos de tu enano en una olla con agua hirviendo. Agrega sal y déjalo cocinar a fuego lento por tres horas. Si tu enano es demasiado pequeño, puedes agregar papas”. Delicioso.

CONTRA NATURA DE JORIS-KARL HUYSMANS

Esta es la crónica de Huysmans sobre los excéntricos experimentos consumistas de un hombre, la cual culmina con el protagonista empujándose comida por el culo. Lo disfruta mucho: “Qué ahorro de tiempo, qué liberación absoluta de esa repugnancia que inspira la carne a la gente que no tiene nada de apetito. Qué modo tan cabal de evitar el tedio que de manera inevitable causa la elección necesariamente limitada de platillos”. Imagínate si hubiera conocido el éxtasis.

HISTORIA DEL OJO DE GEORGES BATAILLE

Esta historia de 1928 sobre un par de jóvenes pervertidos se extiende a otras realidades de la estimulación. Un buen ejemplo es el siguiente: “Simona […] pidió a Sir Edmond los testículos del primer toro, exigiéndole que estuvieran crudos. —Pero, veamos, —objetó Sir Edmond —¿para qué los quiere crudos? ¿Se los va a comer así? —Los quiero tener delante de mí en un plato —contestó con determinación Simona”. Momentos más tarde, en unos de esos pasajes extraños que te abren el apetito y te ponen caliente, Simona se mete un testítulo del toro por el culo y otro por la boca. Vaya forma de atragantarse.