Las bolsitas de coca de 'Los Zetas'

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Las bolsitas de coca de 'Los Zetas'

Nunca pensé que mi colección se convertiría en este archivo cómico de uno de los cárteles más peligrosos de México.
15.7.15

Fotos y texto de Ana Cavolo

En 2007, durante la guerra contra el narcotráfico, viví en Torreón, Coahuila. Los Zetas habían tomado la plaza, antes controlada por el cártel de Sinaloa . Durante esa época hubo cambios en la forma en que se distribuía la droga. Ya no podías pedirla directamente a tu casa, ahora tenías que ir al puntoa recogerla, como si fueras a la tienda por cerveza, nada de servicio a domicilio. Torreón era el Hollywood de los narcos, donde todo era pacífico. Allí tenían sus casas, coches y familias, y era el lugar al que iban a descansar. Pero cuando quitaron de la plaza al Chapo Guzmán, quien nos abasteció durante años con su mercancía, todo cambió.

Mis amigas y yo, a quienes nos apodaban Las Malillas, tuvimos que comenzar a comprar en los puntos de venta de droga. La "malilla" es la resaca que tienes el día después de consumir drogas. Nos llamaban así porque ninguno de los hombres que conocíamos iba a pillar droga a los puntos por miedo y teníamos que ir nosotras. Estar sin blanca y con el mono agudiza el ingenio y nos ayudó a encontrar el punto más cercano a donde vivíamos.

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El procedimiento para localizar un punto era fácil: te metías en una colonia de escasos recursos, buscabas algún altar a la Virgen de Guadalupe, con cholos por todas partes, les preguntabas si tenían y listo. En caso de que no tuvieran, siempre podías decir: "Qué onda, carnal, aunque sea una calilla (una calada) pa' la eriza (el mono)", y te pasaban algo, como compensación. Eran tiempos difíciles porque la policía rondaba los lugares y no sabías quién era el bueno ni quién el malo. Debido a esto, la transacción en el lugar tenía que ser rápida. Luego, con el tiempo, comenzabas a conocer a los tienderos, —los que venden la droga— y a los que mandaban en la zona. Algunas veces llegabas y no había producto, pero ellos mismos te decían a qué hora llegaba la camioneta con mercancía, a la que llamábamos "el carrito bimbo". Fue cuando nos dimos cuenta de que este cártel tenía sus propios embalajes, muy característicos. Utilizaban pequeñas bolsas de autocierre de color azul, transparente y negro. Al menos de esa forma ya podíamos identificar al proveedor.

Un día fui a comprar a un punto donde Miniño, la persona que atendía y el vendedor estrella, me entregó la mercancía en bolsitas con dibujos impresos. Me maravilló este nuevo concepto de narcomarketing. El dibujo de la bolsa dependía de la temporada: en Navidad, aparecía Papá Noel —fue la temporada más larga y solíamos decir: "Vamos por unos jo-jo-jos"—, el día de Acción de Gracias tenían un pavo; el Día de Reyes, una corona y algunas ediciones especiales incluían el logo de los Rolling Stones o Superman.

Comencé mi colección de bolsitas, que principalmente eran las que consumíamos, hasta que algunas personas se enteraron de mi afición y me regalaban las ediciones especiales que les tocaban. Incluso ahora, años después, de vez en cuando recibo un whatsapp con una foto diciéndome: "Tengo otra bolsita para tu colección". Nunca pensé que mi colección se convertiría en este archivo cómico de uno de los cárteles más peligrosos de México.

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La colección la mantuve escondida durante varios años en un conducto de aire de mi casa. Éstas son algunas de las bolsitas que circularon en Torreón durante uno de los movimientos más violentos del país.