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Hace menos de una década el sida en Sudáfrica aún se combatía con mejunjes elaborados con ajo, limón y remolacha. Un remedio propio de un curandero cuyo principal valedor fue el Gobierno de su por entonces cultivado y elegante presidente, Thabo Mbeki. Sus excentricidades (durante años rechazó los fármacos que le ofrecía el Fondo Mundial contra el sida) tenían un origen fiable, dijo: internet. El resultado fueron cientos de miles de muertes prematuras en un país donde la enfermedad afectaba bajo su mandato al 10% de la población.
Las tesis de Mbeki generaron tal estupor que la comunidad científica global salió en tromba a desmentirle. Un estupor que, sin embargo, no alcanzó a Plural 21, una pequeña asociación que sobrevive desde hace más de veinte años en Barcelona sosteniendo directamente que el sida, como enfermedad, no existe. "Es un montaje". Su presidente es Lluís Botinas, un hombre de trato amable y cerrado acento catalán que ofrece cursos de 'desmontador del sida'. El precio son 40 euros que se piden como "aportación voluntaria" y si el dinero no alcanza también se permite la entrada. La cuestión es difundir sus teorías. "A veces no viene nadie", admite al teléfono. Últimamente también ilustra acerca del ébola y su "operación psico-socio-político-militar de alcance mundial".
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Las actividades de Plural 21 no pasarían de ser las de otra organización alternativa y amiga de las conspiraciones si no fuera por cosas como las que explicaba una madre desesperada en una carta publicada por La Vanguardia el 21 de noviembre de 2009: "Quiero denunciar aquí que mi hijo Manuel, siguiendo las enseñanzas de Plural 21, se ha negado siempre a tomar retrovirales, y con él otras personas ingenuas aunque hayan sido diagnosticadas como portadoras del virus. En estos momentos mi hijo se muere, y deja a toda su familia desgarrada y frustrada por no haber podido hacer nada".
Botinas, sin embargo, asegura que él no recomienda que dejen de tomarse los fármacos "ya que no soy médico". Simplemente informa de sus conclusiones. Esto es, que "el sida es un montaje" hecho desde los Estados Unidos y que "los test son una trampa". De hecho, cree que "la primera práctica real de riesgo en sida es hacerse -o dejarse hacer- los test, pues son una chapuza".
En la actualidad el sida afecta a 34 millones de personas, 145.000 de ellas en España, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Unas cifras contrastadas que para Botinas, autodenominado "investigador independiente", son también falsas. "Están hinchadas" y forman parte de una batiburrillo de teorías de la conspiración que denomina "el engranaje sida". Esto es, te hacen creer que el VIH te ha provocado el Sida, te sometes a un tratamiento a base de "unos cócteles tendencialmente mortales" y, si uno "no se aparta a tiempo, la maquinaria lo tritura".
Este licenciado en economía no está solo. Existe una corriente internacional de negacionistas del sida que, de forma persistente, sostiene que ni el VIH -el virus que provoca la enfermedad- ha sido identificado ni los científicos nos dicen la verdad. La conspiración entre Estados, científicos y farmacéuticas es la base de una corriente a la que Botinas representa en España y cuyas tesis difunde a través de sus cursos o conferencias de pseudociencia.
Sus teorías, en todo caso, cree que están sometidas a censura. Algo que cree solucionar como hizo Mbeki: recurriendo a internet. "Invito a combinar en un buscador 'sida' con 'verdad', 'mentira', 'fraude', 'estafa', 'engaño'". Ahí está su verdad. "El sida no es una enfermedad, no hay que curarlo".