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Cultura

¿Qué hacer con las fotos de tu ex en pelotas que tienes en el ordenador?

Esto es lo que nos enseñan esas fotos en pelotas de tu expareja que tienes almacenadas en tu ordenador.

por Pol Rodellar
28 Diciembre 2015, 9:43am

Imagen vía

Cuando inundamos nuestros discos duros de carne puede llegar un punto en el que las cosas se descontrolen. Tetsuo. Robocop. Videodrome. Mezclar carne y tecnología siempre ha desencadenado tragedias. Cojamos por ejemplo algo con lo que todos, o una gran mayoría de nosotros, nos podemos sentir identificados; todas esas fotos de nuestras exnovias y exnovios que hemos ido acumulando a lo largo de nuestras vidas y que almacenamos —a veces por descuido y otras veces "por si acaso"— en discos duros y dispositivos de variada naturaleza. No me refiero a esa foto que tienes de Miguel posando al lado de la Fontana di Trevi, me refiero a esa otra —esa que tienes en esa carpeta llamada "Documentos Renta 2013"— en la que sale el mismísimo Miguel comiéndote el coño mientras le sujetas la cabeza y los pocos pelos que le quedan se escabullen entre tus falanges recubiertas de carne, en fin, tus dedos. Entre todos nosotros tenemos cientos y cientos de geopbytes de contenido erótico de nuestros relativos. Carne y flujos escurriéndose entre clústeres y cristal, lo antagónico convergiendo y habitando en un mismo espacio y tiempo. Qué bello cuando esto sucede pero, ¿estamos preparados?

En Alemania han obligado a un tipo a borrar de su ordenador todas esas fotos de su expareja que contenían un mínimo indicio de erotismo o sexualidad. El tribunal federal alemán alegó que existía cierta vulneración de los derechos de intimidad y privacidad a la vez que dotaba al hombre de cierto "poder de manipulación" sobre su expareja. Que el tipo borrara finalmente todos los archivos es algo que se llevará a la tumba, pues no sabemos si como medida desesperada decidió quemarse un CD con todas esas fotos, "el CD de oro" como les dice a sus colegas.

Este pequeño apunte de actualidad me sirve como detonante para debatir ciertas cosas. Si bien es cierto que el tema de tener en tu ordenador una intimidante sangría de archivos audiovisuales de exparejas posando en pelotas o practicando escenas sexuales es algo muy del siglo XXI y de esos putos millennials, no debemos olvidar que antes había un par de cosas llamadas "fotografía analógica" y "cajas de zapatos ocultas en cajones". Ahora se supone que debemos ponernos las manos a la cabeza cada vez que hablamos de mierdas como el sexting, Snapchat y la fragilidad de la intimidad en la red pero yo recuerdo perfectamente cuando en 1992 entré en la habitación de mi hermano buscando pegamento en barra y sin querer descubrí dentro de un cajón una cajita llena de fotos de tías (novias, amantes, "amigas") en pelotas. No encontré el pegamento pero, de algún modo —y perdónenme la poca sutileza—, la barra ya me encargué yo de ponerla.

Siempre ha existido la posibilidad de poseer, en soporte físico de cualquier formato, una imagen sobreimpresa de nuestro amante. Llámenle daguerrotipo o llámenle "Joint Photographic Experts Group". ¿Qué tenemos que hacer con estas imágenes de nuestras relaciones pasadas? ¿Tienen el mismo peligro todas ellas? Está claro que una fotografía impresa en papel satinado no puede distribuirse tan brutalmente como un archivo a través de la maravillosa red de redes pero también puede convertir tu estancia en el instituto o en el trabajo en un auténtico infierno. El problema reside en cómo se utiliza este material y claro, el chantaje siempre es una opción potencialmente factible pero esto ya depende del tipo de calaña con el que decides juntarte para fornicar y pretender ser feliz.

De todos modos, ¿tenemos derecho a conservar estas fotos o un tribunal debería obligarnos a desgarrarlas? ¿Deberíamos aniquilar cualquier rastro de todas nuestras relaciones ya caducadas? ¿Perder un amante podría suponer perder todas las huellas que este ha dejado en nuestra vida? ¿Y los recuerdos? Hablemos de los recuerdos. De esa noche en la que follaste en el suelo de la cocina, por ejemplo. Todo eso es patrimonio inmaterial de tu vida. Estas mierdas también pueden ser peligrosas. Siempre puedes decirles a tus colegas que María te hacía unas cosas increíbles en la polla, "las mejores pajas de la Tierra", dices. ¿Existe el derecho a divulgar esta información? ¿Podrá un tribunal supremo, finalmente —y aquí es dónde realmente quería llegar—, obligarte a olvidar las preciosas tetas de tu exparienta? Amigo, vivimos en un mundo extraño, por lo que todo —absolutamente todo— es posible.

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