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Cultura

El resurgir de la psicoterapia psicodélica

Hablamos con Iker Puente, el psicólogo español encargado de dictar en Bogotá el taller Introducción a la Psicoterapia con Psicodélicos, y descubrimos que un mal viaje puede ser el mejor de los viajes.

por Sara Kapkin Sierra
08 Septiembre 2016, 4:00am

Las ilustraciones son de Natalia Mustafá y Sara Pachón.

Todos tenemos un amigo o amiga que ha tenido un mal viaje. Iba de paseo por Ámsterdam cuando, de repente, después de un par de horas con el sistema nervioso nadando en ácido lisérgico o psilocibina, apareció el memorable brote psicótico: la gente dejó de hablar, la música se apagó y la persona empezó a correr medio en pelotas pidiendo a gritos un cuchillo para matar al ente que se le apareció en un árbol y que le recordó que un ser querido había muerto.

Sí, señores. Es muy probable que todos hayamos oído hablar de o experimentado un "mal viaje". Y que la sola idea de tenerlo nos produzca terror. Al fin y al cabo, ¿quién iba a querer pasar 12 horas deambulando por el Barrio Rojo, en tu mente transformado en un laberinto dantesco que te impide volver a tu hotel?

Y sin embargo: ¿qué pasa si ese mal viaje no es otra cosa que el más importante de los viajes? Desde hace un tiempo, un grupo de psicoterapeutas ha empezado a descubrir que las sustancias psicoactivas son poderosas herramientas para acceder al inconsciente, en especial a esos lugares de nuestra mente a los que el psicoanalista Carl Jung denominó "la Sombra": todo componente de nuestra personalidad y nuestro ser que reprimimos y negamos.

De hecho, las sustancias psicoactivas han sido durante siglos elementos centrales de diferentes culturas y comunidades de todo el mundo. Plantas con propiedades alucinógenas como el peyote, la ayahuasca y los hongos psilocíbicos han tenido un uso ritual y medicinal dentro de las prácticas mágico-religiosas de las comunidades y han facilitado procesos de sanación espiritual, psicológica y física. No en vano, un chamán o taita amazónico es sacerdote y al mismo tiempo médico.

Paradójicamente, es poco lo que Colombia sabe sobre la relación entre alucinógenos y salud mental. Por eso me llamó la atención el taller "Introducción a la Terapia con Psicodélicos" que se llevó a cabo este fin de semana en el Hotel Cosmos en Bogotá. La jornada fue liderada por Iker Puente, psicoterapeuta, investigador, profesor y doctor en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona que se ha dedicado a formarse en el tema.

Ante la imposibilidad de trabajar con sustancias psicodélicas —me dijo que no lo había hecho por temas legales—, ha decidido estudiar el fenómeno. Dentro de su hoja de vida destaca su formación en Psicoterapia Gestalt en el Institut Gestalt de Barcelona y en Psicoterapia Transpersonal y Respiración Holotrópica en el Grof Transpersonal Training, y en Terapia Corporal Integrativa en el Espai TCI.

En cierta medida, Iker ha venido construyendo un gran estado del arte sobre los usos terapéuticos de los estados alterados de la consciencia, incluyendo aquellos generados a través de la respiración holotrópica, técnica que no requiere de estímulos exteriores al cuerpo y que fue desarrollada por el psiquiatra checo Stan Grof.

Poco a poco, psicoterapeutas como Iker han comenzado a recuperar estudios sobre el potencial sanador de estas sustancias, que quedaron en el aire después de que en los 60 comenzara la prohibición y la fiscalización de todas las sustancias estupefacientes por todo el mundo.

Antes de que arrancara su taller en Bogotá, hablé con él sobre este resurgimiento, y de los posibles riesgos y beneficios de utilizar sustancias como la LSD y la MDMA en el diván.


VICE: Iker, siempre se ha dicho que las sustancias psicodélicas abren las puertas del inconsciente y te permiten observar cosas que reprimías o desconocías sobre ti mismo. ¿Qué valor tiene este fenómeno para la psicoterapia?
Iker Puente: Cuando consumes sustancias psicodélicas, tu consciencia se amplía en estado de vigilia. Sólo ese hecho hace que ese material que emerge sea valioso, simplemente porque puedes recordarlo.

¿Qué información puede aparecer cuando experimentas un estado ampliado de la conciencia?
De todo tipo. Por un lado, están los recuerdos del pasado, que pueden ser traumáticos o no, y que la persona no es capaz de recordar de manera consciente. También están las introspecciones sobre la vida presente que te permiten tomar cierta distancia sobre lo que te está sucediendo aquí y ahora, y verlo en perspectiva. Estas introspecciones son útiles, te pueden dar claridad sobre lo que tienes que hacer.

Finalmente, también puedes tener experiencias trascendentes, en las que dejas la preocupación por tu propia vida o tus problemas y te sientes conectado con algo que está más allá de ti mismo, sean otras personas o con la naturaleza. Estas experiencias, mucho más cercanas a la psicología transpersonal, te permiten dejar de sentirte aislado del resto, que es una de las características más difíciles de las neurosis. Ver que no estamos tan separados o que estamos conectados de alguna manera es una experiencia que puede y suele ser sanadora.

Pero, ¿qué se logra con estos fármacos que no se logre con las terapias convencionales?
A diferencia de la psicoterapia, estas técnicas permiten el acceso al inconsciente de una manera más rápida. También suelen ser mucho más vivenciales y no tan verbales. La persona hace un trabajo interno y se relaciona con material de su inconsciente —recuerdos, emociones— y no es necesario que el psicoterapeuta esté permanentemente tirando del hilo o verbalmente intentando ayudar a la persona para que este material aflore. Es un proceso más espontáneo, más orgánico.

¿Cómo debe uno prepararse antes de una terapia de este tipo?
Hay que subrayar que estas técnicas con psicodélicos no se basan simplemente en suministrar una sustancia a una persona. Esta debe estar acompañada de un psicoterapeuta que establezca una buena alianza con el paciente, le dé la información sobre la sustancia y establezca adecuadamente el trasfondo, el contexto y los procesos de integración de las experiencias que tendrá durante la sesión.

¿A qué te refieres con estos últimos tres elementos?
El trasfondo establece la personalidad del paciente: antecedentes familiares, biografía, cómo está psicológicamente en la actualidad. El contexto habla de las circunstancias en las que transcurre la sesión: quién suministra la sustancia, si es grupal o individual, si el lugar es tranquilo, si es en la ciudad o en el campo. Las expectativas del que lleva la sesión, del que recibe la sustancia.

Finalmente, la integración, que puede durar entre cinco y diez sesiones, es el objetivo final del proceso: que la persona pueda aprovechar el material que ha emergido del inconsciente, relacionándolo con su vida cotidiana, con lo que le está pasando, con lo que la ha llevado a la psicoterapia. Ahora, eso no significa que gracias a una sustancia psicodélica alguien se va a curar de sus problemas psicológicos. En realidad, la psicoterapia es el fundamento.


Antes de la sesión con sustancias psicodélicas, ¿puede la psicoterapia preparar el terreno para que emerjan los elementos deseados?
Claro, la intención es que la persona ya vaya preparada y que tenga localizados los temas en los que quiere trabajar.

Yo creo que mucha gente, sin saberlo, busca en el consumo recreativo de sustancias psicoactivas una manera de sanar...
Pero es importante el acompañamiento, incluso con sustancias como la ayahuasca (yagé). Mucha gente cree que después de tomar yagé con un chamán, llegará a casa y se resolverán todos sus problemas y se curarán todas sus neurosis.

En realidad, más allá de la sustancia, es importante ir bien preparado a la toma, saber exactamente lo que uno va a tomar, tener conocimiento sobre lo que se puede sentir y las experiencias que se pueden producir. Igualmente, hay que tener una buena integración con un psicoterapeuta formado en estas sustancias.

¿Qué puede pasar si la experiencia no sale bien?
Es importante siempre buscar una forma de integración, para poner en su sitio cualquier experiencia que una persona pueda tener dentro de estos estados ampliados de conciencia. Y no solo tiene que ser psicoterapéutica, también puede hacerse a través de pintura o de formas artísticas.

¿Qué es lo peor que puede pasar?
Yo soy poco alarmista en ese sentido, pero sí que soy realista. Puede pasar lo que llaman coloquialmente un "mal viaje", en el que a la persona se le abran puertas o tenga experiencias para las que no está preparado, o de repente reviva con todo tipo de detalles un trauma de la infancia que no recordaba, y al que tendrá que enfrentarse cuando vuelva a casa. O entra en un estado de mucho miedo y ansiedad durante la sesión, que luego perdura en el tiempo. Siempre es muy importante ser prudentes y saber sobre todo en manos de quién se pone uno.

¿Qué hacer en caso de sufrir un mal viaje?
Una experiencia difícil o negativa durante una de estas sesiones muchas veces empuja, o incluso obliga, a buscar ayuda. Eso es positivo. A veces se suele decir que un mal viaje es el mejor viaje, pues te enfrenta a tu zonas oscuras y difíciles, y te obliga a parar, a reflexionar y, en ocasiones, a pedir ayuda para poder asimilar de verdad esa experiencia.

¿Qué tipo de padecimientos o trastornos resultan más comunes en este tipo de terapia?
Hay muchas investigaciones en curso sobre la relación entre la MDMA y el estrés postraumático. Hay todo un cuadro asintomático que hace que las personas que sufren este tipo de trastorno —traumas relacionados con la guerra, la agresión sexual, la violencia— tengan muchas dificultades para vivir la vida cotidiana. En psicoterapia, les cuesta mucho avanzar, porque se les dificulta contactar, emocionalmente, con el recuerdo del trauma vivido. Lo niegan y lo reprimen. Además, son personas muy desconfiadas, les cuesta hablar de lo que les ha sucedido.

¿Y qué efectos tiene la MDMA, en ese caso?
La MDMA es un empatógeno, produce empatía hacia los demás. Y no solo con los demás, sino con el propio mundo emocional. Con lo cual, tomar MDMA en un contexto de psicoterapia para estrés postraumático puede facilitar el contacto con esas emociones reprimidas y ayudar a generar confianza con el terapeuta.

Respecto a las otras sustancias, ¿qué resultados se han obtenido hasta ahora?
Con la psilocibina se está trabajando con adicciones, en especial al tabaco y al alcohol.

¿Cómo ves el futuro en este aspecto?
Nos encontramos en un momento crítico en el sentido de que los estudios preliminares han sido publicados con resultados positivos y ahora, tanto en Estados Unidos como en Europa, parece ser que va a haber más apertura para realizar un mayor número de estudios en un mayor número de países.

Parece que después de medio siglo de prohibición, las sustancias psicodélicas vuelven gradualmente a encontrar un lugar legítimo en un sector de la sociedad en el que este tema es tabú.
Sí, de hecho ya hay programas de formación en psicoterapia psicodélica. De momento, en Estados Unidos. Pero igualmente se realizarán en Europa y en Latinoamérica en los próximos años. Se prevé que de aquí a diez años habrá 200 psicoterapeutas formados en ese tipo de psicoterapia para trabajar tanto con MDMA como con psilocibina en contextos de psicoterapia.

Es muy posible que de aquí a diez años estemos teniendo una conversación muy diferente respecto a este tipo de psicoterapia, con mucha más apertura, con muchos más datos, con muchas más personas trabajando e investigando con este tipo de sustancias y con mucho más optimismo y más solidez en el discurso que podamos transmitir en cuanto a su validez.

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