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Búnkers secretos y contratos sexuales: una historia aterradora de secuestros en Suecia

Los secuestros no son tan comunes en Suecia, pero cuando ocurren son escalofriantes.
27.2.16

Los secuestros no son tan comunes en Suecia, pero cuando ocurren, están muy jodidos. Tanto que el síndrome de Estocolmo, un fenómeno peculiar en donde los rehenes desarrollan sentimientos de afecto hacia sus captores, fue nombrado así por una toma de rehenes que tuvo lugar en Estocolmo en la década de los 70.

El último secuestro que se llevó a cabo en Suecia se hizo público en septiembre de 2015. En la tarde del 18 de septiembre, Martin Trenneborg, de 37 años de edad, entró a una estación de policía en el centro de Estocolmo junto a una mujer de unos 30 años de edad. Después de hablar brevemente a la recepcionista, la pareja se sentó en la sala de espera. Dos horas más tarde, la mujer fue trasladada a una sala de interrogatorios. El hombre se quedó en su asiento. A continuación, cuatro policías salieron y lo detuvieron, lo cual marcó el clímax de una noticia inquietante que la prensa llamó "El Fritzl sueco". La cadena de eventos incluye un búnker a prueba de sonido, fresas con sedantes y un contrato sexual. En especial esto último.


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El 23 de febrero de este año, un tribunal sueco condenó a Trenneborg a diez años de cárcel por secuestro. Desde esta noticia, varios expertos en criminología han declarado que este caso es uno de los más perturbadores en la historia penal sueca. En reconocimiento a este hito alarmante, hicimos una breve recopilación de secuestros suecos.

La hija Gevalia

El primer caso de secuestro moderno en Suecia ocurrió en 1963, hasta donde sabemos. Ann-Marie Engwall, la hija de siete años de edad de Jacob Engwall, el director de Gevalia (la empresa más importante de café en Europa en la actualidad) fue secuestrada en camino a la escuela. Los secuestradores, un hombre y una mujer que se mantuvieron en el anonimato, dijeron que iban a llevarla a un paseo escolar que se acababa de perder.

Para pasar el rato mientras esperaban el rescate (una suma de alrededor de 1.500 € [alrededor de 30 mil pesos], que al parecer necesitaban para financiar su propia agencia de detectives privados), los secuestradores llevaron a Ann-Marie a un zoológico de mascotas y a una cafetería. Tan pronto como recogieron el rescate, los secuestradores subieron a Ann-Marie a un taxi para mandarla con sus padres. Como no quería ir sola, y no entendía que estaba secuestrada, pidió llorando a los secuestradores que fueran con ella.

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El Sr. y la Sra Engwall llamaron a la policía en cuanto llegó su hija. Los secuestradores se entregaron ese mismo día. Aunque les fue muy bien. Una vez que cumplieron su pena, se casaron y tuvieron una trayectoria exitosa en algunas organizaciones gubernamentales.

La chica en la caja

El secuestro de la deportista olímpica ecuestre Ulrika Bidegård tuvo lugar en 1993. El carpintero sueco Lars Nilsson, que trabajó en la renovación de la casa de la familia Bidegård, la atacó frente a la casa de sus padres en Bélgica. La ató, la amordazó, y la sedó con thinner. En camino a su departamento en Bruselas, dejó caer a Bidegård en las escaleras y se le reventó el labio. Una vez dentro, le vendó los ojos, le puso unos auriculares con cancelación de ruido y la sentó en el interior de un baño portátil hecho de madera. Durante los cuatro días que estuvo encerrada, recibió poca comida y poca agua.


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La policía belga localizó a Nilsson después de que utilizó la tarjeta de crédito de Bidegård para hacer algunos retiros de efectivo. Dos días después, la policía hizo una redada en su departamento, lo detuvieron y liberaron a Bidegård de su prisión de madera.

Un día después de la detención de Nilsson, llegó una carta cerrada a la finca Bidegård con una fotografía de Ulrika dentro de la caja y exigía 500 mil dólares de rescate. Durante la investigación, las personas cercanas a Nilsson lo describieron como una hombre amable y sensato, sin tendencias delictivas.

El caso Westerberg

En 2002, un hombre se hizo pasar por un repartidor de flores y secuestró a Erik Westerberg, hijo de un empresario exitoso, en su propia casa en Estocolmo. Westerberg estuvo presente en la parte superior de una lista de jóvenes ricos publicada en un peridódico de la tarde ese mismo año. Westerberg también estuvo encerrado en una caja y luego lo trasladaron a una casa de campo en una isla fuera de Estocolmo, donde fue encadenado a una cama.

Los secuestradores exigieron alrededor de 1 millón de euros [casi 20 millones de pesos] en efectivo amarrados a un cable bajo un puente a las afueras de París. El padre de Westerberg entregó el dinero personalmente. Poco después, los secuestradores liberaron a Erik, le dieron una cajetilla de cigarros y unos cerillos. Las autoridades suecas lo encontraron después de haber fumado aproximadamente tres cigarros. Una vez confirmada su identidad, la policía sueca notificó su hallazgo a sus colegas de Francia y poco después, la policía francesa detuvo a los dos cómplices que recibieron el rescate.

La caja donde estuvo Fabian Bengtsson. Foto cortesía de la policía sueca.

Otra persona, otra caja

La caja es un tema recurrente en los secuestros de Suecia. En la mañana del 3 de febrero de 2005, Fabian Bengtsson fue hallada en un parque en Gotemburgo, después de ser liberado por sus secuestradores después de 17 días. "Camina, eres libre, no mires hacia atrás", fue lo último que dijeron los secuestradores antes de que dejarlo ir.

Bengtsson, heredero de SIBA, una de las cadenas nórdicas líderes en la electrodoméstica, fue atacado con gas lacrimógeno en su garaje, encerrado en una caja vacía de televisión y llevado a una especie de cobertizo. Una vez allí, lo cambiaron a otra caja de madera a prueba de sonido con un colchón en el interior. Los secuestradores se lo llevaron en un intento de extorsionar a la familia Bengtsson con aproximadamente 5 millones de euros (mil millones de pesos).

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Sin embargo, con el tiempo, los secuestradores le agarraron cariño al secuestrado. Cuando no lo amenazaban con una pistola casera o le metía bolas de la cinta adhesiva en la boca, le preparaban omelettes y le lavaban la ropa. También bebían whisky y jugaban a las cartas con él. Después de poco más de dos semanas, soltaron a Bengtsson como acto de amistad. Más tarde fueron detenidos por la policía gracias a las notas mentales que tomó Bengtsson durante su cautiverio, como a qué hora se escuchaba el camión de helados a la vuelta a la esquina y el tiempo que tomaba a los secuestradores ir a traer comida al McDonald's.

Estudiantes malos

Alexander Åhman, otro hijo de un empresario rico, desapareció de su residencia de estudiantes en Uppsala unos días después de Navidad en 2011. Sus secuestradores eran sus roomies, un estudiante de psicología (su supuesto novio, que era un estudiante de medicina) y otro de sus amigos. Uno de ellos le dio a Åhman a una empanada con sedantes (el pastel era amargo, pero se lo comió de todos modos por educación), después lo amarraron con cinta adhesiva, lo subieron a la parte trasera de una camioneta y condujeron más de 500 km hasta llegar al edificio abandonado de una escuela en la ciudad de Umeå.

Åhman estuvo encerrado una semana en un sótano oscuro, sin calefacción, con muy poca comida. La cerveza era su única fuente de alimento y dormía en un colchón delgado. Como hacía mucho frío, Åhman encontró unos pañales en la habitación y envolvió sus pies con ellos para mantenerse caliente.

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Cuatro días después, dos de los secuestradores fueron a las proximidades de Estocolmo. La pareja tomó el celular de Åhman para enviarle mensajes a su familia haciéndose pasar por él. La familia rastreó el teléfono con la aplicación Find My iPhone y vieron que se ubicaba al norte de la carretera. La policía detuvo a los secuestradores gracias a la aplicación y rescató a Åhman dos días después.

La imagen de arriba es la copia de un contrato de sexo que se encuentra en una carpeta llamada "Plan maestro" en la computadora de Trenneborg. Apareció en los encabezados debido a su nivel de sadismo.

El Fritzl sueco

En 2010, el doctor Martin Trenneborg construyó un cobertizo al lado de su casa de campo, en Knislinge en el sur de Suecia. Dentro del cobertizo, construyó un búnker de concreto a prueba de sonido con dos puertas de seguridad equipadas con cerraduras electrónicas.

Cinco años después, en septiembre de 2015, Trenneborg llevó a una mujer a su departamento en Estocolmo, a unos 500 km de Knislinge. La mujer se quedó aproximadamente dos horas, durante las que platicaron y tuvieron relaciones sexuales. Al final, el doctor la invitó regresar en dos días y ella aceptó. Esa misma noche, Trenneborg fue a Knislinge para prepararse.


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En su segunda cita, bebieron champán y él le dio de comer fresas con sedantes. Cuando la mujer quedó inconsciente, Trenneborg le entregó un pañal para que ella misma se lo pusiera. Después, el doctor la llevó en silla de ruedas hasta su coche y la acostó en el asiento del pasajero. El trayecto duró siete horas y cada que pasaba una hora le inyectaba sedantes. Lo único que recuerda la víctima después de comer las fresas es que despertó en el coche y con un monitor de frecuencia cardíaca conectado a su dedo.

Más tarde, la víctima despertó en el búnker de Trenneborg. El doctor planeaba tenerla encerrada por años, obligarla a que le hiciera de comer, salir y tener relaciones sexuales sin protección dos o tres veces al día. Tomó muestras de su sangre y su vagina para ver si tenía enfermedades de transmisión sexual y le dio pastillas anticonceptivas. También dijo que estaba considerando secuestrar a otra mujer para que le hiciera compañía, probablemente su madre.

Cinco días después del secuestro, Trenneborg fue a Estocolmo para recoger algunas cosas del apartamento de la mujer y para ir a un concierto de U2. Cuando volvió a casa al día siguiente, se ofreció a llevarla de vuelta a Estocolmo para que escogiera algunas cosas que quisiera llevarse al búnker. Para ese entonces, la policía ya había dejado una nota en la puerta del departamento de la mujer, que decía que su familia la estaba buscando, aunque en la imagen, el cabello de la mujer era diferente.

Preocupado de que la policía estuviera tras él, obligó a su víctima a fingir que eran pareja. Dijo que no quería ir a la cárcel. Como ella estaba era obediente y no había tratado de escapar, él esperaba que no lo denunciara. La pareja llegó a la estación de policía en el centro de Estocolmo, y no fue hasta que la interrogaron aparte que pudo decirle a la policía lo que le había sucedido.

El 23 de febrero, Martin Trenneborg fue condenado a diez años de prisión por delito de secuestro. También tuvo que pagar a la mujer una compensación de 19 mil euros [377 mil pesos]. Trenneborg admitió haberla secuestrado pero negó haberla violado y fue absuelto del cargo de violación.