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Música

El house que Disclosure construyó

El suyo está a punto de convertirse en el sonido dominante del pop más mainstream. Suspiros de alivio para los que esperaban la debacle del electro-Guetta, el Ameri-trance y todas las variantes de la era Will.I.Am. Sin embargo, surge una pregunta: ¿es...
31.7.14

La mecha que encendió al llamado "house-pop" comenzó a arder en octubre de 2012, cuando el sencillo "Latch" de Disclosure ingresó a la posición número 11 de la UK Singles Chart. Luego vinieron los sencillos "White Noise" y "You & Me" que se posicionaron en el Top 10, antes de que Duke Dumont se anotara dos número 1 consecutivos. En mayo del año pasado, el álbum debut de Disclosure, Settle,ocupó el número 1 en el Reino Unido. Adelantémonos rápidamente a la profusión de hits radiales de Gordon City, Route 94, MK y otros tantos más; y superemos el hecho de que "Rather Be" de Clean Bandit se convirtiera el sencillo más sonado y el de ventas más rápidas del 2014 –con 163.000 copias vendidas en la primera semana y un millón para la quinta–. Fue la mayor venta semanal para un número 1 de enero en Reino Unido, desde "Spaceman" de Babylon Zoo en el 96.

Esta nueva forma de música house está a punto de convertirse en el sonido dominante del pop más mainstream en ambas orillas del charco. Suspiros de alivio para los que estaban esperando la debacle del electro-Guetta, el Ameri-trance y todas las variantes de la era Will.I.Am, que interfirieron nuestra frecuencia radial por más de media década. La cosa es que quien invita a la fiesta escoge la música, y nuestros anfitriones actuales son Disclosure. Vamos, ¡todos adoran a Guy y a Howard Lawrence!

El fenómeno Disclosure ("Dis-house", como lo llamaremos) es básicamente la “música dance para chicos indie” reducida a su mínima expresión. Su canciones pueden tomar vida en un piano, pero sonaría más a la banalidad de Keane que al majestuoso paso por el house de Marshall Jefferson. Son una alteración de la tradición del DJ/productor anónimo, porque se comercializan como banda: un dúo dinámico que en el escenario demuestra que es un equipo de músicos de verdad y de paso, hace pensar que el resto no lo son. Como todos los chicos indie, obviamente, los Disclosure también son unos geeks de internet. Como dice por ahí un forista en Dissensus: “pondré ese bajo dubstep, aquel piano rave, algo de breakbeat hardcore y este acompañamiento vocal medio garage”.

Disclosure es el producto de lo que la prensa musical de Reino Unido llamó a finales de los 2000 el “bass music”, un término que emergió de esa fusión de géneros que nos dejó la sensibilidad del post-dubstep. Desde su áspero comienzo con el exquisito sencillo underground Hyph Mngo de Joy Orbison, aquellos primeros días fueron testigos del empalme entre el beat housero, los ritmos two-step y el pesado bajo del dubstep, pero algo se rompió a lo largo de la relación entre el house y el bass music. En alguna de su fases evolucionarias, el género se fragmentó en diversos subgéneros, incluyendo su retoño más truculento: el “future garage”. Y Disclosure, precisamente, es el bebé de este género. Así que Disclosure no solo destila house, sino que al perpetuar la debacle del “future” se está jodiendo todo el legado del garage: el último y posiblemente el mejor periodo de cosecha propia del Reino Unido, el underground de las listas de popularidad que era todo lo que no es Dis-house: vital, orgánico, progresivo.

No ayuda el hecho de que en lugar de recurrir a figuras del dance, Disclosure acuda a estrellas indie como la banda “art rock” London Grammar o como Ed MacFarlane de Friendly Fires o como el marginal R&B de Aluna George. Ignorando las convenciones de la música house, Disclosure se junta con Jamie Woon (uno de sus favoritos) quien, igualmente, descontextualiza los géneros urbanos al llevar al dubstep, al house y al garage a su carácter más prescriptivo y mecánico. En conclusión, tanto en sabor como en ejecución, los hermanos Disclosure son unos absolutos rockeros. Y esta maravillosa cita de Howard lo dice todo: “Intentamos llevarle clase y alma al arte de componer… usando acordes de jazz que tengan emoción… Puedes tocar Latch en un club masivo o hacerle un cóver con un ensamble jazz”.

Para poder convertirse en lo que es, Coldplay ha exorcizado los resquicios esotéricos del indie contracultural para adaptarlos a la masa y así no alienar a ninguna sección de su público (cosa que se refleja en sus ociosas letras). Su marca genérica de indie rock está desconectada de cualquier punto de referencia cultural discernible (todos los rastros de la bohemía neoyorquina de Jeff Buckley están extraídos de sus sonidos, por ejemplo, a pesar de la influencia de Buckley sobre la banda). Para Disclosure, aplicar el mismo método al house es fatal en el contexto del género porque, a diferencia del indie rock, el house deja de ser house cuando lo sacas de su hogar: el club.

El Dis-house va en la misma línea del “dry-lander” dance, un término desechable pero utilizado por los dubsteperos de Croydon para describir a los escuchas domésticos que sienten aversión por la pista de baile. En una entrevista con 92.3 NOW de Nueva York, dijeron esto: “venimos de un entorno distinto al de los productores de dance. Lo que nos separa es que la mayoría de ellos comenzaron como DJ's, mientras que nosotros aprendimos a ser DJ's después de comenzar a producir. Crecimos aprendiendo a tocar instrumentos –el bajo, la guitarra, las percusiones– y eso nos da una nueva perspectiva de las cosas, más allá de ser un hombre en una cabina”.

Hay algo inherentemente falso en esta retórica. La cultura del club es algo por lo que los hermanos parecen tener poca afinidad, o incluso respeto. “Cuando era joven pensaba que la música dance era pura mierda”. Le dijo Howard Lawrence a The Guardian el año pasado. “Incluso ahora que me gusta, no me gustan las multitudes. Un montón de babosos, la gente borracha no es muy divertida cuando no estás ebrio. Me gusta la música de los clubes en los que tocamos, pero no necesariamente la gente”. Recientemente también se quejaron de las “chicas realmente sexies” que venían a sus shows a atragantarse de pepas en la primera fila. “Se verían tan bonitas si no hicieran eso”.

¿Y es que acaso no es esa gente estúpida, drogada y sudorosa la misma que paga sus sueldos?

Claro está que los argumentos personales pueden deshacerse ad nauseam, pero estaríamos abordado el problema de Disclosure desde la perspectiva de “juzgar el arte pero no al artista”, sino fuera por el hecho de que su mentalidad apunta hacia su música. Solo porque quieras bailarte Latch o White Noise no hace que su música sea de discoteca. El espacio en el que su música se aviva es en la radio, en primer lugar, luego en el escenario de los festivales, y finalmente en el club.

El club es tanto un santuario como un criadero para uno de los elementos claves de la música house: la fantasía, algo que se encuentra totalmente ausente del sonido de los hermanos. Aunque es emotivo y nostálgico, está desprovisto del sentido teatral de la música house: esas sensación de vida o muerte de las ansias de salvación que, en el apogeo del género, siempre estuvo enfrentado a la búsqueda de la satisfacción sexual. En una afrenta al establecimiento puritano de Norteamérica, la sexualidad abierta era otra preciosa manera de expresión de la excluida rareza de la música house. Dis-house, por el contrario, es la música house despojada de sus significantes gay: las vampiresas, los lujuriosos, el ambiente corporal de la pista de baile.

El club era el lugar donde lo gay podía existir sin restricciones, y en donde la identidad negra se pudo consolidar como una red de fuerzas contraculturales interconectadas, apropiadas de su lugar. Al estar desprovisto del glamur y la autoconciencia artificial de la música house, el Dis-house ofrece una domesticación que hace caso omiso a la necesidad de existir en un lugar entre las 9 y las 5 a.m.: el espacio en el que “el otro” puede encontrar la liberación. Aunque a menudo es descrita por sus defensores como “bien construida”, la producción estudiosamente ordenada de Disclosure evoca más a las pulcras y cremosas estancias de la clase media que a las estruendosas orgías dance de un lugar como Chicago.

Hay un hombre que se encuentra en el centro del escenario de todo esto y que es de crucial importancia, pero cuya opinión ha sido desechada o censurada. La subordinación de Sam Smith a la visión de Disclosure es la tesis sobre el peligro de separar la música house de su cultura. Cuando los Lawrence escucharon las primeras baladas R&B de Smith, asumieron que el londinense era una mujer y se dice que entraron en “shock” cuando se enteraron de la verdad. ¿Por qué carajos alguien con un mínimo de cultura club en la cabeza hace tal presunción? Especialmente si consideramos el rol fundamental que las divas masculinas del falsete han desempeñado en la formulación de la estética house.

Y no solo los elementos de la sexualidad se sienten anémicos. Los vocalistas MNEK y A*M*E constituyen las voces negras más discernibles del Dis-house, pero cuando se presentan en el contexto de la negritud estetizada de la música, su contribución parece absorberse en un clima de sinsentido cultural. Es amargamente irónico que los Lawrence se apresuren a decirle a la prensa que están devolviéndole el “soul” a la producción de música dance, mientras ignoran (o en algunas ocasiones dañan directamente) la tradición negra del soul que se convirtió en una de las piedras fundamentales del house.

Cuando intentan honrar las raíces del género los resultados son terribles. El uso de las exhortaciones del orador motivacional Eric Thomas al inicio de When a fire starts to burn, al estilo gospel, se siente más como una palabrería simbólica sobre los orígenes del house, y que a los chicos se les ocurriera la canción para acompañar el video promocional inspirado en Thomas como un "tongue in cheek", es una prueba más de su actitud casual y chistosa frente a un género que se han reapropiado activamente.

“Escribimos canciones de forma convencional”, ha dicho el duo, “solo que las producimos como música dance”. Y convertir “canciones escritas de forma convencional” en tracks electrónicos es una tarea mucho más fácil cuando la música se basa en breaks (Let me be your fantasy de Baby D es un buen ejemplo). Disclosure podría haber tenido más éxito que cualquier otro artista pop de su tipo, pero lo que fastidia realmente es que se esté sacrificando el house en nombre del pop. Groovejet de Spiller y Lazy de Xpress 2 son temas pop para la pista de baile que lo entendieron muy bien, capaces de reunir la atracción de la masa sin darle la espalda al club.

Se le está acabando el tiempo al Dis-house para mejorar la situación. Su música está amenazando con brincar el Atlántico y enloquecer a Norteamérica (recientemente Latch llegó a la posición 12 del top 100 de la Billboard). Y si eso sucede estaremos todos en un lío de mierda. Y no el tipo de buena mierda como, digamos, Larry Heard. Para entonces, toda esa mierda habrá sido enviada a cada URL de América con una nota que dice: “este es el nuevo sonido del house-pop, y así será por los siglos de los siglos”. En dos años, una nueva generación de americanos podría estar hablando sobre este nuevo género inventado en Inglaterra y llamado house, y será una genialidad bailarlo al aire libre.

Puedes seguir a John Calvert en Twitter @JCalvert_music