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Música

RIP Frankie Knuckles, el Dj pionero del house

El autoproclamado "padrino de la música house" abrió un nuevo camino musical al crear un espacio donde los grupos minoritarios y marginados podían bailar sin preocuparse por la intolerancia. Adiós al papá.
2.4.14

Gracias a la icónica trilogía de películas del mismo nombre, la palabra “padrino” implica el manejo y liderazgo de organizaciones criminales underground. En el caso de Frankie Knuckles, sólo una parte de esa definición es cierta. El autoproclamado “padrino de la música house” fue una fuerza vital detrás de la temprana orientación y desarrollo de una escena alternativa de baile en la periferia de la cultura musical americana. Debido, en gran parte, a su dedicación durante toda su vida, la música house se ha convertido en un pilar en las pistas de baile de todo el mundo.

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Knuckles murió en su casa la tarde del lunes por causas no especificadas que podrían relacionarse con su larga batalla contra la diabetes tipo II. El Chicago Tribune reportó que la muerte de Knuckles fue confirmada por su socio Frederick Dunson.

Knuckles, nacido como Francis Nicholls en el Bronx en 1955, comenzó su carrera mientras estudiaba diseño textil en FIT. A comienzos de los 70’s hizo una residencia en el Continental Baths en el Upper West Side con un amigo de su infancia, el también legendario DJ y productor Larry Levan. Por la época en la que Levan ayudó a definir la escena del histórico bar Paradise Garage, Knuckles su mudó a Chicago y comenzó a trabajar en un bar llamado The Warehouse (el lugar del cual la música house al parecer toma su nombre). Knuckles y sus contemporáneos estaban experimentando con la música disco cuando el género estaba en sus últimas apariciones en el mainstream, en 1979, un DJ de radio presentó una destrucción pública de álbums de música disco en un juego de los White Sox de Chicago en Comiskey Park. Mientras que el evento señaló el fin del romance entre la industria disquera y el género, Knuckles fundó nuevas formas de traspasar las fronteras del disco a través de sus reediciones pioneras, donde tomaría elementos de sus discos favoritos y los cortaría como canciones extendidas perfectas para bailar.

Cuando se dedicó a mezclar soul, funk, y discos raros importados, el sonido de sus sesiones de DJ en Warehouse se volvió único, la producción de Knuckles ayudó a definir una nueva forma de música de baile que precedió al estilo club moderno.

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A través de la combinación de una drumbox que le compró a un joven productor de techno de Detroit llamado Derrick May, una asociación creativa con el artista de Chicago Jamie Principle, y la apertura de su propio bar, Power Plant, la carrera de Knuckles entró en su apogeo a principios de 1980. A finales de la década, Knuckles estaba de gira por Europa, pues el estilo que ayudó a crear pasó de ser una subcultura primigenia a un género completamente formado de la música electrónica, con sus propios bares, sellos discográficos, y audiencias. Además de producir centenares de temas clásicos y pinchar en bares ahora famosos y fiestas de todo el mundo, Knuckles mezcló canciones para artistas de grandes sellos discográficos como Michael Jackson, Pet Shop Boys, y Toni Braxton, por nombrar unos pocos. Ganó el primer Grammy que ha sido otorgado a un remixer, una calle en Chicago lleva su nombre, e incluso los 59 años se mantuvo activo como cabeza de cartel en los principales festivales de música de todo el mundo.

Es imposible negar el impacto de Knuckles en la música electrónica en general. Cuando yo estaba aprendiendo sobre el house, nombres como Frankie Knuckles y Larry Levan se convirtieron en figuras históricas para mí. A pesar de restar importancia a la naturaleza política de la escena en la que inició su carrera, estaba implícito que lo que ayudó a construir Knuckles fue un espacio vital para las minorías raciales, sexuales y económicas en medio de la intolerancia de las escenas de los bares dominante en las ciudades estadounidenses. Se ha señalado antes, pero la música electrónica, a medida que se globalice, será más importante que nunca para celebrar las raíces diversas de la cultura de los grupos marginales. La carrera duradera de Knuckles es una prueba de ello. En el momento en que tuve edad suficiente para ir a verlo en clubes de Chicago ya tenía unos 50 años, y la gente no se parecían a nada que haya visto en algún espectáculo de los que he estado hasta ahora, un amplio abanico de edades, razas y sexualidades, todos disfrutando de un sonido tan potente que trascendió generaciones y dio a todo el mundo algo diferente para bailar.

Gabriel Herrera es un escritor que vive en Nueva York. Está en Twitter - @gabrielherrera