Cultură

Hablamos con gente que ha tomado ayahuasca más de veinte veces

Hay quienes afirman que una ceremonia de ayahuasca es como diez años de terapia, así que platicamos con algunas personas para saber qué han aprendido después de tantas ceremonias.
29.5.16

Sobran las presentaciones. Foto vía Wikimedia Commons.

En Vancouver si pateas una piedra salen veinte personas que han participado en una ceremonia con ayahuasca. Es como cuando hace una década se puso de moda hacer yoga. En todo caso, es algo positivo. ¿Cómo podría ser malo que cada vez haya más gente a la que le guste la meditación y la autotransformación?

Las razones por las que la gente participa en ceremonias con ayahuasca son muy diversas: problemas de salud mental o de adicciones, la búsqueda de una conexión espiritual más profunda, escapar del tedio de la vida… Los hay que incluso afirman que vivir esta experiencia una vez es como recibir diez años de terapia. Por su parte, la comunidad científica se devana los sesos por averiguar qué ocurre en el cuerpo y la mente de una persona durante y después de una experiencia tan profunda como esta.


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Para muchos, la ayahuasca es una vivencia única que les cambia la vida, pero hay un colectivo muy reducido de personas que han convertido estos rituales en una experiencia que repiten varias veces al año. Hablamos con varios de ellos para que nos cuenten sus impresiones.

Scottie Colin, 40 años
Carpintero
Vancouver

En lo que va de año ya llevo 20 ceremonias, cinco de las cuales eran de dos días de duración.

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Suelo asistir a una ceremonia al mes, pero estas son más tranquilas porque bebes menos. Es más como una ceremonia de meditación, mucho menos intensa y en la que no llegas a vomitar. Me van muy bien para encontrar el equilibrio espiritual.

La gente se suele quedar con lo negativo de estas experiencias: lo de los vómitos y el hecho de que te entran ganas de llorar. Pero yo estoy más que dispuesto. Soy adicto a la heroína y eso sí que es sentir dolor. A veces pensaba que me moría. Con la heroína, da igual que sufras una sobredosis: lo vas a volver a hacer, una y otra vez. Y sufres lo indecible.

Ya llevo dos años y medio limpio, quizá incluso más. Empecé siguiendo el programa de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos. Allí te enseñan a ser consciente de tu situación, a comprender tu comportamiento y la forma en que exteriorizamos nuestros problemas. Te hacen ver el daño que haces a los que te rodean y que, por naturaleza, somos muy egoístas. El problema es que conviven siempre con los mismos problemas. Te explican las mismas historias continuamente, y yo lo que quería era apartarme de eso, curarme.

Sufrí una recaída de cuatro meses después de un año. Ahora estoy limpio desde el 10 de julio, hace más de dos años y medio.

Sin embargo, aún había algo mal en mi interior, me sentía vacío espiritualmente. Sabía que tenía que haber algo más, que debía producirse un cambio. Me surgió la oportunidad de probar la ayahuasca, de la que había oído hablar mucho. Tuve que reunir mucho valor para ir a mi padrino y contarle lo que tenía intención de hacer, porque ellos fomentan la abstinencia total. Cuando se lo dije, no paraba de decirme que había vuelto a recaer.

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Después de mi primera experiencia con ayahuasca, mi vida dio un giro radical. Por primera vez en mi vida, me sentía muy seguro y liberado. De repente, todo cobró sentido. Entonces me di cuenta de que había ido hasta allí guiado por la intuición. Después de aquello, empecé a buscar grupos de apoyo por internet. Lo que había vivido era tan profundo e intenso que necesitaba contactar con gente que hubiera sentido lo mismo.

La ayahuasca me ha ayudado a centrarme en lo que me mantiene íntegro y a mantener a raya la faceta más obsesiva-compulsiva de mi vida. Pero ojo: la ayahuasca no es la solución, sino un vehículo para llegar a ella. La solución pasa por estar en contacto con esa fuerza divina. Por eso, aunque dejara de tomar ayahuasca, no me importaría porque ya sé que esa fuerza existe. La ayahuasca simplemente la potencia e intensifica.

Amy Manusov, 29 años
Intérprete musical
Toronto

Supe de ella hace más de cinco años, pero me costó mucho dar con un grupo con el que pudiera probarla. Soy profesora de yoga y me interesan mucho las filosofías orientales y cualquier cosa que esté al margen de lo comercial. Además, suelo consumir drogas recreativas. Este año he participado en ocho ceremonias.

Al principio me sentía atraída por estos rituales porque veía en ellos una posible solución a mi tendencia a la depresión y la ansiedad, que arrastro desde la adolescencia.

He estado seis meses haciendo terapia conductual cognitiva en grupo a través de un programa del hospital y también sicoterapia. He probado por varías vías que han sido más o menos satisfactorias, pero nunca he tenido la sensación de estar tratando la verdadera raíz de los problemas, que parecían ser de naturaleza existencial. No me gusta decir que buscaba un componente espiritual en mi terapia, pero realmente era así, solo que en aquel momento no era consciente de ello. Solo sabía que la terapia convencional me ayudaba pero no era la solución definitiva.

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No creo que vaya a asistir a ceremonias ocho veces al año todos los años, aunque preferiría eso a estar a base de antidepresivos durante el resto de mi vida. La ayahuasca me parece un buen sustituto que me ha permitido dejar los antidepresivos.

Gerald Thomas, 52 años
Estudioso de las adicciones
Vancouver

He participado en 11 ceremonias en total desde febrero de 2011. Eso da una media de dos al año. En este tipo de rituales vives experiencias incomparables. La primera vez que tomé ayahuasca hablé con Dios al cabo de 15 o 20 minutos. Obtuve respuestas a todas mis preguntas. Fue muy intenso.

Siempre nos dicen que las cosas forman un todo, y la física a veces nos puede sorprender, pero cuando lo experimentas en tu propia consciencia, todo adquiere un nuevo sentido y dejas de ver el mundo con los mismos ojos. Vivir esta experiencia me ha hecho creer en lo que se suele decir, que "todos somos uno". Ahora lo sé y nada me puede convencer de lo contrario.

Mi mentor espiritual suele decirme que el problema que tenemos los occidentales es que nos vamos corriendo y volvemos a hacerlo. "Nosotros enseñamos a los nuestros a asimilar la lección aprendida hasta la punta de los dedos de los pies. Madura los conocimientos adquiridos en tu día a día antes de lanzarte a vivir la próxima experiencia trascendental", me dijo, y me tomé sus palabras muy en serio.

Me encantaría que la gente diera la misma importancia a lo que sucede antes y después. Es lo que hacemos; estamos abordando una terapia que ha nacido en la jungla con un enfoque tecnológico. Estamos hablando de una cultura, un entorno distintos. Luego lo soltamos al mundo y cruzamos los dedos. Creo que se puede hacer mejor.

Después de todas mis sesiones con ayahuasca —absolutamente todas—, ha habido meses de trabajo posterior, interiorizando lo aprendido y los cambios que he experimentado. Por eso me he comprometido a no volver a hacerlo a no ser que disponga del tiempo suficiente, antes y después, para trabajar sobre la experiencia. Con la vida tan ajetreada que llevo, va a pasar bastante tiempo hasta la próxima.

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