Cultura

La belleza y la gloria de ser una zorra

He tenido mucho sexo y lo agradezco.
26.7.16

El autor, su esposo y su novio. Foto cortesía del autor.

Después de leer un artículo de opinión del escritor británico Dylan Jones, me di cuenta de que soy una zorra, una zorra de clase mundial.

En su artículo, Jones narra la vez que le dijeron"puta" cuando confesó que había dormido con cerca de 400 hombres durante una plática casual en una fiesta. Para mí, 400 es un número bajo. Lo peor fue la serie de comentarios en el artículo de Dylan, donde los lectores decían que tener sexo con tantas personas es señal de una autoestima y unos estándares bajos, e incluso asumieron que tenía "problemas de salud mental", como si el valor de una persona disminuyera con cada pito o culo que se da. También hubo comentarios de gente con actitud positiva ante el sexo que lo felicitaron por su honestidad y desestimaron a los puritanos. No me imagino que dirían de mí esos moralistas de mente cerrada.

Dormir con 400 hombres significa dormir con 40 cada año. Mi esposo Alex y yo nos cogimos probablementea 40 güeyes durante nuestra luna de miel de cinco semanas en Europa.


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Tuve mi primer trío cuando tenía 14 años, con dos chicos que eran mis vecinos. He tenido sexo regularmente desde que tenía 16 años. Llevo 32 años teniendo sexo —32 por 40 es igual a 1,280—. Y yo creo que eso es poco. El verdadero número de hombres con los que he dormido hasta hora, según yo, está entre eso y 3,500.

He tenido mucho sexo y lo agradezco.

Todos los días me recuerdo a mí mismo que cada hombre con el que tengo sexo es un ser humano y que lo puedo amar por unos minutos. Que puedo abrazarlo y protegerlo.

El sexo no se trata nada más de venirte. Se trata de la conexión y la intimidad. Aun con los ligues más anónimos hay algo de magia; chupársela a un desconocido en un baño puede ser igual de íntimo y sorprendente que cualquier otro sexo. El sexo es trascendental y hermoso, incluso si ese desconocido te empuja, se sube el cierre y se va. O si nunca lo vuelves a ver. A veces, en especial si no lo vuelves a ver.

En mi adolescencia pasé muchos fines de semana en casa de mi mejor amigo. Nos quedábamos todo el día viendo la tele mientras yo se la chupaba. Después me iba solo al parque. Creo que tenía como 16 años. No pertenecía a una comunidad. No sabía qué significaba ser gay. Y a pesar de ser un adolescente caliente, no iba al parque solo para coger. Iba en busca de un lugar donde pertenecer y de personas como yo.

A finales de la década de los 90, me mudé a Los Ángeles y me di cuenta de que estaba solo en una ciudad nueva. Acababa de leer Numerados de John Rechy, una verdadera biblia de ligue gay, y poco después empecé a merodear en las sombras del Parque Griffith para devorar todo y a todos los que encontraba. Ahora sé que lo que buscaba, más allá de sexo, era amistad y una forma de tener intimidad con otra persona, aunque fuera por unos segundos. Pasé horas besando, cogiendo y tomando de las manos a desconocidos mientras ellos se masturbaban susurrando cosas a unos oídos desconocidos en instantes perdidos que nunca se irán de mi memoria.


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Hay belleza en tomar a alguien de la mano mientras lo penetras, sientes los latidos de su corazón y escuchas su respiración. A veces es suficiente con compartir ese sentimiento y nada más. De vez en cuando, en momentos de soledad, autodesprecio y desesperación, nos encontramos y nos damos consuelo por unos minutos en un mundo oscuro y solitario.

Y no es algo que me avergüence. Me he cogido a personas increíbles, personas que ahora amo y son muy valiosas para mí. Estas personas harían todo por mí y yo también haría todo por ellas.

Una vez escuché sin querer a un hombre decirle a otro: "Ese tipo ha cogido con tantas personas que su sexo ya no significa nada. Es un adicto". Pero el sexo todavía tiene significado para mí. Con algunos hombres, es algo mágico, como si estuviera ocurriendo algo muy importante.

Me he cogido a personas increíbles, personas que ahora amo y son muy valiosas para mí. Estas personas harían todo por mí y yo también haría todo por ellas.

Me niego a humillar a una persona por sus decisiones, incluso si son decisiones que yo jamás habría tomado. Me metí heroína todos los días por 12 años de mi vida. Fui escort. Me tenido sexo a cambio de una línea de coca. He visto morir a hombres que amo en mis brazos. He robado a personas que son todo para mí. He sido egoísta, grosero y ruin. He mentido, he engaño y aun así encontré la redención —una forma de amar quien soy, de perdonarme y de buscar a los que he lastimado y tratar de compensarlos—.

Somos seres rotos que viven en un mundo hostil. ¿Por qué no habríamos de ser buenos el uno con el otro? ¿Por qué no habríamos de coger, apoyar, querer y amar el uno al otro? Quiero que la gente ofrezca y reciba a cambio todo el amor del mundo. Quiero que mi esposo se enamore y tenga todo el sexo que pueda durante toda su vida y quiero lo mismo para nuestro novio. Es algo que quiero para todos los hombres a los que les hago el amor, ahora y en el futuro…

Lo que importa es la calidad del tiempo que compartimos, no importa si es mucho o poco. Todos los días me recuerdo a mí mismo que cada hombre con el que tengo sexo es un ser humano y que lo puedo amar por unos minutos. Que puedo abrazarlo y protegerlo. Ese es el valor de lo que somos y el valor que podemos ofrecer.

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