¿Por qué la gente en Bogotá prefiere no adoptar perros negros?
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¿Por qué la gente en Bogotá prefiere no adoptar perros negros?

La creencia popular que asocia el color negro con la maldad está afectando la adopción de perros de ese color.
31.3.16

––Es racismo ––me dijo Blanca, una de las voluntarias del Centro de Zoonosis, un complejo adonde llevan los perros abandonados de Bogotá, que queda ubicado en Engativá, a unas 5 o 6 paradas de la estación de Transmilenio Portal El Dorado. Me lo dijo en un intento de explicarme lo que me contaron como rumor hace un par de semanas: que si un perro nace negro y está abandonado tiene menos posibilidades de ser adoptado por alguien.

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El tema, lo que entendí después de estudiar un poco la cosa, es que ese fenómeno no sólo pasa en Bogotá sino que tiene ocurrencia en varias partes del mundo. El fenómeno se denomina Síndrome del perro negro y explica que los perros negros ––y, por lo general, grandes–– no son adoptados con la misma frecuencia que otros perros de diferentes colores.

Un artículo de Amanda Leonard, creadora y líder investigadora del Estudio de Investigación El Perro Negro (The Black Dog Research Studio), publicado en la revista de la Sociedad Antropológica Kroeber de la Universidad de California, en Berkeley (2011), exponía que la connotación negativa del color negro, sumada a los factores físicos, el tamaño, el color, la perrera, así como el ambiente donde está el animal, crean en las personas lo que ella denomina "comprobación inconsciente de antecedentes", que se da por la creencia de que los perros de los refugios tienen antecedentes cuestionables, cosa que da como resultado que las personas intenten protegerse de mascotas "dañadas".

––Cuando uno acomoda los perritos en las jornadas de adopción, que hay hartos, uno los pone en jaulas. A veces uno tiene cinco, donde cuatro son negros y uno es amarillo, o de otro color, y se llevan al que no es negro ––dijo Blanca.

Mientras recorríamos el centro y veíamos los perros, Mauricio Vargas, uno de los veterinarios del lugar, me comentó que los perros negros sí permanecen más tiempo en adopción y que, aunque la gente eventualmente los adopta, se imagina que "está buscando el perro ideal, un Golden Retriever o algo así, y siente que [el negro] no es tan atractivo. No lo ven tan bonito".

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Además ––me aseguró––, al Centro de Zoonosis llegan muchos perros negros, y como les cuesta más ser adoptados, se van quedando y su número aumenta de forma constante. Esto último completa el círculo vicioso que de manera rudimentaria me contó Blanca: la gente ve muchos negros y quiere llevarse al distinto.

Carolina Alaguna, veterinaria con maestría en etología –– el estudio científico del comportamiento humano y animal––, quien también nos acompañó en el recorrido, ha llegado a otras conclusiones. Para ella, el problema de los perros negros se debe, además de la discriminación, a que los perros completamente negros no tienen gestos tan expresivos y les cuesta mucho más trabajo que a sus pares de otros colores ser empáticos con la gente. Y suelta una más: "En las películas y en la series de televisión, cuando se quiere mostrar un perro agresivo o malo, el protagonista es uno negro y grande".

Entonces, en toda esta teoría, al problema del color, se suman otros factores que hacen más difícil la adopción de un perro: el tamaño, la edad. A la larga, el comportamiento, que debería ser el factor de peso a la hora de elegir, resulta siendo lo último.

Zoonosis nació hace más de 30 años y empezó siendo un centro antirrábico: "Traían a los animales que eran potencialmente peligrosos y los que tenían el virus de la rabia", dice Mónica Gómez, coordinadora del centro. El complejo, en el barrio El Muelle, son tres construcciones de un sólo nivel. En las dos primeras está la parte administrativa y la clínica veterinaria.

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La primera labor de Zoonosis, que es parte de la Secretaría Distrital de Salud, fue hacer control a la enfermedad, pues dentro de sus políticas está el cuidado y el bienestar a las personas. "Con el tiempo se fueron dando cuenta de que los animales eran también un problema de cuidad y generan problemas en la salud pública de las personas", dice Mónica. La connotación del centro empezó a cambiar, impulsado por las voces de los animalistas, las personas protectoras del reino animal y la comunidad en general, que quería bienestar para los animales. "Empezó a generarse un cambio en los paradigmas de la entidad", dice Mónica. El centro, sin dejar de lado el tema de salubridad, terminó convertido en centro de acogida.

En el lugar hay más perros que gatos y llegan principalmente por lo que ellos llaman "operativo regular". Esto es: solicitudes hechas por las personas de las diferentes localidades en la oficinas de atención al medio ambiente, que se recogen los días lunes, miércoles y viernes. De cada jornada resultan entre 12 y 15 animales (más o menos 50 semanales); algunos de los restantes son llevados por la policía ambiental o por gente que los encuentra en la calle atropellados, enfermos, aporreados o por desalojos de personas con mascotas. Las adopciones empezaron en 2001 y el promedio, de acuerdo con la coordinadora, es de entre 90 y 120 perros mensuales. En este momento, 30 de marzo de 2016, en el centro Zoonosis hay 430 perros. La labor del centro es fundamental: los cuida cinco días mientras aparece el dueño y, si no llega, los esteriliza, baña, vacuna y desparasita. De domingo a domingo pueden ser adoptados.

Casi todos los perros son criollos, muchos son negros (la mayoría: en mi recorrido por todo el complejo eran los que más podían contarse, superando el número de los de otro color), e incluso hay perros de raza, sobre todo pit bull y alcancé a ver una bull terrier. Todos viven a la espera. Unos en celdas solitarias, otros de a puñados de a cuatro en grandes jaulas, añorando el día en que alguien se enamore de ellos y se los lleve.

Como evidenció el artículo de Leonard, muchos de los centros de acogida no llevan estadísticas de las preferencias de adopción. Por eso Mónica, la coordinadora, atinó a negar la teoría dominante: "Para mí es tamaño más no color". Mi testimonio, al menos hoy, la contradice: de las celdas de cuatro perros había uno de otro color como máximo.

El fotógrafo estadounidense Fred Levy, conmovido por esta problemática, convocó por redes sociales a dueños de perros negros en Estados Unidos y los invitó a su estudio para fotografiar sus mascotas, dando vida a Black Dogs Project (Proyecto Perros Negros), bajo el lema: 'Perros negros extraordinarios y por qué no podemos olvidarlos'. La campaña, publicada en 2014, es la más mediática hasta ahora para hablar en favor de los perros negros.

La creencia popular tan arraigada, el mito que me contaron, continúa marginando a los perros.

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