Cultură

Cómo vivir con tus padres a tu veintitantos

Regresar a vivir con tus padres, quienes harían todo por protegerte, es un lujo que pocos de nosotros nos podemos dar, así que valóralo.
6.5.16

Un joven que no vive con sus padres pero, bueno, está en una recámara. Lo que cuenta es la idea. Foto por Carl Wilson.

Vivir con tus padres cuando ya eres adulto no es lo ideal. Por ejemplo, es agradable tener tu propia casa y poder decidir qué plantas vas a comprar y nunca regarlas. O quemar sartenes sin que tu madre te grite tu nombre completo. O simplemente tener un espacio propio.

Por desgracia, cada vez hay más jóvenes que siguen viviendo con las personas que los criaron. Según una encuesta reciente de la Oficina de Estadísticas Nacionales de Reino Unido, en 2013, 3.3 millones de jóvenes entre 20 y 34 años viven con sus padres, es decir, 25 por ciento más que en 1996. Los motivos principales son obvios y deprimentes: inestabilidad financiera aunada al alto costo de vida de ese país.

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Sin embargo, vivir en casa de tus padres no necesariamente tiene que ser malo. Piensa en las ventajas: al menos tienes unos padres que están felices de ofrecerte su techo hasta que consigas trabajo o decidas qué quieres hacer con tu vida. Y si eso no es suficiente, maldito bebé-humano consentido, abajo hay más beneficios de vivir con las personas que te hicieron.

Tienes mucho tiempo para pensar en ti mismo

Vivir en casa, en especial si te acabas de graduar o eres desempleado, te da más oportunidad de descifrar qué es lo que quieres. Digamos que gastas la mayor parte de tu salario en la renta del cuchitril en que vives: es obvio que vas a estar un poco desconcertado. Regresas a casa después de un día de esclavitud sentado frente a un escritorio, cansado y sin ganas de reflexionar sobre la vida. En teoría, la estabilidad de la vida familiar te permite establecer qué te motiva y trabajar para lograr lo que necesitas para conseguir el trabajo que quieras. O al menos uno que no odies tanto.

Esmeralda, de 25 años, es maestra en capacitación y vive con sus padres desde hace dos años. La estabilidad de la vida familiar —y los consejos de sus padres— la ayudaron a identificar las cosas que le gustan y las cosas que no le gustan del mundo laboral. Ahí de dio cuenta de que ser maestra era lo mejor para ella. Si no hubiera tenido el "tiempo para pensar, escribir mi solicitud e internarlo", Esmeralda está casi segura que nunca habría podido tomar esa decisión.

Puedes conocer más a fondo a tus padres antes de que mueran

Según las personas con las que platiqué, lo mejor de regresar a vivir con tus padres es que fortaleces la relación que tienes con ellos.

Bryony, de 26 años, es ejecutiva de comunicaciones y regresó a vivir con sus padres durante ocho meses en lo que buscaba trabajo. Dijo que "pasar tiempo con mis padres ahora que somos adultos" fue uno de los mayores beneficios del tiempo que vivió con ellos. "Al principio me daba miedo pelear con ellos como cuando era adolescente pero en realidad fue muy agradable y logré conocerlos mejor como personas y no como 'padres'".


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Y dijo algo muy cierto: tus padres son personas como las que ves en la calle o en el bar. Probablemente tienen historias interesantes que te pueden contar ahora que ya estás grande y no te compran ropa. Así que aprovecha tu tiempo para hablar con ellos en vez de ir directo a tu recámara y ver Instagram hasta que se le acabe la batería a tu celular.

"Hay que aceptarlo", dijo Helen, una maestra de 25 años de edad. "Es probable que nunca vuelvas a vivir con tus padres. Un día ya no van a estar y los vas a extrañar".

Puedes ahorrar mucho

No tiene nada de malo vivir con tus padres para ahorrarte una lanita, claro, asumiendo que tienes la suerte de poder regresar. Pero tienes que esforzarte; no te la puedes pasar acostado y diciéndole a tus amigos que estás haciendo todo lo posible para ser guionista cuando en realidad no ha escrito nada y solo estás esperando a que las productoras te busquen en LinkedIn.

"Velo como una red de seguridad pero no te confíes, no es una hamaca", dijo Rob, entrenador personal de 28 años de edad. "Úsalo como una base para dar el primer paso hacia tu independencia y no te desvíes de la meta".

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La meta puede ser cualquier cosa, desde guardar para pagar un departamento o tu educación, hasta cosas más pequeñas pero igual de importantes, como tomar un curso de InDesign o aprender a bordar para hacer cubiertas para cojines con letras de canciones de hip hop y venderlas en Kichink. Tener metas te da una razón para luchar, te hace dejar de ser un parásito y, con suerte, te ayuda a canalizar todo ese odio.

Es una buena oportunidad para tratar cualquier padecimiento que tengas

Cada año hay muchas personas que tienen problemas con su salud mental. En el caso de los jóvenes, los dos padecimientos más comunes son la ansiedad y la depresión. Aunque cada quien tiene su forma de enfrentarlos, la estabilidad de vivir con tus padres es un ambiente mucho más positivo que, digamos, vivir en una bodega o en un departamento con roomies que se la pasan gritándose entre ellos y metiéndose coca.

La depresión fue un factor determinante en la decisión que tomó Esmeralda de regresar a vivir con sus padres. Vivir en otro país sin alguien que esté ahí para apoyarte fue demasiado difícil para ella.


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"Cuando regresé, me sentía muy mal", dijo. "Me costaba mucho trabajo pararme y hacer cosas. Es lindo estar en un lugar donde no te puedes quedar en cama todo el día porque siempre va a haber alguien que llegue y te anime a hacer cosas. Ese es el apoyo que hace falta. Tenerlo me dio el espacio que necesitaba para pensar bien las cosas, ir al doctor, ir al terapeuta y entenderme un poco más".

Te das cuenta de que es una bendición y no al revés

Recuerda que poder regresar a un lugar donde no tienes que pagar renta es un lujo, no un derecho. Trata a tus padres con respeto, no les contestes feo cuando te pidan que laves tu propia ropa o que dejes de juntar tus uñas en un botecito de dulces junto a tu cama porque es asqueroso.

Regresar a vivir con tus padres, que harán todo por protegerte, es un lujo que pocos de nosotros nos podemos dar, así que valóralo.