Medio Ambiente

Quiero tener hijos a pesar de la crisis climática

Los padres preocupados por el medioambiente tratan de conciliar la triste realidad con la esperanza de un futuro mejor para sus hijos.
Alessandro Pilo
Budapest, HU
1.12.20
FOTO: GETTY IMAGES / ISTVN DOBOS / EYEEM
FOTO: GETTY IMAGES / ISTVN DOBOS / EYEEM

Este artículo se publicó originalmente en VICE Italia

Mi hijo Bruno acaba de cumplir cuatro años. Es una de las cosas más importantes que tengo en la vida, pero su madre y yo estuvimos dudando sobre si tener hijos o no. Aparte de las preocupaciones normales como el dinero o las opciones de cuidado infantil, nos preguntamos si tenía sentido tener una familia sabiendo que la crisis climática podría provocar el colapso de la sociedad tal y como la conocemos en los próximos 30 años.

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He escrito un libro para niños sobre el medioambiente y he dado charlas en colegios sobre activismo medioambiental. Pero también me imagino un futuro distópico al estilo Mad Max. La gente dice que los niños cambiarán el mundo (aunque nuestra generación no ha podido hacerlo), pero si las predicciones más nefastas resultan ser ciertas, cuando Bruno tenga la edad de Greta Thunberg, ya será demasiado tarde para salvar la Tierra.

He decidido ponerme en contacto con otras parejas con hijos que también están preocupadas por el medioambiente para averiguar cómo consiguen dormir por la noche.

Leonardo Caffo es profesor de Filosofía en NABA en Milán, experto en televisión y escritor. En sus obras, afirma que solo una transformación radical alejada del capitalismo puede salvar a nuestra especie. “A veces, la vida real interrumpe nuestras convicciones y las jode”, dijo. “A menudo ocurre con cosas malas, al menos esta vez fue con mi hija”. Morgana nació en 2020, mientras la tasa de mortalidad de la covid-19 aumentaba en Italia. “Llegó de repente”, dijo Caffo. “Nos encontró y estamos felices”.

En su libro, Fragile umanità, Caffo dice que cuando la supervivencia de una especie se ve amenazada por el medioambiente en el que habita, cambia su comportamiento. Puede parecer la misma, pero poco a poco se va transformando en una especie biológicamente muy diferente.

Caffo cree que ya está ocurriendo con los seres humanos. La gente que empieza a seguir dietas vegetarianas o vuelve a un estilo de vida rural no está solo expresando unos valores culturales nuevos, sino que además está poniendo un cambio en movimiento hacia una especie que él llama “el poshumano contemporáneo”.

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“Estamos siendo testigos de la coexistencia del Homo sapiens con esta nueva especie”, dijo Caffo. “En el futuro, veremos a ambas separarse poco a poco”. Obviamente, aunque la ciencia apoya la idea de que las especies cambian su comportamiento bajo presión medioambiental, no hay ninguna prueba de que los seres humanos estén evolucionando a una nueva especie. Aun así, Caffo busca una escuela infantil donde su hija pueda aprender a cultivar y reconocer plantas comestibles.

Frances Mapleston y Giovanni Montagnani son activistas medioambientales y tienen una hija llamada Nora. Giovanni es también ingeniero y miembro de CrowdForest, una organización de difusión de información sobre el cambio climático. Francesca, que trabaja como partera, dijo que siempre quiso tener hijos, pero cuando cumplió los 25 tuvo un deseo muy grande de ser madre. Dio a luz a su hija un año después de graduarse de la universidad.  “Sé que he creado una vida en un mundo que no es muy prometedor, pero creo que el deseo de tener hijos es inherentemente egoísta”, dijo Francesca. “Fue concebida para completarme, pero desde que di a luz me he pasado todos los días trabajando por su felicidad”.

Giovanni y Francesca ven el futuro con optimismo. Han comenzado a llevar un estilo de vida que creen que podría soportar el colapso climático. A diferencia de muchos jóvenes italianos, decidieron quedarse en el país e irse a vivir al campo al noreste de Italia. Su casa solar se encuentra en mitad de un pequeño bosque y tiene un gallinero y un panal de abejas. Según dicen, han reducido las emisiones un 70 por ciento en dos años. Giovanni espera que la normalización del teletrabajo ayude a la transición a un mundo sin carbono.

Lorenzo, músico, y Lucia, traductora y bloguera de reducción de residuos, viven en Liguria, una región que rodea Génova. En 2018, la pareja, que prefiere no revelar sus apellidos, adoptó a un niño que ahora tiene dos años y esperan adoptar a otro. Lucia trata de no caer en el nihilismo. “Los escenarios que los científicos han planteado no son inevitables”, dijo. “Que se vuelvan realidad o no dependerá de las decisiones que tomemos en los próximos diez años”.

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Yo suelo estar de acuerdo. Tal y como dice el psicoanalista australiano Anouchka Grose, tanto los puntos de vista demasiado negativos como los demasiado positivos sobre el cambio climático son intentos de supervivencia en cierta manera y ambos tienen sus ventajas y sus desventajas.

Según un estudio de 2017, escoger tener un hijo menos de lo que era tu plan inicial es el cambio individual que más impacto tiene en la reducción de tus emisiones de dióxido de carbono. Pero la extrema derecha ha tergiversado esta idea y culpa a los países menos desarrollados con tasas altas de natalidad de la sobrepoblación y la crisis climática.

En realidad, los países europeos emitieron 564 000 millones de toneladas de CO₂ en 2018, cinco veces más que Sudamérica y cuatro veces más que África. Aunque la UE ha prometido que para el 2050 será climáticamente neutra, está claro que gran parte de la responsabilidad del cambio climático es de los países occidentales ricos.

Al final, decidir no tener hijos a causa del cambio climático o tenerlos a pesar de ello son dos decisiones radicales e igualmente válidas. Pero este debate saca a la luz un problema mucho más grande: las acciones climáticas no pueden tener éxito si se basan en elecciones individuales. Al tiempo que los Gobiernos e instituciones internacionales no consiguen encontrar soluciones, cada vez más gente se toma la justicia medioambiental por su mano y piensa que es su deber hacer algo al respecto. Ahora, hasta la planificación familiar podría suponer una crisis existencial.

*Los entrevistados prefieren no revelar sus apellidos