Científicos descubren círculos brillantes en el espacio

El equipo cree que quizás se trate de una nueva clase de objeto espacial desconocido hasta la fecha: los círculos de radio extraños.
26.8.20
Imagen de la Supernova Tycho
Supernova Tycho. Imagen: NASA/CXC/RIKEN & GSFC/T. Sato et al; optical: DSS

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

Un grupo de astrónomos ha descubierto una serie de círculos extraños en el espacio que no han sido identificados y que son visibles solo con la luz de radio. Las imágenes han sido tomadas por uno de los observatorios más sensibles del planeta.

Los misteriosos círculos “no parecen corresponderse con ningún objeto conocido” y por ello han sido llamados simplemente círculos de radio extraño (odd radio circles, ORC, en inglés), según explica un nuevo estudio, dirigido por Ray Norris, astrofísico de la Universidad de Australia Occidental.

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“Hemos descubierto, hasta donde sabemos, una nueva clase de objeto radio-astronómico, que consiste en un disco circular, que en algunos casos tiene unas extremidades luminosas y a veces contiene una galaxia en el centro”, explicaban Norris y sus colegas en el estudio, que se publicó recientemente en el servidor de preliminares arXiv y que todavía no ha sido revisado por pares. Además, afirman que no existe ningún objeto conocido de radiofrecuencia que coincida con el nuevo hallazgo.

El equipo describe cuatro de estos misteriosos ORC, tres de los cuales fueron detectados por el telescopio Pathfinder de matriz de kilómetros cuadrados de Australia (ASKAP), una red de antenas de radiofrecuencia que cubren cuatro kilómetros cuadrados. El ASKAP ha estado analizando el cielo en el espectro de radiofrecuencia para crear un mapa de la evolución del universo que pueda ayudar a los científicos a entender mejor el desarrollo de las estrellas y las galaxias.

Norris y sus colegas vieron tres masas informes en las observaciones del ASKAP del 2019. Cada uno de los círculos mide alrededor de un minuto de arco de lado a lado, lo que equivale más o menos al tres por ciento del diámetro de la Luna. Sin embargo, es difícil determinar cuán lejos están los ORC con estas imágenes, y eso, a su vez, hace que sea complicado estimar el tamaño real de los objetos, al menos hasta que se hagan observaciones más detalladas.

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Estos círculos brillantes son tan inusuales que Norris y sus compañeros llegaron a preguntarse si trataba de un fallo instrumental, especialmente teniendo en cuenta que las imágenes de radiofrecuencia a menudo contienen errores con forma de círculo, según el estudio.

Sin embargo, cuando buscaron en los conjuntos de datos de archivo, se sorprendieron al descubrir que un cuarto ORC había sido captado en 2013 por el radiotelescopio gigante Metrewave de la India, aunque entonces nadie le había dado importancia.

Al analizar las mediciones de radiofrecuencia anteriores junto con las nuevas imágenes obtenidas por el ASKAP, los investigadores encontraron al menos dos observaciones independientes de cada ORC. El hecho de que los círculos aparecieran en varios conjuntos de datos hace que el fallo instrumental sea “una explicación muy improbable”, decían en el estudio.

Así que si los ORC existen de verdad, ¿qué pueden ser? Norris y su equipo señalan varias posibilidades, aunque ninguna encaja perfectamente.

Los círculos podrían ser los efectos secundarios de estrellas que explotan, pompas que han sido movidas por los vientos de las fábricas de estrellas, o “anillos de Einstein”, que son deformaciones del espacio-tiempo por la gravedad de objetos masivos. Podrían ser los restos visibles de eventos altamente energéticos que ocurrieron hace millones de años, como brotes de rayos gamma, ráfagas rápidas de radio o chorros de plasma de centros galácticos activos.

“Somos conscientes de que los ORC pueden ser más de un fenómeno”, señalaba el equipo, añadiendo que quizás “hayan sido descubiertos simultáneamente porque concuerdan con las características de frecuencia espacial de las observaciones del ASKAP, que ocupan parte de un  espacio de parámetros de observación que hasta ahora ha sido poco estudiado”.

Norris y sus colegas planean seguir estudiando los ORC para desentrañar sus secretos. Hay algo, no obstante, que podemos sacar en claro: gracias al avance de la radioastronomía, en los próximos años veremos cada vez más este tipo de descubrimientos.

En las próximas décadas, el ASKAP se unirá al radiotelescopio SKA (Square Kilometre Array) un observatorio gigante intercontinental que está actualmente en construcción, y que será el instrumento de radio más sensible de la Tierra. El descubrimiento de los ORC es fascinante por sí solo, pero también presagia una nueva era astronómica que ya empieza a definir nuestra concepción del espacio.