¿Por qué vendería Bob Dylan su catálogo musical completo?

Con un valor estimado de $400 millones de dólares, probablemente este es un trato favorable tanto para el artista como para Universal Music Publishing Group.
JT
Chicago, US
LC
traducido por Laura Castro
Bob Dylan vendió su catálogo a Universal

El lunes 7 de diciembre, Universal Music Publishing Group anunció que comprará todo el catálogo de composición de Bob Dylan, más de 600 canciones que abarcan seis décadas, desde la influyente Blowin 'In The Wind de 1962 hasta Murder Most Foul de este año, en un acuerdo histórico que se estima será de alrededor de $400 millones de dólares. Se trata de una venta que el New York Times especula "puede ser la mayor adquisición de los derechos musicales de publicación del conjunto de una sola obra". En un comunicado que anunciaba la venta, Jody Gerson, directora ejecutiva de la división editorial de Universal, dijo: "Representar el conjunto de la obra de uno de los mejores compositores de todos los tiempos, cuya importancia cultural no puede exagerarse, es un privilegio y una responsabilidad". Dylan aún no ha hecho ningún comentario público sobre la venta.

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A primera vista, el trato resulta una gran sorpresa. ¿Por qué Dylan, una leyenda de la música de 79 años que durante mucho tiempo ha sido propietario de los derechos de autor de su discografía y que ya tiene un patrimonio neto estimado de cientos de millones, vendería su obra justo ahora? Pero después de observar las tendencias recientes en la adquisición de derechos de publicación, las proyecciones de cómo se será la industria de la música en el futuro y la posición única de Dylan como compositor, la decisión comienza a tener sentido. Aunque esta venta es la más grande en su tipo, es solo una entre las muchas que ha habido este año lleno de compradores con mucho dinero para adquirir las discografías completas de diferentes músicos. En este año, Stevie Nicks vendió el 80 por ciento de su catálogo a Primary Wave Music por $100 millones de dólres. Hipgnosis Songs Fund, una compañía de inversión que crece rápidamente, pagó mucho dinero por los derechos de los catálogos de Jack Antonoff, Tom Delonge de Blink 182,  Barry Manilow, Debbie Harry and Chris Stein de Blondie, entre muchos más.

Hay una razón para esta oleada de grandes compras: las regalías de música y la propiedad intelectual (PI) se han convertido en oportunidades de inversión debido al hecho de que los pagos de regalías pueden permanecer estables a pesar de las fluctuaciones en el mercado de valores. Para los compradores, los catálogos musicales de los artistas son productos básicos que pueden ser comercializados como el oro o el petróleo. "Si la inversión es buena, si inviertes en catálogos ya probados del pasado, tienden a funcionar muy bien independientemente de los movimientos en el mercado", le dijo a VICE la escritora del sector musical Cherie Hu en marzo. "Si inviertes en acciones tecnológicas, muchas de las acciones tecnológicas más importantes se mueven en la misma dirección la mayor parte del tiempo. Al invertir en regalías musicales evitas esa codependencia. Son ingresos pasivos puros. Ganarás dinero mientras duermes. No requiere ningún tipo de proactividad". Eso, junto con los mínimos históricos tanto en las tasas de interés como en la inflación, significa que pueden pagar una prima por los derechos de publicación. Si bien podría decirse que es triste pensar en las canciones como activos de inversión, Goldman Sachs predijo que los ingresos musicales se duplicarían con creces hasta llegar a prácticamente $131 mil millones de dólares para 2030, por lo que invertir en canciones podría funcionar para diversificar una cartera de inversiones.

Para un artista legendario como Dylan, vender sus derechos en este momento también tiene sentido. Después de décadas de recibir cheques de regalías anuales y ganar un monto considerable de dinero con la música que posee, recibir a los 79 años un gran pago único con factores multiplicadores en representación de las regalías futuras, probablemente duplicó su riqueza. A diferencia de las regalías anuales, que se gravan como ingresos ordinarios, los aproximadamente 400 millones de dólares que Dylan recibirá de Universal se gravan como ganancias de capital, lo que le ahorrará millones en su factura fiscal incluso al agregar los impuestos estatales y los ingresos netos por inversión (NII). Si bien Dylan ha renunciado a todo su catálogo, las grabaciones futuras que realice no están incluidas en el acuerdo con Universal. En el ocaso de su carrera, tomar el dinero y salir corriendo no parece una mala opción para Dylan. Si tomas en cuenta que un gigante del marketing musical como Universal tiene un interés personal y equipos dedicados a promover, asegurar sincronizaciones comerciales y preservar el legado del artista, definitivamente hay peores escenarios en los cuales un artista podría estar.

Estas importantes adquisiciones no son una apuesta segura, ya que dependen del crecimiento continuo de la industria musical, lo cual no está garantizado. La gran mayoría de los artistas no están en una posición similar a la de Bob Dylan cuando se trata de riqueza personal o influencia cultural, por lo que vender todo su catálogo no tendría sentido: dejemos que sea Wall Street quien encuentre una nueva forma de dejar a la gente promedio afuera. Hay algo desconcertante en el hecho de que las canciones de alguien se consideren productos cuantificables y se vendan como inversiones, pero esa es la realidad. Si bien el que los artistas vendan sus derechos de publicación no es nada nuevo (solo pensemos en la compra sorpresa que Michael Jackson hizo de la obra de los Beatles en los años 80 por $47 millones de dólares), el drástico aumento de estos llamativos acuerdos es una novedad de este 2020. Que bueno que Bob Dylan obtuvo ese merecido pago, pero la financialización de la música podría traer graves problemas para el arte en general.