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Florentino Pérez debió ser promotor

Al igual que el Real Madrid a comienzo de cada temporada, vivimos en tiempos donde promotores ofrecen cifras exorbitantes de dinero por ciertos artistas o DJs.
24.9.15

Hace poco estaba con una amiga en cierto bar de la ciudad, conversando y disfrutando del atardecer capitalino. El dueño del lugar, quien además quiere incursionar en el ámbito de promotor electrónico, nos contaba cómo por traer a Nina Kraviz pretendía ofrecer la módica suma de $22.000 dólares.

Este manifiesto de inmediato me remitió a dos situaciones. La primera, pensar en cómo sería si el amo y señor del Real Madrid, Florentino Pérez, hubiera sido promotor de música electrónica. Seguramente en vez de tener escuelas sociodeportivas a lo largo del país, tendríamos nuestras versiones criollas de festivales ibéricos, como Monegros en el desierto de la Tatacoa, o hasta tal vez un Florentinoland, donde los más de 260 millones de euros ofrecidos por Cristiano Ronaldo, Gareth Bale y James Rodríguez, hubieran sido entregados a Aoki, Avicii, Hardwell y Major Lazer, para los más alternativos.

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La segunda, me traía a colación un artículo de Pitchfork que leí no hace mucho, donde el respetado veterano productor de disco y house, Daniel Wang, decía que las retribuciones económicas para los DJs hoy en día son enormes, si se tiene en cuenta el pequeño esfuerzo mental que se tiene que invertir en ello.

Mi inquietud sería, ¿por qué si a Florentino la mayoría de gente lo condena por derrochar enormes cantidades de dinero en un solo jugador, situaciones como la de Nina –que comparada con las cifras actuales del EDM es una chichigua– se toman con total normalidad? No hay que ocultar que uno de los negocios más rentables en la actualidad es el de la música electrónica, donde inclusive la revista Forbes ya dedica una sección para los DJs con más ingresos monetarios.

No estoy queriendo decir que a un DJ no se le debe compensar económicamente, ni muchos menos. Mi intento de reflexión pretende es demostrar que el ser DJ es un arte, de los más bellos y gratificantes, que tanto yo como otras personas disfrutamos cada vez que presenciamos un buen artista detrás de un par de tornamesas o unidades de CD. Pero pienso que los promotores deberían contemplar un poco su alrededor antes de ofrecer cifras exageradas por ciertos artistas. Colombia no es Alemania, ni Suramérica es Europa. Vivimos en sociedades con necesidades diferentes, donde el solo hecho de salir a caminar por las céntricas calles de nuestras ciudades nos concientizan de lo mucho que falta por hacer. Pienso yo, dejando a un lado los intereses económicos, que la función del promotor lo dice la misma palabra: promover desde diferentes aristas, ayudando a construir escena y siendo un agente dinamizador de la misma, recalcando sobre la mesa que las cifras que se cobran en países desarrollados no pueden ni deben ser las mismas que se pidan en un país como el nuestro. Todo lo anterior, aún teniendo en cuenta que el norte u objetivo principal de este agente dentro de la escena es engrosar su billetera en la mayoría de los casos.

Wang también expresaba que uno de sus grandes anhelos era ser un inspirador maestro de escuela en algún suburbio o barrio necesitado de una ciudad. Los DJs además de ser maestros, son artistas que cuentan historias. Robert Schumann aseguraba que la misión del artista era iluminar las profundidades del corazón humano, y, ¿acaso esa no es la función del DJ?

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