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la esperanza tiene un precio

Ilusión contra mafias: el duro viaje del jugador Yao Ohouo Jean-Jacques al fútbol europeo

La inestabilidad de la región y la dificultad a la hora de proteger a los jóvenes jugadores convierte el África en un suculento banquete para los representantes fraudulentos.
10.9.15
Imagen vía WikiMedia Commons

Cada año, 15.000 jóvenes de África Occidental (muchos de ellos menores de edad) abandonan sus países de manera ilegal con la ilusión de convertirse en los nuevos Weah, Okocha, Eto'o o Drogba. A diferencia de estos, sin embargo, su destino está muy lejos de alcanzar la gloria en los terrenos de juego y convertirse en estrellas del fútbol europeo.

Amparadas por la nueva reglamentación de la FIFA, que permite a cualquier persona ejercer como agente intermediario en un fichaje, las redes criminales especializadas en la trata de blancas han encontrado un nuevo filón: el tráfico de futbolistas.

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A los traficantes poco les importa la edad o la normativa que impide la firma de contratos profesionales por parte de futbolistas menores de 18 años. Vendidos a su suerte por sus familias por cantidades que suelen rondar los 1.000 euros, miles de jóvenes emprenden a diario un viaje hacia ninguna parte… en muchos casos sin billete de vuelta.

"Existen leyes, como el protocolo de Palermo del año 2000, que sancionan las prácticas basadas en conseguir dinero a partir de falsas promesas y chantajes. Con los futbolistas sucede lo mismo. Hay multitud de redes criminales activas en África", explica el camerunés Jean-Claude Mbvoumin, fundador de la ONG FootSolidaire.

El camerunés Jean-Claude Mbvoumin en un acto de FootSolidaire en Ginebra. Imagen vía Flickr.

Internacional en las categorías inferiores de los 'leones indomables', Mbvoumin inició el proyecto FootSolidaire nada más colgar las botas. Hoy, la organización que lidera tiene sedes en París y Lausana.

"Tenemos que trabajar con los gobiernos y con la Confederación Africana de Fútbol (CAF) para perseguir este tipo de prácticas, especialmente con menores. También hay una nueva normativa para los agentes: si no tienes una formación y una licencia de agente, ¿cómo vas a reclutar jugadores y a mandarlos a Europa?", se cuestiona Mbvoumin.

"Llevamos 15 años denunciando esta situación, tratando de evitar el tráfico de futbolistas, y nadie quiere hacer nada al respecto. No sé si se trata de razones políticas, o qué… pero sigue siendo un gran problema", se lamenta el ex futbolista. "Las autoridades tampoco pueden hacer nada por sí solas, no pueden poner un policía detrás de cada club o de cada agente. Desde FootSolidaire trabajamos el tema desde la base para que las familias puedan tener información y decidir qué es lo mejor para sus hijos".

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FootSolidaire tiene la intención de abrir en 2016 un centro de información en Dakar para que los futbolistas con proyección de emigrar a Europa puedan disponer de orientación a la hora de tomar decisiones, y que puedan aterrizar en el fútbol europeo de manera legal. Según Mbvoumin, la intención es "establecer contactos con clubes profesionales para gestionar entrenamientos a prueba y extender esta idea a otros países a través de un acuerdo con la CAF".

Un campus de mentira

Víctima de esta falta de información, Yao Ohouo Jean-Jacques permanece atrapado en Marruecos desde hace más de diez meses junto a otros 12 jóvenes de Costa de Marfil y Senegal.

Pese a reconocer que no dispone de visado, ni permiso de residencia, este jovencísimo defensa marfileño de 19 años prefiere no buscarse complicaciones inculpando al principal responsable de su actual situación, su representante: un compatriota al que sigue considerando "como un padre", pero con el que actualmente apenas se habla ya.

"Hubo un tiempo en el que nos comunicábamos casi a diario, especialmente sobre mi futuro profesional. Él me daba buenos consejos. Pero hemos dejado de hablar debido a los problemas que hemos tenido", explica Yao.

Este 'síndrome de Estocolmo' tan particular lleva al joven zaguero a reconocer que tanto él como sus compañeros se encuentran "bien" antes de confesar a los pocos minutos que su situación es "insostenible". Aún así, Yao no pierde la esperanza de que su viaje encuentre un destino después de una espera que comienza a resultar interminable: "Todo es posible con la ayuda de Dios, y creo firmemente en que con trabajo, querer es poder".

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Criado en el seno de una familia de siete hermanos relativamente acomodada (su padre trabajaba en un banco y su madre en un comercio), Yao comenzó a dar sus primeras patadas a un balón en su barrio, al norte de Abidjan.

David Simbo (izquierda), de Sierra Leona, pugna por un balón con el marfileño Doumbia Seydou. Foto de Luc Gnago, Reuters.

Considerado como uno de los viveros más importantes del fútbol marfileño —no en vano de allí han salido algunos integrantes de la selección absoluta, como Doumbia Seydou, Ousmane Viera o Ya Konan Didier—, el distrito de Abobo llegó a albergar entre 60 y 70 centros de formación en 2009. En su mayoría eran academias de fútbol de pago en las que la matrícula anual podía costar unos 100 euros.

Es el caso del Cfi-FA (Centre de Formation Indomptable de Football d'Abobo), donde Yao disputó sus primeros torneos. A diferencia de otros lugares del continente, la situación en Abobo podría considerarse privilegiada por aquel entonces. Debido a la ausencia de campeonatos de formación a nivel nacional, los dirigentes de algunos de estos centros decidieron crear —fina ironía— su propia UEFA (Union des Écoles de Football d'Abobo).

Sin embargo, entre finales de 2010 y principios de 2011, todo se fue al traste con la crisis electoral y el posterior enfrentamiento entre partidarios del presidente Laurent Gbagbo y el líder opositor Alasanne Ouattara.

Abobo fue uno de los barrios más castigados por la guerra civil, especialmente por las tropas y mercenarios al servicio de Gbagbo, que no dudaban en recurrir a sus armas a la hora de reducir cualquier acto o manifestación contrarios al presidente: "Fueron días difíciles, la guerra nos afectó mucho", explica Yao.

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Con el barrio convertido en un campo de batalla, las escuelas e instalaciones deportivas quedaron reducidas a escombros. Más allá de la evasión que supone, la práctica del fútbol se convirtió casi en un lujo —y no precisamente por el precio de las matrículas.

Durante la época de lluvias, los campos se volvieron impracticables y los centros se vieron obligados a compartir sus recursos entre sí, puesto que algunos apenas contaban con un balón para 30 alumnos. Los jugadores debían entrenar con los pies descalzos sin recibir formación académica alguna. El escenario perfecto para intermediarios sin escrúpulos.

Aquí es donde entró en escena 'el otro padre' de Yao. Tras despuntar en su centro, el joven zaguero consiguió llamar la atención de uno de los grandes clubes de la ciudad, la Jeunesse Club de Football de Treichville (JCFT).

Animado por su agente, Yao inició desde la JCFT su primera aventura internacional y dio el salto al fútbol ghanés. Fue concretamente en las filas del Believers FC, club de la segunda categoría con el que se comprometió hasta finales de 2014.

"No entendí muy bien mi contrato, y el club me retuvo unos meses para seguir formándome", recuerda Yao. A su regreso a casa, ya de vacaciones y en busca de un nuevo equipo, volvió a contactar con su representante.

"[Mi representante] me animó a formar parte de este proyecto en Marruecos. Y pensé que para que mi sueño se hiciese realidad y poder llegar a ser futbolista profesional tenía que unirme a él. El proyecto era bueno, pero aquí se han retrasado todos los planes", confiesa Yao, que no obstante sigue sin perder la esperanza.

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Movido una vez más por la ingenuidad, Yao se comprometió por dos años con la Association des Amis Talenteux du Football (ATDF), una supuesta academia francesa que gestiona la escuela marroquí de fútbol Al Mostakbal.

A través de un convenio de colaboración anunciado en su día a bombo y platillo, la ATDF atrae a futbolistas africanos como Yao a sus instalaciones de Mediouna, en la periferia de Casablanca. A cambio de unos 800 euros de matrícula, y después de que los futbolistas tengan también que hacerse cargo del desplazamiento hasta sus instalaciones, la academia se encarga al menos de buscarles un alojamiento barato.

"El alquiler no es caro, unos 1.500 dirhams al mes (aproximadamente 140 euros). Vivimos todos repartidos en dos pisos, pero tenemos que encargarnos de conseguir la comida", explica Yao.

Sin embargo, los aspirantes a estrellas se encuentran con una realidad muy distanta a la que les habían vendido: el césped artificial de la escuela es en realidad "un campo de tierra impracticable", el entrenador colegiado que debe dirigir sus sesiones es "otro jugador de la escuela", y los entrenamientos acaban suspendiéndose "después de apenas un par de meses".

Sueños de gloria europea: muchos jóvenes futbolistas africanos intentan llegar a Europa para convertirse en los nuevos Didier Drogba, John Obi Mikel o Michael Essien. Foto de Alessandro Bianchi, Reuters.

"En el contrato que firmamos figuraba que ellos nos conseguirían un equipo en Europa, pero después de los últimos problemas que han surgido, todo es más difícil", reconoce Yao antes de puntualizar que "uno de los chicos que antesestaba aquí pudo fichar por un club de Turquía".

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Privado definitivamente del escaparate que suponía la academia, Yao se ve obligado ahora a entrenarse en solitario "unas dos horas al día para no perder la forma" mientras espera una llamada que, según parece, no llegará nunca.

Sin papeles ni dinero, la última conversación de Yao con algún representante de la ATDF se remonta ya a hace varias semanas: "Ellos conocen nuestra situación", afirma. Sin embargo, en este período, la página web de la academia ha dejado de funcionar, y su máximo responsable casualmente ha cambiado el número de su teléfono.

"Sinceramente, no sé qué voy a hacer si esto se prolonga. Llevo un retraso de cuatro meses con el alquiler. Quiero que nuestra situación se regularice cuanto antes para poder jugar, pero todo está difícil", confiesa Yao, tratando de escapar de cualquier sensación de fracaso y apelando casi a un milagro divino. "Mi gran problema es la falta de dinero, aunque la desesperación es la última de mis preocupaciones", afirma.

Soluciones de emergencia como buscar un trabajo, pedir dinero a su agente, o volver a casa con las manos vacías ni se le pasan por la cabeza ahora mismo.

"Dios proveerá. Por el fútbol estoy dispuesto a todo, y, si Dios quiere, podré ocuparme de mi familia más adelante. Lo único que no queremos es tener que quedarnos en Marruecos otros dos meses más", añade el joven defensa.

La estancia de Yao a las afueras de Casablanca se ha convertido en una pesadilla de la que espera despertar muy pronto; un purgatorio por el que ha tenido que pasar para seguir alimentando la ilusión de poder jugar algún día al fútbol en "España o Francia si es posible". A pesar de las dificultades, el joven futbolista marfileño sigue aspirando a vestir la camiseta del Milan —"el equipo de mis sueños", dice— y emular a los grandes zagueros que idolatraba cuando era niño: "Maldini y Nesta. También Puyol".

Sigue a Aitor Labrador en Twitter: @aitor_8a