Este estudio encontró una pista para prevenir la adicción a la coca
Drogas

Este estudio encontró una pista para prevenir la adicción a la coca

La desventaja es que la solución es genética.
20.2.17

¿Quién entre nosotros no ha deseado secretamente meterse todas las drogas sin que haya consecuencias adictivas?

Espera, mejor no respondas. Porque eso no es lo que los científicos de la Universidad de Columbia Británica se propusieron hacer cuando diseñaron genéticamente ratones que no muestran señales de adicción, incluso después de varias inyecciones de cocaína.

De hecho, la investigadora principal Shernaz Bamji le dijo a VICE que su equipo pretendía crear lo contrario: un cerebro de ratón con tendencias adictivas amplificadas. Sin embargo, Bamji terminó con un grupo de roedores curtidos por los excesos que al parecer no estaban sedientos de su próxima dosis.

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El estudio de la UBC, publicado esta semana en Nature Neuroscience, arroja nueva luz sobre qué parte de la adicción se aprende y cuál es genética. También se suma a una historia larga y célebre de joderle la vida a los ratones en nombre de la ciencia.

Para los propósitos de este artículo, digamos que "aprender" es algo inequívocamente malo. La única habilidad que estamos discutiendo cómo aprender aquí es cómo convertirse en un personaje triste y derrotado de Requiem por un sueño. Bamji explica por qué: "Los investigadores hoy en día piensan que la adicción no es más que un tipo de aprendizaje que colapsó en una zona particular del cerebro", dijo a VICE.

Parte de ese "aprendizaje" tiene que ver con un grupo de proteínas llamadas cadherinas. Bamji dice que la cadherina actúa como un pegamento que fortalece las conexiones entre las células cerebrales.

"Para aprender algo hay que fortalecer estas conexiones sinápticas. Cuando se agrega más pegamento a la sinapsis, se hace más fuerte", señaló.

Investigaciones anteriores han demostrado que las personas con problemas de adicción tienden a presentar mutaciones genéticas que producen "pegamento" adicional en los circuitos de recompensa asociados con la adicción en el cerebro. Es el área donde ciertos tipos de conexiones pueden hacer que las personas actúen como idiotas, o incluso perder la capacidad de buscar con desesperación otro subidón de dopamina.

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Una vez más, Bamji quería fomentar malos hábitos en algunos ratones. "Diseñamos genéticamente a los animales para que tuvieran una gran cantidad de cadherina en estas sinapsis. Creímos que si había más pegamento, habría sinapsis más fuertes, más aprendizaje y más adicción. Pero vimos exactamente lo contrario".

El equipo les inyectó a los ratones solución salina y cocaína en días alternos, en una parte de la jaula que tenía características distintivas y reconocibles. Entonces dejaron que vagaran por el lugar.

Los ratones normales estaban muy ansiosos y se lanzaron directo a la zona donde habían consumido su última dosis. "Cuando dejas deambular a los ratones normales siempre van a gravitar hacia el área donde consumieron la droga, lo que indica que la están buscando", dijo Bamji.

Por su parte, los ratones que tenían cadherina adicional no parecían estar interesados. Esto fue un hallazgo significativo y sorprendente, según Bamji.

En última instancia, los investigadores encontraron que demasiado pegamento de hecho detiene la formación de nuevas conexiones cerebrales. "Es como un embotellamiento. Básicamente no puedes hacer que llegue el tipo correcto de receptores de neurotransmisores a la membrana, por lo que no consigues aprender; no hay fortalecimiento de la sinapsis, ni aprendizaje, ni adicción".

Por supuesto, aún no está claro si los ratones mutantes realmente sentían los efectos de la droga, o si estaban diseñados genéticamente para odiar el placer.

"No podemos entrevistar a los animales para determinar cuál es la respuesta correcta", dijo Bamji a VICE. "O no está aprendiendo que ese es el lugar donde recibió el delicioso narcótico, o el animal realmente no se sentía tan drogado, no estamos totalmente seguros".

Lo que podemos decir es que nuestros genes podrían estar más involucrados con nuestros hábitos de consumo de sustancias de lo que esperábamos. Con el tiempo, quizá podamos ser capaces de determinar si existen indicadores genéticos en los seres humanos que son propensos a la adicción.

Sin embargo, la investigadora dice que tampoco debemos descartar las elecciones personales o los factores ambientales. Además, Bamji no va a estar diseñando un cerebro humano resistente a las adicciones en el futuro próximo.

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