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Durante los siglos XVI y XVII, en el contexto del comercio transatlántico, Cartagena de Indias se convirtió en uno de los principales puertos para la llegada de esclavos a nuestro continente. Benkos Biohó, monarca africano traído desde Guinea, protagonizó durante las primeras décadas del siglo XVII uno de los episodios más tempranos y también más exitosos de rebelión ante la autoridad española y contra el yugo mortal de la esclavitud. Acompañado por su familia y trece esclavos, logró fugarse de sus captores, adentrándose en las tierras difíciles de los Montes de María. Con su gesto inspiró la aparición de distintos palenques: comunidades de esclavos fugados que reclamaban la autonomía y libertad que la colonia les había negado. Aún así, y a pesar de haber firmado un acuerdo con la corona española que reconocía sus derechos y la autonomía de su palenque, en 1630 Benkos Biohó es llevado a la horca y traicionado por miedo a los verdaderos alcances que pudiera llegar a tener su revolución.
Así pues, hablar de Benkos Biohó no es referirse a un personaje trivial o de ficción. Es hablar de la historia del genocidio negro y de la de lamentable historia de la esclavitud en nuestro territorio. Es, también, hablar de una búsqueda por la libertad que tristemente fue traicionada y del anhelo de equidad de una raza que ha sido brutalmente discriminada por la más silenciosa pero también la más efectiva de las segregaciones: el abandono del Estado. Biohó es, básicamente, el más importante símbolo de las comunidades negras políticamente conscientes en el país.
Escribo estas línea tras escuchar la canción «Mr. Benkos» del grupo colombiano The Hall Effect. Pienso que incluir la figura de Biohó en ella era completamente innecesario. Pienso que como bogotanos privilegiados, que difícilmente conocemos la segregación en carne propia, deberíamos ser más respetuosos y sensibles ante los símbolos y la memoria de las comunidades negras en el país. Pienso que apropiarnos de estos emblemas y utilizarlos con semejante grado de ligereza comporta un cierto tipo de violencia: el desconocimiento profundo del otro, de su vida e historia, de aquello que atesora y considera inalienable. Pienso que la canción no le hace ninguna justicia a Benkos Biohó con sus frases en inglés mezcladas con español, con su despectivo «Mr.» al referirse al personaje ycon sus versos que enarbolan un concepto de libertad frívolo y alejado de lo que Biohó simboliza.
¿Acaso qué tiene que ver el anhelo prefabricado de sentirse «libre y rockero» con la gran tragedia de las comunidades negras en Colombia y el mundo? Pienso, también, que los músicos de la banda tienen todo el derecho a tocar el rock anglo que más les guste, pero su apropiación de la figura de Biohó en ese contexto sonoro fue un desastre: la canción se lee más fácilmente como una burla y como un gesto de profunda insensibilidad que como un homenaje.
Me imagino, por último, la cara que van a hacer en San Basilio de Palenque si llegan a oír la canción. Me invade una cierta angustia y recuerdo por qué es que a los rolos nos quieren tan poco en otras regiones del país.
Este relato, sin embargo, está lejos de ser pura y simple «historia antigua». El pueblo afrocolombiano de hoy en día se enfrenta a las secuelas del mismo racismo que acabó con la vida de Benkos Biohó: en Colombia el departamento más pobre del país está poblado en un 82% por afro descendientes. Como lo ratifican estudios de las naciones unidas, la exclusión del país moderno, el analfabetismo, el desplazamiento forzado e incluso el hambre son aún situaciones diarias para muchos habitantes de las comunidades negras en Colombia.
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