La historia de los Arctic Monkeys según el cabello de Alex Turner

Para anticipar el nuevo álbum del grupo británico, analizamos el aspecto más importante de la carrera de su vocalista: su cabello.
9.11.17

Arctic Mokeys dará a conocer su nuevo álbum en 2018. Al menos es lo que sabemos de acuerdo a Nick O’Malley, bajista del grupo desde 2006. La agrupación no ha grabado nada nuevo desde el 2013 más allá de colaboraciones y proyectos alternos y, por lo mismo, después de tantos años existen personas como yo (alguien que por fin dejó atrás la etapa de adolescente con obsesión monomaníaca por el pop británico) que oficialmente cuentan los días para poder escuchar el celestial acento de Sheffield de nuevo. También hay algunos como yo que han desarrollado un apego nocivo por la agrupación, y que saben muy bien que el carisma de Arctic Monkeys se debe, en gran parte, al cambiante e irresistible encanto de su vocalista, Alex Turner.

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Desde luego, el trabajo de Matt Helder en la batería es destacable, y no se puede atribuir la belleza de la discografía de la banda solamente a los esfuerzos de Turner. Sin duda no es tan simple. Pero cualquiera que haya experimentado la Arcticmanía, incluso durante un breve periodo, sabe de lo que hablo: principalmente el profundo encaprichamiento que las personas sienten hacia Alex Turner una vez que lo veneran. A esta adoración se le describe convenientemente como “artística”, pero la verdad yace en el hecho que Alex Turner es un bombón rey lindo. Para darles un sentido de la alarmante dimensión de esta obsesión musical, admitiré que en alguna ocasión esperé más de cuatro horas, en medio del frío helado de la noche, afuera de un recinto en Barcelona —ciudad a la que viajé exclusivamente para ver tocar a Arctic Monkeys, y donde me la pasé todo el concierto sosteniendo una cartulina que decía “¡ALEX, PUEDES DECIRME COMO TÚ QUIERAS!” (si quieren más pruebas, vean este video). Se supone que mi espera culminaría con la eterna unión entre Turner y yo, pero concluyó con un pasaje silencioso y doloroso cuando una camioneta con los vidrios polarizados salió del lugar. Hasta la fecha ni siquiera estoy segura si Alex iba adentro. ¿Quién no ha hecho algo parecido por sus ídolos adolescentes?

Dejando a un lado mis anécdotas patéticas, y ante lo que podría ser el amanecer de una nueva era para Arctic Monkeys, decidí trazar una breve pero sustanciosa historiografía de la agrupación de acuerdo a un elemento fundamental de su crecimiento artístico y espiritual: el cabello de Alex Turner y sus diferentes etapas. Estoy completamente consciente sobre lo superficial y frívolo que puede parecer este tributo; de hecho, es exactamente eso. Pero es parte de la naturaleza de los fans: todo lo que tocan lo hacen superficial y frívolo. Empecemos con el primer recuento del cabello de Alex Turner.

2005-2006: Whatever People Say I Am That's What I'm Not, también conocida como la etapa "don't believe the hype"

Arctic Monkeys apenas habían despegado, como las hormonas de Turner, quien tenía acné y un corte de cabello Gallagheresco. En esta etapa, el pequeño punk de Sheffield —quien apenas se había cambiado el uniforme de la prepa para lucir el de un músico indie haciendo su gran debut en MySpace— desconoce el potencial de su encanto, aún escondido en las profundidades de sus ojos que lo hacen mucho más encantador, en el sentido más puro de la palabra. En este aspecto, al igual que los cuellos parados de sus polos y los Reeboks clásicos de “A Certain Romance”, el look de Turner y los looks de sus compañeros coinciden perfectamente con la música de su primer álbum: sucio, atrevido, inapropiado, y desconcertante, como sólo los adolescentes de 19 años saben comportarse.

2007-2008: Favourite Worst Nightmare y la mancuerna con Miles Kane

El segundo álbum de la agrupación confirma e intensifica rápidamente su éxito por medio de un trabajo completo e inevitablemente más cuidado en el aspecto artístico y físico. Aún sin abandonar por completo el look de adolescente en sus últimos años con acné, Turner toma una dirección específica gracias al apoyo estilístico de su colega, Miles Kane. Su corte de cabello se vuelve más sofisticado —una obvia referencia a la estética de los 60— y canaliza su elección musical del último álbum de Last Shadow Puppets y el excesivo uso de prendas negras con cuellos de tortuga y corte de cabello similar al de With The Beatles.

2009-2010: Humbug y la crisis existencial

El tercer disco de Arctic Monkeys toma un camino diferente y marca un distanciamiento de los primeros dos. Humbug es un álbum infravalorado y lo considero el mejor de la agrupación. Su ambientación es muy diferente al de sus primeros discos; es mucho más obscuro y desprovisto de toda la arrogancia juvenil efervescente. Turner se despide definitivamente de lo que nos recordaba su juventud y también de su peluquero para lucir un adorable suéter, alcanzando lo que a mi parecer es el punto más alto de su carrera y, por ende, de su belleza. Atrás quedaron las referencias estéticas a The Beatles y Oasis, y nos da la bienvenida a su larga y despeinada cabellera y a canciones bastante serias.

2011: Suck it and See o cuando Alex Turner descubrió las Américas

Suck It and See se despide de la melancolía de Humbug y de Alexa Chung, y abre espacio para el nuevo y mejorado Alex Turner que conduce motocicletas y viste, exclusivamente, chamarras de piel. Para acompañar su espíritu de motociclista, Turner presume un perenne copete hacia atrás y una profunda y suave voz que alista la etapa estadounidense de la banda, faceta apoyada íntegramente por Josh Homme. No hay cabida para el acné o los cortes de cabello inspirados en Paul McCartney: sólo guitarras agresivas, acentos estadounidenses, y rock n' roll ligeramente atenuado por las incursiones del estilo anterior de Turner y los buenos y viejos tiempos de Submarine. No queda claro si la música está influenciada por el cabello de Turner o viceversa, pero es evidente que algo cambió en él. El uso ocasional de su peine es prueba de ello.

2013: AM y el adiós definitivo al viejo continente

AM es el álbum de la etapa adulta con el que Alex Turner se venga de todos los que lo consideraron de niño un nerd enclenque, adquiriendo una transformación en chico malo que se da a la fuga y que sólo bebe whiskey. Ahora, su copete tiene vida propia y alterna su colección de chamarras de cuero con estoperoles con trajes blancos a la Elvis Presley. En la faceta tardía de esta época, Turner se da el lujo de lucir un par de mocasines, anticipando lo que podría ser la próxima encarnación de su persona y de la agrupación como tal. ¿Cuál será el destino de este encantador y camaleónico artista? ¿El próximo disco de Arctic Monkeys incluirá a Paul Anka o acaso Turner cambiará de dirección otra vez para descubrir nuevos e inesperados horizontes estilísticos?

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